En la última (y primera) colaboración hablé sobre la responsabilidad de la ficción; y en ese último párrafo mencioné la importancia (infravalorada) del contexto. Y como cada vez que se habla de la responsabilidad, los mismos Señores™ de siempre alzan la voz entonando el canto de la libertad contra la censura, decidí escribir esta: “La dictadura de lo políticamente correcto y otras censuras”. El objetivo de este texto es reconducir el lenguaje porque éste, a la vez que peligroso, es delicado, y las palabras cuando se usan demasiado, se devalúan.

Antes de entrar en materia, unas nociones (básicas) sobre la libertad de expresión: un artista tiene el derecho de crear lo que le venga en gana, eso es una noción indiscutible; sin embargo, el resto del mundo también tiene el derecho a opinar sobre dicha obra, a criticarla (tanto positiva como negativamente), a no verla o a no promocionarla… Y ninguna de esas cuestiones y sinónimos o paralelos es censura; por mucho que los mismos ciegos de siempre se empeñen en llamarlo así.

Quizá el tema más importante a la hora de hablar de responsabilidad en el arte es el contexto. Cada vez que alguien lo menciona los mismos Vigilantes de siempre te agarran por los hombros y te zarandean escupiéndote en la cara “Ahora ya no se puede hablar de esto”. Y no es así. Como ya dije, no hay temas prohibidos ni tabúes, hay contextos. Y por contexto me refiero a todo aquello que integra y rodea la obra. Por contexto se entiende generalmente como la biografía y el pensamiento del autor o autora; así como de la época en la que se crea la obra. Pero contexto también es el tono de la obra; contexto también es la gramática y el léxico del lenguaje artístico utilizado; y contexto es la manera en que todos los elementos interactúan entre sí.  Por ejemplo, no es lo mismo tratar una escena con humor que con dramatismo, con sobriedad que con espectacularidad. No es lo mismo que un personaje realice determinada acción a que lo haga otro. Hay miles de detalles que conforman la obra y todos ellos son importantes.

Ser responsable es ser consciente.

Nada más.

Ser responsable es ser consciente de lo que lees/ves (y de lo que creas, si eres autor). Ser responsable es ser crítico. Ver el contexto y los detalles en perspectiva. Y ser crítico, no está reñido con que te guste o que lo disfrutes, por mucho que griten los mismos gallos de siempre. De hecho, no ver los fallos de algo que te guste, es una visión bastante triste y simplista de la vida. Bastante infantil.

Y para ver la importancia del contexto, vamos a hablar de la adaptación al cine de V de Vendetta de David Lloyd y Alan Moore. En el caso del cómic, el guión es gris y se construye con un millar de matices, mientras que el dibujo original muestra un mundo en blanco y negro, y la película una puesta en escena espectacular y claroscurista. La construcción de los personajes de Moore está llena de matices y ambigüedad; los miembros del gobierno son fascistas, pero humanos; Eve es una niña perdida…pero el caso más claro es el del protagonista: V. En el cómic es un terrorista anarquista que mata a cualquiera que se ponga en su camino y que busca no tener sentimientos, ser una máquina contra el fascismo; en la película es el héroe del pueblo y el interés amoroso/moral/dramático de Eve; pero en la obra original las muertes no son espectaculares, no son gratuitas y, desde luego, no son simples. A lo largo de la obra, hay una ambigüedad moral y, al final, se concluye que la violencia no es el camino. El propio Alan Moore ha reconocido que, al escoger la figura histórica de Guy Fawkes como inspiración, quería jugar con cómo la historia y los cambios de contexto puede hacer de un terrorista, un héroe.

Toda esa ambigüedad en la película no está. El guión se simplifica a niveles infantiles, donde los malos siempre son malos porque son fascistas, Eve es una activista de izquierdas que trabaja en una cadena de televisión, V es el héroe que viene a cambiar el mundo y ninguna de sus acciones entran en cuestionamiento moral; y el contexto sociopolítico no es tanto el anarquismo (además del lavado corporativo que sufre esta ideología para verse como El Caos) contra fascismo, sino más bien una suave crítica a Estados Unidos (a pesar de estar localizada en Reino Unido). Ese cambio de contexto es importante, pues significa una simplificación de una cuestión moral y política extremadamente compleja, para crear una película de entretenimiento en términos infantiles. Pasa de ser un producto subversivo a una película de acción más.

dictadura de lo políticamente correcto V de Vendeta explosión

dictadura de lo políticamente correcto V de vendetta

Otro ejemplo quizá más claro es la polémica que se generó en Libro 1 de Batman: Condenado, de Brian Azzarello y Lee Bermejo, cuando la editorial obligó al dibujante a oscurecer el pene de Bruce Wayne hasta hacerlo desaparecer. El contexto es importante porque si se tratase de la cabecera principal de Batman, consumida también en potencia por niños (y como sé que esto puede chocar; una muestra: mi primer cómic de Batman fue el primer número del Coleccionable de Batman de Planeta DeAgostini (2005-2006), el famoso Año Uno de Frank Miller y David Mazzuchelli, que yo leí con ocho años), sería una indicación más o menos apropiada; sin embargo, se trataba de un cómic para Black Label, una línea de cómics para lectores adultos. En uno se trata sin dudas de censura; en el otro, el terreno es más pantanoso y yo tengo serias dudas de que lo sea. Porque uno es una cuestión moral, en la otra económica. –Podríamos entrar en la doble vara de medir que existe en la moral global que es más permisiva con la violencia y la muerte que con el sexo y la desnudez, pero mejor otro día porque es un tema largo y denso–. La cabecera de Batman está calificada con +13 y eso implica un mayor público en potencia que +18, y, por tanto, más ventas.

dictadura de lo políticamente correcto Condenado

Y hoy en día la censura existe, pero es silenciosa.

No hay gente con un bolígrafo rojo como en En el invierno del dibujante de Paco Roca. Es mucho más sutil, menos sonora y visible. El caso más importante ocurre cuando los mismos sordos de siempre usan con libertinaje el término “corrección política”, mientras guardan temporalmente la bandera de la libertad. No a un nivel de opinión popular, que es lo más ruidoso, pero sí a un nivel creador y corporativo.

El uso de esta etiqueta (y sinónimos) es extremadamente peligroso por dos motivos principalmente. En primer lugar, (quizá es algo demasiado obvio y por ello no nos paramos a pensarlo, o quizá es el miedo) todos estos movimientos son revolucionarios, luchan contra el sistema heteropatriarcal que se ha consolidado a lo largo de la historia. Buscan un mundo mejor, más justo. Son la rebelión. Y la aplicación de esa etiqueta no solo consigue neutralizar ese fuego transformador, sino que lo roba y lo suplanta, convirtiéndolo en su bandera: pasan de ser la revolución a ser el sistema y ser irreverente es mantener los mismos valores que los últimos siglos.

Basta con ver qué era irreverente en los años 70 y 80 y ver qué es irreverente hoy en día. El Víbora, Grant Morrison, Almodóvar, etc. Hoy lo es el Joker (no me refiero solo a la película), Garth Ennis, Donald Trump,… Nadie califica a Obscenidad (y por extensión toda la obra de la propia artista) o Huyamos por la izquierda: Las crónicas del León Melquíades como obras irreverentes por ser feministas o tener personajes LGTBI; ni a sus autores les llama “transgresores” por incluir esos temas. Es más fácil que se oiga “políticamente correcto”, “moda” o “agenda”. Otras muchas veces se les quita hierro a esos temas. En general, se les quita el contexto.

dictadura de lo políticamente correcto Obscenidad

dictadura de lo políticamente correcto Leon Melquiades

En el primero, un manga donde la autora cuenta cómo en el 2014 sufrió la detención, encarcelamiento y juicio posterior por realizar moldes 3D de su vulva y venderlos como fundas de móvil, una canoa, muñecos, etc. (No saltéis tan ofendidos ante la paja ajena porque algo parecido ha pasado en España. Hace menos tiempo, sin cárcel, pero con denuncias imputadas por “ofensa al sentimiento religioso” y un proceso judicial de tres años). En el segundo, revisitamos la caza de brujas de McArthur con la persecución política al León Melquíades, un dramaturgo gay de éxito, y sus amigos. En ambos casos se trata de censura.¡Qué gratuita e inesperada casualidad que las reivindicaciones históricamente más censuradas y acalladas a lo largo de la historia sean aquellas que, ahora, se intentan ocultar y silenciar!

Por otro lado, y a pesar de su defensa a ultranza del arte, esa postura es profundamente antiartística. La innovación es el motor del arte y la creatividad cuando se estanca, muere. Cuando Gail Simone denunció, allá en 1999, la excesiva violencia que sufrían las mujeres en los cómics, especialmente de superhéroes, con la página Women in refrigerators (http://www.lby3.com/wir/index.html) no estaba diciendo que no sea un recurso que no se pueda utilizar; estaba diciendo que es un recurso fácil, manido y que, por lo general, demuestra un pensamiento misógino (voluntario o involuntario) por parte del autor; que si te gusta ese recursos tienes una larga lista de obras a las que acudir; estaba diciendo que ya basta de justificar conductas tóxicas en la ficción.

Estaba diciendo que es hora de cambiar la dictadura de lo políticamente correcto.

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La dictadura de lo políticamente correcto y otras censuras

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