Que Álvaro Ortiz se haya sacado un cómic de la manga en apenas dos meses (creación, difusión, maquetación, imprenta y distribución) ya debería ser un logro pa’ Record Guinness, lo menos. Que encima el cómic haya resultado ser la ostia de divertido, ya lo eleva a la categoría de leyenda. El murciélago sale a por birras no es el cómic que nos merecíamos, pero sí el que necesitábamos para sobrellevar una cuarentena enganchados a twitter, al catálogo de Netflix y a los nabos a 49 bayas del Animal Crossing.

126 páginas escritas y dibujadas entre el 6 de abril y el 1 de mayo, con una cadencia de (más o menos) cuatro al día, que demuestran que querer es poder, y que, cuando el tiempo aprieta, somos capaz de sacar lo mejor de nosotros mismos. Al twitter del zaragozano Álvaro Ortiz llegaban los suficientes retweets, me gusta y comentarios partiéndose de la risa para que el sello ¡Caramba!, de la editorial Astiberri, le propusiese sacar el volumen, prácticamente tal cual lo había parido, en una edición en físico lanzada casi casi nada más abrir las librerías. Dicho, y hecho.

El murciélago sale a por birras nos cuenta la historia de Brus Wein, un justiciero que se disfraza de murciélago todas las noches para salvar la ciudad… pero que hoy necesita desesperadamente una birra. Su mayordomo, Alfredo, le da la peor noticia posible: ayer se terminó la última cerveza. Brus, incapaz de asumir que se encuentran en cuarentena y que tal vez no debería ir por la calle siendo ya noche cerrada en busca de una litrona aunque sea, hace lo que cualquier descerebrado haría: salir a por birras.

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Ni el chino de la esquina, ni el famoso bar de contrabando del puerto están abiertos, por lo que Brus reclamará la ayuda de su compañero de aventuras, el Rúben, para que le ayude a atracar una licorería. Cuando se encuentran ya con las manos en la masa, aparece para sorprenderles el Comisario Pérez, quien, mosqueado con el justiciero, mandará al desdichado Brus a casa. Este, sin embargo, se tomará como un ataque personal que no pueda conseguir una maldita birra en la ciudad y, cansado, visitará a sus principales amigos (y enemigos) en busca de un quinto, o de lo que surja.

La señal del cielo se enciende, y Brus acude rápidamente al ático de la comisaría de policía; resulta ser que hay un asesino suelto que deja los cadáveres para el arrastre, y claro, el Comisario Pérez sabe que eso es trabajo del murciélago (y así también se puede ir a sobar). Brus, cansado, ira recorriendo la ciudad de un largo para el otro en busca de tan ansiado refrigerio (el asesino se la suda, completamente). La noche no ha hecho más que empezar.

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Álvaro Órtiz ha conseguido no sólo hacer una historia divertidísima del hombre murciélago, sino que además se ha convertido (al menos, para mi) en todo un símbolo de este estado de alarma, de esta cuarentena en la que iba siguiendo, poco a poco, las aventuras del justiciero. La espera valía la pena, y igual ha valido la edición en papel.

No se corta ni un pelo en nada de lo que aparece en el cómic, y Brus se desnuda, fuma porros y se mete en fregaos amorosos (que tampoco vamos a destripar) que, de lo inverosímil, consigue sacarte una carcajada. Ha conseguido que uno de los mayores iconos del mundo del cómic se convierta no solo en una autoparodia de si mismo, sino también en un entrañable personaje (y un poco cabrón).

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Claro que se notan las prisas, pero es que en eso justamente reside la gracia del tebeo. Creo que uno de los aciertos del cómic es que, al ser publicado originalmente cada cuatro páginas, Álvaro se veía casi obligado a generar un cliffhanger, o algún elemento de gancho, para dejar al lector con la intriga hasta el día siguiente. Es algo que se nota al leer la historia al completo en el tomo; y hace que, aparte de ventilarse del tirón, se disfrute doblemente por el interés que genera en las aventuras del murciélago.

El murciélago sale a por birras, rústica con solapas, 128 PÁ-GI-NA-ZAS, de un genial Álvaro Ortíz, ¡Caramba!, de Astiberri, 10€… ¡y con posavasos de regalo!

 

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El murciélago sale a por birras

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