– por Claudia Antonelli –


Dicen que las vivencias, las conversaciones, los referentes, TODO, nos marca especialmente en la infancia y adolescencia. Que en esta etapa es cuando nos definimos en nuestros gustos y opiniones, aunque con el tiempo estas también vayan evolucionando. He de decir que estoy de acuerdo, pero con ciertos matices.

Hace poco, viendo un vídeo en YouTube del conocido canal Comic Freaks, su creador, BAMF, hablaba precisamente sobre esto. En líneas generales, estoy muy de acuerdo con él, y especialmente en la continua presencia de esas personas que defienden a capa y espada que los cómics de su juventud, sea del momento que sea, siempre son mejores que los actuales o sus predecesores, y esto se deduce que viene precisamente por esa formación de nuestra mente en las primeras etapas de la vida. Es comprensible que una persona siempre vea sus orígenes, sus primeros descubrimientos, como los más interesantes, impactantes y esenciales; pero esto no quiere decir que sean los mejores para una gran cantidad de personas, o que un cómic que haya salido hace un mes, no pueda ser de lo mejor en la historia.

Pero aquí es donde quiero matizar, y es que, a mi parecer, toda persona debe tener el suficiente criterio y evolución en la vida para saber hacer una crítica incluso a aquellas cosas que más le gustan. Y por crítica, no me refiero sólo de lo malo, sino también de lo bueno. Por ejemplo, yo de pequeña era una ferviente seguidora del manga, como One piece, Naruto, Dragon Ball, Full Metal Alchemist, etc. Sin duda, todas estas obras me han influido en mi forma de ser, en mis gustos literarios y comiqueros, en mis autores referentes, en mis crushes de adolescencia, en mis ideas políticas y filosóficas; vamos, que han sido parte de mi formación como ser humano pensante. Sin embargo, si ahora me vuelvo a releer esos mangas, con toda probabilidad los juzgaría de un modo distinto al de hace quince años.

¿Y por qué suelto todo este rollo? Pues porque esta semana me volví a leer uno de los cómics que más me han influido en mi vida, aunque probablemente la mayoría de los que estén leyendo esto jamás habrán oído hablar de el: ATALANTA.

Atalanta es un cómic europeo, o mejor dicho, una saga de cómics europea. Su creador, Didier Chrispeels, más conocido por el seudónimo de Crisse, es el creador de esta serie de cómic franco belga. Este autor ya tenía una larga trayectoria en el mundo del cómic tanto de guionista como de dibujante, antes de embarcarse en este proyecto mitológico. El primer número de Atalanta fue publicado en el año 2000, con el subtitulo de El pacto. En esta historia ambientada en la antigua Grecia de los mitos, nos encontramos con Atalanta, la protagonista. Hija repudiada y abandonada por su padre siendo un bebé, es encontrada por las criaturas del bosque sagrado de Pelión, donde conviven ninfas, faunos, centauros y demás criaturas. Ellos la crían como a una más, y las diosas Artemisia, Hécate y Afrodita la acogen bajo su protección. A partir de ciertos hechos que ocurrirán, terminará embarcándose con Jasón y los argonautas a la búsqueda del Vellocino de oro.

Como podéis deducir por esta ligera introducción, es un cómic plagado de aventuras, criaturas mitológicas, personajes y dioses de leyenda, lo que lo hace la mar de entretenido. Esto, aderezado con su protagonista, una mujer fuerte, independiente, que no acata órdenes de nadie, que no necesita que la salven, y que su objetivo en la vida es convertirse en amazona, la hace una delicia para los que nos gustan las aventuras. A mí me descubrieron esta historia cuando tenía poco más de 10 años, y me dejó total y completamente impactada. En esa época (y aún en la actual, pero por suerte cada vez abundan más), las protagonistas femeninas escaseaban, y más aún en el mundo del cómic. Esto no quiere decir que no hubiera algunas, pero que fueran heroínas, independientes, fuertes, guerreras… Se podían contar con los dedos de una mano. Por eso, y por mi fascinación por la mitología griega, que todo hay que decirlo, me impactó de una manera tan brutal la historia de Atalanta.

Inmediatamente, devoré los dos siguientes números, y pasó a formar parte de mis referentes vitales. Gráficamente, además, siempre me pareció un buen dibujo, muy característico de su autor, y con un color acompañante de Anyk perfecto. Fijaos si me tocó la patata, que gracias a Atalanta, y posteriormente a ‘Blacksad’, decidí que quería ser dibujante de cómics… ¡y hasta hoy me dura la tontería!

Ahora bien, van pasando los años. Hice alguna relectura más de la saga, puede que la última hace 7 u 8 años. Pero pasado el tiempo, dejo la infancia y la adolescencia atrás, y vuelvo a recuperar esos números siendo ya una adulta con todas las de la ley, haciendo hasta mi declaración de la renta y todo. Y me encuentro con que el cómic ha cambiado. O eso es lo que me parece a mí. Ya no tengo la sensación de abrirlo y que un coro celestial cante de fondo mientras una luz brillante sale de las páginas.

Con esto no quiero decir que el cómic ahora me parezca malo, o que no me guste. En absoluto, porque lo he vuelto a disfrutar, y considero que es una buena obra a nivel general. Ahora bien, por mucho cariño y aprecio que le tenga, debo tener el suficiente criterio para evaluarlo, incluso teniendo en cuenta el momento en el que se hizo, y es que las personas crecemos y cambiamos, y nuestros gustos también. Un ejemplo de estos puntos negativos que ahora le veo, sería la sexualización de todos los personajes femeninos, o el simplismo que a veces tiene el guion. Es cierto que esta evaluación la hago de los tres primeros números, ya que por desgracia, nunca llegaron a España los siguientes. Ahora por suerte, Yermo Ediciones ha comenzado a sacarlo en integrales.

En definitiva, todos tenemos nuestras series, películas, libros, cómics, grupos de música, etc, a los que guardamos ese cariño especial, y Atalanta fue uno de ellos para mí. A día de hoy, seguiría recomendándolo, por lo entretenido, por las innumerables referencias a la mitología, y por supuesto, por su protagonista. Y no sólo Atalanta, sino también el resto de sagas posteriores que Crisse hizo para las delicias de los lectores: ‘Luuna’, ‘Ishanti’ y ‘Cañari’, todas basadas en distintas mitologías, y todas con unas protagonistas femeninas con carácter e historia propia, aunque de nuevo, a España sólo nos llegó Luuna, la que se basa en la mitología de los nativos americanos, y de la que Norma Editorial sacó dos tomos integrales hace cosa de un año.

Crisse es, y siempre será, un autor referente para mí, y sus protagonistas una inspiración para la niña que era, pero esto no conlleva que no pueda ver sus fallos con mirada adulta, o que no pueda disfrutar aún más de otros muchísimos cómics.

¡Compártelo!
  • Autor de la entrada:
El tiempo pasa: la fantasía de Atalanta

Deja una respuesta