Hace años que siento especial debilidad por el realismo mágico. El género literario, que adquirió un boom latinoamericano en las décadas de los 60 y 70, consiste básicamente en la aceptación de hechos extraordinarios (magia, fantasmas, premoniciones) como ordinarios. Sin embargo, ocurre un hecho muy curioso: es muy difícil de extrapolar a otros medios artísticos. Así, aunque el cine lo ha intentando con películas como Big Fish, Eternal Sunshine of the Spotless Mind, o Amelie, dista mucho de acercarse al concepto original. Con el mundo del cómic ocurre algo parecido; Barrio lejano, del mangaka Jirō Taniguchi, proponía un planteamiento cercano, pero igualmente innecesario. Y entonces descubrí Los hijos del crepúsculo. Y entonces perdí toda la esperanza.

Los hijos del crepúsculo arranca cuando un astro, parecido a la luna, termina varado en la playa del un pequeño pueblo latinoamericano. A pesar de los esfuerzos por sacarla de allí, nadie es capaz de moverla ni un centímetro.. hasta que al día siguiente desaparece por completo. Poco a poco empezarán a ocurrir fenómenos extraños por todo el pueblo, y sus habitantes tendrán que cooperar para lograr resolver el enigma.

Los hijos del crepúsculo

El dibujo llega de la mano del conocido Darwyn Cooke, famoso por la impresionante La nueva frontera, o por haber colaborado en la Catwoman de Brubaker, o el Batman: Ego. Llega pues a este nuevo proyecto de Vertigo conociendo la editorial, en plena forma, y para nada decepciona. Cumple, y con creces, con su estilo tan personal y sencillo.

Me envuelve cierta sensación de tristeza hablar del dibujo de Cooke. El canadiense, que empezó dibujando storyboards para las series de animación de Batman y Superman, terminaba perdiendo la lucha contra una grave enfermedad hace poco más de un par de años. Hoy en día, es imposible ver un cómic suyo, y no reconocerlo. Creo que tienen razón cuando dicen que ahí está la base de la inmortalidad; en lo que creas, en lo que dejas atrás para que cualquiera pueda disfrutarlo.

Los hijos del crepúsculo

El problema del cómic, sin embargo, está en el guion. Hernández no es capaz de hilar una buena historia, y los elementos se vuelven muy confusos con la lectura. Ni con una segunda pasada quedan claros muchos de los entramados que utiliza, y aunque se entiende que el cambio de registro (no voy a adelantar nada de la trama), ni se justifica, ni se comprende. Una pequeña decepción.

Y es una lástima porque sí se ve la intención. Los personajes son tridimensionales, tienen sus dudas, sus problemas, sus virtudes y sus debilidades, lo que los hace muy interesantes. Además (aparte de por lo comentado anteriormente) invita a la relectura para cuadrar ESE elemento que no nos revelan hasta casi el final de la historia, y que la cambia por completo.

Los hijos del crepúsculo

Los hijos del crepúsculo pertenece a esa nueva (y, lamentablemente, última) oleada de creaciones de Vertigo más centradas en pequeñas colecciones, en esta ocasión de tan solo cuatro grapas, con una historia autocontenida que les de margen para jugar. Aunque de aquí han salido cómics muy buenos, como The Kitchen, las grandes series de la editorial han terminado siendo las que tenían cierta continuidad y periodicidad mensual con sus lectores.

¿Pequeña decepción? Puede ser. Pero, como siempre que ocurre esto, invito a quien haya llegado hasta aquí a leer Los hijos del crepúsculo. Quizás, lo que para mi son fallos insalvables, tú los disfrutes como nadie. Nunca se sabe cuál puede ser tu próximo gran cómic. Dale una oportunidad, y lee todo lo que puedas: nunca se sabe con que te puedes encontrar.

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