Cuando mi vida era normal  me pasaba una vez a la semana por la biblioteca del centro de la ciudad, esa que está cerca de la Fnac del centro, sí. Hace un par de décadas la función de este edificio era la de hospital pero ahora está reconvertido en biblioteca pública siendo uno de mis lugares favoritos de València y es que tiene un buen fondo de tebeos y mangas si lo comparamos con la tónica general, desde aquí mis mayores buenos deseos para esa bibliotecaria o bibliotecario que se encarga de proporcionarnos las tan ansiadas novedades en las baldas de la entrada. Supongo que no soy la única que está en stan-by (creo que a la mayoría nos está quedando grande esto y nos cuesta hasta leer y a veces casi hasta respirar) desde el 13 del pasado mes, ese día al salir de trabajar me pasé a devolver un par de cosas sin pensar que sería el último que pasearía por la ciudad en una buena temporada y en las estanterías cercanas a la puerta me esperaba En la vida real.

Jen Wang no es una desconocida para muchos de nosotros ya, yo ya había caído ante El príncipe y la modista (podéis leer la reseña aquí) y tenia curiosidad por conocer sus inicios junto al escritor Cory Doctorow, más conocido entre el circulo de los más jóvenes, con quien que formaría el tándem de esta historia.

Si soy sincera no creo que sea la persona con más experiencia en el mundo de los videojuegos, me siento un poco extraña hablando de algo que me resulta a veces tan alejado mi zona de confort. No sé  si es porqué mis padres fueron muy reticentes respecto a este tema pero solo recuerdo jugar a Barbie: crea y diseña tu moda y años más tarde a Los Sims, hasta que me regalaron una Nintendo ds  y adivinad a que me encantaba jugar: sí, al Tetris. Mi historial gamer solo se amplia con el último lanzamiento de Animal Crossing (no quiero hablar de mi hipoteca, digamos que debo un montón de bayas) y de los anuncios del League of Legends que últimamente me machacan cada vez que abro un video en Youtube.

Jugar, además de sus numerosos alicientes y atractivos,  tiene opciones, escenarios y consecuencias ilimitadas. Doctorow reflexiona en el prólogo de En la vida real sobre estas opciones y remarca que uno de los fines principales de esta novela es dar visibilidad al binomio, más o menos acertado depende del caso, entre la industria de los videojuegos y la economía, pero también de la importancia que esta tiene sobre el mercado, factores sociales e incluso a nivel político (¿habéis leído la noticia sobre el mercado negro de nabos de AC? lo podéis hacer aquí) casi que parece una forma de activismo cibernético donde actualmente la línea entre lo real y lo virtual cada vez es más difusa, aunque creo predomina la inocencia y el mensaje acaba pareciendo demasiado naíf cosa que puedo llegar a entender porqué está pensado para lectores un poco más jóvenes que los que escribimos en HdC.

Nuestra protagonista es una adolescente de Arizona llamada Amanda, quién después de una visita de una gamer se unirá a un grupo de juego online llamado TerrÁurea donde todos los miembros serán chicas. El avatar virtual de Amanda pronto aprende a escalar niveles y a granjearse un nombre en la pantalla a través de una serie de misiones que tienen siempre el mismo final: acabar con los granjeros, unos personajes que recolectan y buscan objetos de valor en el juego para después revenderlo (algo que aparentemente es bastante común en los juegos online, para mi una novedad). Echo un poco en falta saber más de ella ya que solo se nos presentan escenarios dentro del juego pero ayuda a entender cómo gestiona sus sentimientos al tratarse de una adolescente, pero… ¿Quién no se ha pasado los días metidos en su cuarto sin querer saber nada de nadie a esa edad?

(perfectamente podría ser una foto mía ahora mismo)

Amanda se dedica a acabar con estos personajes sin cruzar palabra con ellos, después recibe algún que otro ingreso en su cuenta de paypal, todo parece ir bien hasta que uno de estos granjeros le dirige la palabra. Descubrirá así que detrás de ese avatar se esconde un joven chino llamado Raymond, cuyo único sustento se deriva únicamente de la buena suerte y las horas jugadas en el mundo online donde recolectará objetos valiosos para cambiarlos por dinero real. TerrÁurea es un lugar donde Amanda desarrollará su autoestima y encontrará su voz, una especie de campo de prácticas para madurar en la vida real a través de golpe de click a través de entrar en contacto con alguien que romperá sus esquemas y le hará replantearse muchas cosas.

Pese a la inocencia que predomina en el tratamiento tanto del tema como en los personajes cabe destacar un par de aspectos que resultan interesantes en esta lectura. Uno de ellos sería el feminismo o el  empoderamiento y sororidad de las mujeres en determinados ámbitos laborales o sociales, como puede ser la industria del videojuego o los MMRPPG a través de la visita de una gamer australiana que está organizando una squad de jugadoras tras detectar que muchas mujeres escogen avatares masculinos para evitar el acoso de otros jugadores online y proporcionar así un espacio seguro.

El apartado artístico de la mano de Wang es fantástico. No solamente construye un nuevo mundo sino que consigue que parezca energético y nos evoque a otras realidades, lo que muestra una familiaridad con el tipo de mundos que los desarrolladores de juegos crean para este tipo de escenarios onlines. Los diseños de los personajes, tanto reales como virtuales, encajan a la perfeccion para mostrar la conexión pero también las diferencias entre estos mundos con esos colores tan brillantes a los que parece que tiene predilección.

Tanto si eres una gamer casual como yo como un diamante plus (o cualquiera de los niveles de los juegos online que a veces mencionan mis amigos), En la vida real es una lectura a añadir a tu pila de pendientes. Llego a comprender las intenciones del tándem Doctorow-Wang e incluso simpatizo con ellas pero me pregunto qué pasaría si se hubieran arriesgado un poco más aunque sigue siendo una novela que encasquetaría mis primos pequeños o alumnos en la secundaria.

 

178 páginas de color fantástico en una tapa blanda con solapa por 19’90€ de la mano de Sapristi.

 

 

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En la vida real

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