Cuñado. Sabes a quién me refiero. Admítelo. Siempre hay uno en cada mesa durante las celebraciones. Sabes de quien estoy hablando. No hace falta más introducción para este ser que campa a sus anchas en las mesas durante esta época del año y cuyo uniforme en mi imaginación es un jersey de rombos con coderas. Puede ser uno de tus tíos que siempre te ha tomado el pelo por leer tebeos cuando ya te podías pagar la factura del móvil y el bonobús y se refiere a los cómics como libros de dibujicos o quizás es uno de tus primos que cree que las novelas, y especialmente las de Pérez Reverte, son lo único que vale la pena leer del panorama editorial actual. Los cuñados abundan, es un hecho que todos conocemos. Si te gusta leer cómic te advierto que te debes curtir y escuchar una larga lista de comentarios que cuestionaran tus gustos literarios, supuesta madurez y tu irresponsabilidad en lo que a la cartera y cuenta corriente se refiere durante toda tu existencia. Por no mencionar a los ofendidos que se quejan cada vez que aparece una mujer en una saga y les destroza su infancia. Me tenéis harta, madurad ya. Y una vez adentrados en el último mes del año (vamos a tirar de recuerdos y no pensar en las restricciones que nos ha tocado vivir este año, por favor) … lo siento, igual te toca sentarte junto a alguno de estos seres y escuchar sus argumentaciones según las cuales deberías centrarte y dejar todas esas tonterías que no son más que cosas de niños, sin olvidar las miraditas de desdén y golpecitos en el brazo.

(Una foto de tu cuñado de confianza cuando se lea cualquiera de los libros que le recomiendes después de leer este articulo)

En mi mente las cenas familiares navideñas (y las normales también, no voy a mentir) a gran escala son algo parecido a un circulo chungo del infierno de Dante. No es que espere que os tiren piedras (por ahora no contemplo la lapidación, claro) ni que padezca por vuestras almas pero todos sabemos que nos enfrentamos a muchas cosas durante esas jornadas maratonianas, tanto por la cantidad de comida como por las preguntas que son lanzadas cual dardo envenenado. Quizás te pasó como a mi (como es lógico) y al ser pequeño te sentaban en una mesa diferente y por tanto, relegado de las conversaciones de los mayores junto al séquito de primos, momento idóneo para realizar brebajes a partir de la mezcla de diferentes refrescos. Al ir subiendo de nivel, o cumpliendo años si lo prefieres llamar así, se nos incluye en la mesa de los adultos. Esto tiene sus ventajas, como por ejemplo puede ser que hay vino y las servilletas son mejores pero… como ya he mencionado igual te toca sentarte al lado de uno de estos seres de los que ya te he hablado y te pasas la cena asintiendo, sonriendo de manera forzada y pensando que se estaba mucho mejor cenando nuggets con el resto de primos. Que levante la mano aquel que no ha sido víctima de algún familiar en una cena de este tipo y ha tenido que aguantar comentarios como que sin greñas estarías más guapo, que ahora ya no se puede piropear a una chica por la calle o que lo de ser bisexual es una fase.

(Documento gráfico: Cada vez que tus padres te obligan a  ponerte al teléfono y saludar a tus tíos los de Ciudad Real)

¿Qué podemos hacer ante este tipo de situaciones? El cuñado común no escucha, le encanta regalarte los oídos con sus batallitas y tenlo claro, sus opiniones  siempre van a ser las correctas (ni machismo ni feminismo, igualdad o una especie de bingo que podéis utilizar en cualquier sobremesa) y las tuyas serán papanatas. No mentiré, no existe un elixir mágico que te proteja contra este tipo de verborrea vacía, ni unos auriculares inalámbricos que te aíslen porqué si te pilla con ellos puestos alguno de tus padres probablemente te lance una mirada asesina. Pero este año debido a las restricciones que nos toca seguir para poder salir de este gran bache que ha significado el 2020, tenemos un momento de respiro, algo así como una parada en boxes, un momento zen para la mayoría pero acordaos… siguen existiendo. Además, un par de conocidos me han dicho que sus respectivas familias se han organizado a partir de apps como Zoom para celebrar así las fiestas. Si a veces me da ansiedad pensar en hacer una llamada con el móvil para pedir una pizza imaginaos el caos y el jolgorio que una videollamada grupal puede causar en las mentes de los más jóvenes e influenciables. Otra bala que debemos conseguir esquivar.

(De verdad, ¿que clase de psicópata inventó las videollamadas?)

El caso es que mi propósito para estas fechas es crear la Guía (sí, con G mayúscula) de referencia para que lo podáis distribuir entre estos grupos conflictivos o ppp (pcuñados potencialmente parlanchines). Exacto, ¿qué mejor para evitar el conflicto que enviarle un link a algún familiar o conocido que es un poco señoro para que sea poseído por el espíritu navideño (y feminista ya que estamos) y se lea algo fuera de su zona de confort? Mi intención como nueva Buffy Cazacuñados es sugerir una serie de tebeos que podéis regalar, recomendar o con los que golpear a estos seres para que entren en razón. No hace falta que me deis las gracias, esta es una época en la que compartir es prioritario y mi responsabilidad moral me impedía dejarme esta lista en el tintero. Sentios libres de compartir esta publicación con otras amigas que se vean en la misma tesitura, os doy mi total consentimiento para que le mandéis este articulo (algo que a los cuñados les encanta, leer artículos y compartirlos en su muro de Facebook) e intentemos hacer de 2021 un año mejor y lleno de tebeos.

(Una foto mía después de escuchar por septuagésima vez que me deje de tonterías y lea cosas acorde con mi edad)

Vamos a ello.

1. Laura Dean me ha vuelto a dejar, de Mariko Tamaki.

Es de sobra conocido por todo el mundo que de esta cuenta bancamos a Tamaki. Tanto a nivel profesional como personal (es que sigo sin creerme que la entrevistaremos, lo podéis leer aquí), te queremos y nos gusta todo lo que haces así que era imposible no mencionar este tebeo en la lista. Desde siempre hemos estado bombardeados con historias sobre el amor romántico heterosexual canónico, un amor que, a partir de los clichés utilizados como elementos narrativos, a veces (por no decir siempre) llega a ser tóxico pero que después de los cuentos de hadas de cierta franquicia se suponía que era el único, lo romántico correcto, lo deseado y buscado. Al final la misma formula llega a aburrir, y no me malinterpretéis, como reina de lo cursi me encantan las historias de amor pero faltaba la representación de cierta parte de la población como es el caso del colectivo LGTBI+ como es el caso de esta historia donde Freddy entra en un circulo tóxico en el que su novia no para de darle largas y jugar con ella. Si os gustan las cosas bonitas, los colores pastel y la sororidad entre amigas este es vuestro cómic. Podéis leer mi primera reseña y bautismo en Hablemos de Cómics aquí y disfrutar de la vergüenza que me da releer ese texto.

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2.  Boy meets Maria, de PEYO.

¿Cuantas veces os han hecho la broma de leer al revés al veros con un tomo de un manga en la mano? Al final ya se me ponen los ojos en blanco cuando lo escucho, pero no voy a escribir una disertación sobre los prejuicios que existen sobre la lectura de mangas, no en esta ocasión. Si bien es cierto que intento que mis lecturas sean lo más diversas posible también lo es que mis mangas suelen ser historias más cursilonas, me gustan las cosas bonitas y tiernas y no me escondo. En este manga, ideal para los neófitos ya que se trata de un tomo único, nos sumergimos en uno de los peores momentos que como seres vivos experimentamos: el paso por la adolescencia. Si ser adolescente ya apesta (y no hablo de las hormonas o de una clase de tercero de ESO después de una clase de Educación Física), el paso por esta etapa puede ser un suplicio para aquellas personas que no sean cis. PEYO, un mangaka que nos dejó demasiado pronto, se adentra en esta historia en la que trata de visibilizar a las personas no binarias en un tomo que engancha y te obliga a leerlo en una tarde. Si os interesa, podéis leer más sobre este manga aquí.

3. Llámadme Nathan, de  Catherine Castro y  Quentin Zuttion.

De la misma manera que el amor romántico normativo cansa, los típicos coming of age masculinos abundan y acaparan el mercado, por suerte estamos experimentado la publicación de un montón de obras que alumbran sobre otros aspectos que no sea la cisheternonormatividad. Nathan detesta como está creciendo su cuerpo, odia ponerse la ropa que le compra su madre y siente que no encaja en los parámetros del mundo que es su vida. No es un caso aislado, esta obra retrata en su mejor medida y desde el respeto (la propia autora explicó que se inspiró en la transición de un amigo) la situación de centenares de jóvenes trans que atraviesan el temido momento de la adolescencia y que no se identifican con el genero que les asignaron al nacer. Esta novela gráfica (tebeo, cómic, como quieras llamarlo, hoy no es dia para ser un purista) se centra en el proceso de transición de su protagonista y  narra todas las zancadillas que tanto el sistema, la sociedad y su propia familia le ponen para llegar a ser quien realmente es en una serie de procesos interminables al que las personas cis no se enfrentan ni se llegan a plantear. Otras obras que podéis leer podría ser Género Queer de Maia Kobabe, Mi adolescencia trans de Josephine Iole Signorelli, Us de Sara Soler

4. Intensa, de Sole Otero.

Pese a que en un primer vistazo este tebeo parezca que tenga como núcleo central las marcianas (o marcianadas) y vida extraterrestre, os prometo que va más allá. Tengo la sensación de haber visto, leido, escuchado la misma historia cada vez que consumo algún producto audiovisual.  Chico conoce a chica, se conocen y enamoran prácticamente al mismo tiempo. Todo va perfecto, su vida está resuelta y el final es feliz y comen para desayunar perdiz. Ellos, grandes y fuertes, ellas, delicadas y sentimentales, forman un tándem perfecto de amor al que todos aspiramos. Pero… ¿y si hay algo más? ¿Como te voy a querer si no te conozco? ¿Y si eres un gilipollas? Si no me entiendo a mi misma, ¿como voy a querer a un desconocido? Intensa va de muchas cosas, de sexo y de relaciones y sentimientos que implican la humanidad, pero especialmente de lo complicado que es mantener el equilibrio emocional y llegar a quererse a una misma. Podéis leer tanto la reseña escrita por mi compi y amigo Pablo aquí como la entrevista que Sole nos concedió durante el #LeoAutorasOct aquí.

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5. Obscenidad, de Rokudenashiko.

Según la Real Academia Española aquello obsceno se define como todo algo impúdico, torpe u ofensivo al pudor. Mi cara al leer, casi de casualidad, una obra con tal titulo debió ser un poema. Su autora cuyo alias significa algo así como master of none fue detenida y encarcelada en el año 2014 acusada por obscenidad por parte de las autoridades locales en territorio japonés. Rokudenashiko es una pionera en lo que respecta al arte manko, pero todo este revuelo surgiría a partir de un crowfunding en el que el gol final era una impresora 3D con la que realizar un kayak con la forma de sus genitales, algo que sinceramente no me parece tan escandaloso pero claro, ¿que ocurre cuando solamente la mención a tus genitales provoca una mueca de desaprobación? Cabe decir que me resulta muy curioso, a su autora y a miles de personas que se involucraron en el caso también, que se relacione lo obsceno con una parte de la anatomía de las mujeres pero es que tenemos un ejemplo mucho más cercano y censurador como es la polémica de los pezones masculinos y femeninos en Instagram. No hace falta que diga cuales están vetados en esa plataforma, es sabido por todos. Como ya dije al escribir la reseña que podéis leer aquí, sigue siendo un manga muy divertido que servirá para abrir la mente a muchas personas y ampliar el espectro sobre que es lo correcto, que es obsceno y sobre el panorama del arte actual.

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6. Cuéntalo, de Emily Carroll y Laurie Halse Anderson.

Advertencia, esta lectura puede llegar a ser bastante dura pero considero que, y como he visto en alguna cuenta de centros educativos en Twitter, debería ser de lectura obligatoria en los institutos. Este tebeo es la adaptación de una novela anterior en un tándem perfecto entre las dos autoras que retrata la vida de una adolescente víctima de una agresión sexual. Melinda, así se llama la protagonista, guarda silencio y es la cabeza de turco del instituto local ya que el día que todo ocurrió llamó a la policía y un par de personas fueron arrestadas en la fiesta en la que estaba. Desde ese momento todo se desmoronó. Melinda se encierra en si misma y sus amigos la dejan de lado, sus padres se quejan por su actitud, sus notas bajan… A partir de un proyecto artístico consigue enfrentarse a los hechos de la noche en que la violaron. Una obra necesaria, de la que podéis leer la reseña que escribí aquí, para concienciar y dar voz a las personas que experimentan cualquier tipo de agresión.

7. Bezimena, de Nina Bunjevac.

Este es, sin duda, el cómic que más me impactó sobre todos los que leí el año pasado. A partir de su experiencia personal, también llamada autoficción, Bunjevac traza la historia de la truculenta mente de un depredador sexual al que convierte en el protagonista de su novela. Benny, así se llama el monstruo, desarrolla pronto una extraña obsesión por una de las chicas de su clase convirtiéndose en un sujeto introvertido y que a menudo está en las nubes, viviendo en ese universo paralelo de confort donde es el protagonista absoluto y todo le sale a pedir de boca. Al más puro estilo del cine de autores como David Lynch, nos sumergimos en una historia macabra donde prácticamente no existen los diálogos. De la misma manera que el protagonista es un voyeur o un acosador, nosotros formaremos parte del espectáculo al ir pasando pagina a pagina en un universo plagado de simbolismos como las serpientes o las aves, anticipando la mala suerte o la desgracia que acontecerá a esta pesadilla sin limites y de la que ya hablé aquí.

8. El beso número 8, de Colleen Af Venable y Ellen T. Crenshaw.

A nadie le sorprende que yo recomiende coming of age ya, it’s a rock fact. Este tebeo tiene a Amanda aka Mads como protagonista, una adolescente de el típico pueblo a las afueras sin demasiado movimiento que tiene una vida normal tirando a aburrida. Tras una carta que llega a su casa y el distanciamiento de su padre, Mads se verá sumergida en el caos y hará lo que cualquier adolescente haría; salir, beber, el rollo de siempre… que no es más que desfasar y darse besos con gente con la que después te arrepientes (si dices que no te ha pasado probablemente mientas). Las dos autoras se involucran en temas bastante actuales, pese a ser una obra de 2004, como la visibilidad del colectivo trans o bi en una historia de autodescubrimiento que pese a tener aura de tierna resulta bastante dura especialmente si tu vida está plagada de privilegios como es mi caso. Sé a ciencia cierta que algunos de los redactores de esta web tienen en muy alta estima este tebeo, podéis leer su reseña aquí.

9. ¿Me estás escuchando?, de Tillie Walden.

No me puedo creer que ya haya pasado medio año desde la última publicación de Walden, 2020 ha sido un año donde todo ha pasado muy rápido y muy lento a la vez. Es una sensación extraña, casi onírica como lo que siento al leer historias de esta autora donde sigue repitiendo esquemas a los que nos tiene acostumbrados como es la preponderancia de personajes femeninos, la sororidad que existe entre ellas y un viaje, que en este caso es tanto literal como metafórico en unas carreteras que casi parecen presas de un hechizo. Si da la casualidad de que vives debajo de una piedra y no te has topado con ninguna de sus obras esta es la tuya. O cualquiera de las anteriores. En este caso me resisto a dar más información sobre el tebeo, pero os dejo más pistas aquí por si queréis adentraros en un sueño de color malva con un gato perdido.

10. Tiempos precarios, de Flavia Biondi.

Ya os había dicho que era una sucker for love, y aquí presento todas las pruebas. Si hago memoria y pienso en autores italianos la verdad es que me vienen pocos nombres a la mente. Compré este cómic sin saber de qué iba en unas jornadas literarias, con mascarilla y después de que me tomasen la temperatura con un termómetro de los que parecen una pistola supersónica como ya os conté aquí. Mia y Manuel podrían ser mi alter ego en Italia, es muy fácil sentirse identificado cuando has estudiado algo que no sea una ingeniería y toda tu familia se siente con la obligación de recordarte que el arte o las humanidades no dan dinero. O cuando tienes menos de mil euros en tu cuenta bancaria.  Su desencanto, su dificultad para llegar a final de mes o poder vivir sin molestos compañeros de piso, o lo complicado que es quererse (quererse bien, no de manera mediocre o mal) después de estar años con la misma es algo con lo que todos empatizamos. Estoy harta de escuchar cuñadeces referidas a que tendría que estar contenta de tener un contrato. Aunque este sea temporal, aunque me exploten, aunque no sea de lo mío y llegue a casa molida después de estar ocho horas o más aguantando. De la misma manera que a mi me avisaron os lo digo, este cómic os va a dar un bofetón de realidad.

Hasta aquí llegan mis recomendaciones. Hermanas, difundid el mensaje y luchemos juntas contra esa horda de gente que dice que el tebeo no es arte o que leer mangas tiene edad. Mi recomendación es que compréis en librerías locales, de barrio y con libreros y libreras bien majos que estarán más que contentos de ayudaros en vuestra misión de regalar los mejores cómics a la gente que apreciáis. Bon Nadal y todas esas cursis que se suelen decir en esta época del año, ha sido un placer y nos vemos pronto.

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10 cómics para dejar de ser el cuñado esta Nochebuena

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