Atención querida lectora, lo que puede parecer un cuento spooky ideal para leer en estos días antes de Halloween es algo más así que lee y asegúrate de que no hay nadie observándote desde el pasillo oscuro de tu casa. No me puedo creer que ya estemos acabando el #LeoAutorasOct y por ende el mes, prácticamente escucho a Mariah Carey calentando la voz para lo que nos espera en esta recta final de un año al que no se que adjetivo poner (no debería utilizar palabras malsonantes, se supone que soy una persona seria). Como es habitual El fantasma de Anya escrito y dibujado por Vera Brosgol, obra ganadora de un Eisner en el 2012, llegó a mis manos en extrañas circunstancias, es decir, de la mano amiga de mi librera de confianza a la que ya puedo prácticamente tutear. El diseño de su portada me recordaba (muy vagamente) a una serie de libros que devoraba cuando era adolescente donde cierta niña llamada Emily con un flequillo muy recto (y que yo por mi remolino genético  jamás podré tener) y acompañada siempre de un gato muy negro era la protagonista en historias espeluznantes sin despeinarse.

Pero centrémonos en nuestra querida protagonista, Anya Borzakovskaya es la típica adolescente. Se enfada con su madre, se inventa cada domingo una excusa para no ir a la iglesia ortodoxa (de menuda me he librado, dios) y está tremendamente pillada por un tío que no le conviene y que además es el capitán del equipo de baloncesto (vaya). Lo cierto es que nuestra chica con un apellido casi impronunciable, y de la misma forma que la autora de esta obra Vera Brosgol, llegó a Estados Unidos siendo una niña pequeña y pese a que ha adoptado el american life style como estandarte, perdido su acento y renunciado a todo lo que la relacionase con su país de origen no lo tiene fácil en un instituto lleno de niños pijos (aquí podría hacer una broma sobre Élite, pero no la he visto). Anya se esfuerza muchísimo por encajar en el pequeño circulo que es la vida en la secundaria en un instituto privado de poca monta cosa que ni su madre ni su hermano entienden. En este sentido es evidente la reflexión que Brosgol pretende hacer sobre los problemas que muchos adolescentes se enfrentan día a día en muchos centros por su forma de vestir, hablar o ser: el bullying y la imposición de determinados cánones y roles.

Aunque sé que es estar cabreadísima con el mundo (y más aun con los padres boomers que hay por ahí) no me puedo imaginar el miedo que debe sentir Anya cuando, y tras dar un rodeo por el parque de camino a casa mientras divaga sobre lo miserable que se siente pierde pie y cae en una especie de pozo, un agujero en el suelo, en el que encuentra un esqueleto de alguien que murió en extrañas circunstancias y que nadie parece buscar. Si ya el hecho de caer en un lugar húmedo y oscuro (y lleno de bichos, puaj) asustaría a cualquiera imaginad el combo que sufre Anya cuando descubre que al esqueleto le sigue un fantasma de una chica de más o menos su misma edad llamada Emily. Su vida, tras meter accidentalmente un huesecillo de la fantasma entre sus cosas y conseguir salir del hoyo, dará un cambio drástico al convertirse esta en una aliada que la ayudará a mejorar en sus notas, en sus relaciones sociales y familiares… todo parece a pedir de boca aunque Anya es un poco reticente al principio, algo así como un sexto sentido que te avisa que no es oro todo lo que reluce.

En cuanto al dibujo es evidente el background de Vera Brosgol, quien ha trabajado en los storyboards para la productora cinematográfica Laika en pelis como Coraline (2009), Paranorman (2012), The Boxtrolls (2014) o Kubo y las dos cuerdas mágicas (2016). La autora estructura la paleta de colores alrededor de los grises y negros, utilizando este ultimo para enfatizar en momentos donde la acción asciende. Su estilo cartoon y de líneas simples encaja a la perfección en esta historia paranormal donde la composición de paneles es fluida y se lee con facilidad, Brosgol dedica un apartado en su página personal donde los más curiosos podemos leer sobre el proceso de creación de su primera obra, desde el guión al dibujo, pasando por errores y aciertos que podéis leer aquí. 

Como ya he dicho antes, la intención de Brosgol es crear algo más que una historia de fantasmas en el mundo adolescente, es una historia de crecimiento personal y sí, ya se que el tema no es nada novedoso pero si lo es con el tándem entre el sarcasmo, la reflexión y un apartado artístico maravilloso. ¿A quién se lo recomendaría? A todo el mundo que aprecie una protagonista sarcástica, real y fuerte (además, ¡cuenta con la aprobación de Neil Gaiman!) y que no tenga plan para el sábado por el toque de queda.

Un cartoné pequeño pero matón de 224 páginas por 15’95€ de la mano de Astronave.

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El fantasma de Anya

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