¿Me estás escuchando? es la última novela gráfica que nos llega de las mágicas manos de Tillie Walden (como siempre escrita y dibujada  por ella misma), una autora que ya nos es más que familiar a las integrantes de esta web y probablemente una de las voces más interesantes de nuestra generación a la que solo deseamos cosas buenas. ¿Es algo que estaba esperando con ansia? Pues también.

¿Me estás escuchando? es un viaje por las carreteras tejanas del oeste (el roadtrip que menos nos esperábamos y que al parecer necesitamos) donde la magia y lo soñado tienen un hueco protagonizado, como ya nos tiene acostumbradas, por un par de personajes LGTBI+. Dos mujeres jóvenes, Bea y Lou, que se encuentran por casualidad en una tienda cutre de gasolinera una buscando un baño decente en el que secarse mientras que la otra parece que no tiene nada mejor que hacer. Por una parte Lou es una mecánica estupenda que decide después de perder a una de las personas más importantes de su vida; su madre, emprender un viaje en su destartalado  coche que cuenta con una pequeña roulotte hasta llegar a casa de una tía abuela a la que no visita desde que era una adolescente. Bea, más joven y caótica, parece que huye de algo o de alguien, pero en principio desconocemos el motivo de este comportamiento aunque eso no significa que no sintiera una opresión en el pecho al ver como se desenvolvía la trama su personaje.

Lo que menos esperaría la lectora (pero quizás la portada nos da una pista) es que estas dos mujeres, y cuya amistad forjándose es uno de los ejes principales de la trama (probablemente de mis cosas favoritas), encontraran a una gata perdida (con la dirección medio borrosa en el collar) y decidan desviar su cuanto menos estricta ruta para acercarla a su casa y así evitar que sus dueños se preocupen, pese a que se trata de una ciudad que no les suena, probablemente debe ser muy pequeña ya que ni aparece en el mapa que tienen en la guantera del coche o eso imaginan. A medida que van avanzando por las carreteras del oeste la gata parece cada vez menos un minino corriente además… hay una serie de señores misteriosos (es curioso ver el uso de los personajes masculinos en esta historia cuando Walden los suele relegar a un par de apariciones o directamente no aparecen) a los que no podemos verles la cara que las persiguen y preguntan por la gata, obligándoles a pisar el acelerador tanto metafórica como literalmente. Esta amistad que en principio parece endeble va asentándose y somos testigos del momento en que Bea explicará el motivo de su huida y su comportamiento, pero no voy a desvelar nada por aquí.

No voy a hablar otra vez sobre la vertiginosa carrera y éxito (más que merecido) de la autora, podéis leer las dos reseñas que ya escribí sobre Piruetas o En un rayo de sol pero simplemente me gustaría remarcar lo impactante  y cautivador que me sigue pareciendo el dibujo de Walden, que encandila y abstrae a partes casi iguales, manteniéndonos a la espera y desvelando lo justo y necesario en esas páginas donde puede que no haya dialogo ni sea necesario. Su línea es a veces más nerviosa, otras más suelta, en los paneles parece que se desmorone todo en los márgenes, incluso que se derritan o se volatilicen en están paginas donde a pesar que a primera vista predominen los tonos oscuros siento especial predilección por esos malvas y colores anaranjados que consiguen derretir al corazón más frio (como es el mío). Es cierto que las emociones de los personajes y los detalles parecen ir al unísono, aparecen y desaparecen de acuerdo con lo que van experimentando con los volantazos tanto reales como metafóricos que les esperan estas carreteras que parecen no tener fin.

Pasa lo mismo con la construcción de sus personajes, en esta novela casi que se podría decir que son escasos al tratarse de dos mujeres jóvenes y una minina perdida y un poco psíquica. Walden no construye un mundo mágico, fantasioso y lleno de opciones realistas, no creo que sea su estilo ni su intención por lo que hemos visto dada su trayectoria. Prefiere dotar a su historia de un carácter más onírico, creo que más de una tendrá la sensación al pasar las páginas de estar en un sueño donde todo parece más grande, más brillante, más oscuro y a veces incluso nos dará más miedo. El realismo mágico es algo complicado. Si no se desarrolla bien puede quedar como un pegote, algo que es casi grotesco y que en conclusión no se entienda, pero no es el caso de ¿Me estás escuchando?, que parece cruzar este cuerda floja sin pértiga con éxito, haciéndonos mantener la respiración en cada giro.

No me escondo, esta es otra de las lecturas que he hecho del tirón y sin prácticamente moverme de la cama. La atmósfera que oscila entre esta cabezada mística y misteriosa, no saber qué estaba pasando o cuál era el motivo de la huida de Bea solo hacia que mi atención se centrase y desapareciera todo, hasta los gritos de los vecinos ruidosos. En las historias de Walden más que los lugares lo que prima es la psicología y desarrollo de los personajes, algo con lo que llego a conectar junto con los temas que escoge y muy probablemente sea por tratarse de que nuestras edades son similares (o eso me digo a mi misma). En definitiva, no me extraña que todo el mundo que conozca y haya leído alguna de sus obras esperara esta con ansia y contaran los días para poder acercarse a sus librerías de confianza. Pese a esto, no me quiero encasillar y  extiendo mi recomendación a todas aquellas personas neófitas en el mundo de Walden. Creedme, confiad en mí, aunque sea solo por una vez.

324 páginas de un color por el que vendería mi alma por 29’95€, como siempre de Ediciones La Cúpula.

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¿Me estás escuchando?

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