Corre el año 1990. Grant Morrison toma un whiskey solo en una terraza de la soleada California. Bajo las gafas de sol, con los ojos cerrados, sueña a imaginarse el mundo. Aunque no quiera admitirlo, se está quedando sin ideas para su Patrulla Condenada, y maldita sea, tiene que conseguir que el equipo de segundones no quede en el olvido. En ese momento, un enorme nubarrón le cubre por completo, y le abandona el calor del astro. Abre un ojo para ver a un tipo grande, semidesnudo, parado justo frente a él.

Con la voz más grave que jamás había escuchado, el hombre se presenta: se llama Flex Mentallo, y está persiguiendo a un antiguo compañero suyo conocido como ‘El Hecho’. Grant (a partir de ahora le tutearemos), quien no había oído nunca ese nombre, no puede más que encogerse de hombros. Flex, cansado de perseguir un fantasma, estira uno de los músculos de su antebrazo para abrir un portal a otra dimensión. Grant no quiere seguirle, pero no tiene más remedio.

Flex Mentallo

Por el camino se encuentra de casualidad con Frank Quitely, también escocés. Le conoce de haber dibujado algún número del Juez Dredd, pero poco más. Sabe que tiene talento, y que podría llegar a ser un gran dibujante en el futuro. Le pide que le acompañe; nunca se sabe cuándo vas a necesitar tener un buen narrador a mano.

Ambos se adentran hasta la desconocida ciudad en la que se encuentran, y practicamente tropiezan con Wallage Sage, un drogadicto abandonado en medio de la calle que habla por teléfono de superhéroes y de vidas pasadas. En el suelo, esparcidas por la calle, encuentran páginas de cómics a medio terminar donde Flex es el protagonista. Con un gesto, Sage les indica que el personaje se ha marchado por ahí, por lo que sortean como pueden los espacios entre viñetas y terminan en el interior de la trama.

Flex Mentallo

Al parecer, ‘El Hecho’ está poniendo bombas por toda la dimensión, alterando sustancialmente la realidad, y la misión de Mentallo es perseguirle. No lo va a tener fácil, ya que es muy escurridizo, y le lleva dando tumbos de un lado a otro, pero Flex no está hecho para rendirse. Página a página, nuestros dos protagonistas van siguiendo al superhéroe hasta que, sin querer, una bomba estalla en mitad de la página.

Flex Mentallo

Morrison despierta de nuevo en la terraza de California con el whiskey en la mano. Se incorpora de un salto, y anota a Flex Mentallo como puede en una servilleta sucia. Sabe que tiene que darle forma a lo que acaba de vivir, pero también sabe que necesitará tiempo. Primero, de momento, lo incorporará a la Patrulla, e irá dándole forma. Lo utiliza, de vez en cuanto, para que el público lo conozca. Pero la Patrulla Condenada terminó en 1992, y Morrison todavía no había contado la historia de Mentallo.

Flex Mentallo

Corre el año 1995. Grant Morrison toma un whiskey solo en una terraza en la noche de California. Bajo las gafas de sol, con los ojos cerrados, sueña a imaginarse el mundo. Hasta que, cuando alguien carraspea, abre lentamente los párpados. Y allí, observándole, se encuentra Frank Quitely.

“Tenemos que hablar”

 

 

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Flex Mentallo

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