¿Qué es el gusto? ¿Qué es la calidad cuando hablamos de arte? ¿Qué es una obra maestra y por qué no las necesitamos?

Para cerrar mi “trilogía” de colaboraciones con Hablemos de cómics, quería reflexionar sobre estos tres conceptos que tantas preguntas y debates han generado. No tengo ejemplos concretos de cómics para mostrar los conceptos, pero sí los usaré para ilustrar mis reflexiones.

El primero es un concepto de reciente aparición, pero polisémico. A la hora de hablar de arte, la definición actual y más conocida es “placer o deleite que se experimenta por algún motivo”, como una analogía del sentido del gusto propiamente dicho. El gusto surge, como categoría estética, en los siglos XVIII y XIX. Si bien, algunos autores se habían acercado con anterioridad, pero no fue hasta la época decimonónica, con el auge de la Academias, que esto se llevó a la práctica como contrapunto rebelde y tuvo como resultado el denominado “mal del siglo”. Ya en el siglo XX, el cubismo, movimiento que se caracterizaba por intentar plasmar las distintas perspectivas de una realidad, y el resto de vanguardias históricas terminaron de dinamitar cualquier canon. El gusto, por tanto, está ligado a la subjetividad.

Para la segunda pregunta no tengo respuesta y, si la hubiese, seguramente habría alguien que intentase destrozar esa respuesta. Una fórmula que suele indicar que una obra es excelente es que el resultado es mayor que la suma de sus partes. Es algo intangible y, por tanto, personal y subjetivo. El valor de una obra de arte se consigue gracias la comparación con el canon. La cuestión es que no buscamos lo mismo, no nos atrae lo mismo, no nos interesa lo mismo, no pensamos igual, no definimos igual el arte, no hemos leído lo mismo ni hemos tenido la misma trayectoria como lectores. Cada persona tiene una relación única con los tebeos – y el arte – y, por tanto, los cánones son personales e intransferibles.

Por otro lado, todo arte es un lenguaje y, como sabemos, se puede hablar mal. Ahora bien, generalmente cualquier artista sabe las nociones básicas de su arte, igual que cualquier persona sabe hablar. Son tan básicas que es difícil que una obra de arte no las cumpla inintencionadamente. Cualquier cómic que saques de una tienda o de internet, tiene una narrativa medianamente sólida, unos dibujos proporcionados y de anatomías más o menos naturales, etc. El caso de Rob Liefeld es ejemplar: su “estilo” puede calificarse fácilmente de malo, pero hasta cierto punto tiene su sentido – salvo lo de los pies, eso no tiene justificación –: es hijo de su tiempo y del barroquismo antinatural que caracterizó a los 90 y que tuvo (y sigue teniendo) muchos seguidores.

They got paid for this! — Avengers v2 #1 art by Rob Liefeld & Chap ...

Y, por último, la locución “obra maestra” viene de la jerga gremial. En los ya desaparecidos gremios, de carácter exclusivamente artesanal, para que un aprendiz se pudiese convertir en maestro tenía que presentar ante el gremio una obra y que estos la aprobasen. Una obra maestra, una obra para convertirse en maestro. Como es habitual, el lenguaje evoluciona y ya no queda nada más que la superficie, el significante con otro significado. Hoy en día, es la mayor obra de un artista o, la acepción que más desvirtúa la locución, una obra excelente. Por poner un ejemplo esclarecedor: según la primera acepción, la obra maestra de Alan Moore sería Watchmen; en cambio, con la segunda también se incluyen From hell, La liga de los hombres extraordinarios, V de Vendetta, su recorrido en La cosa del pantano o Lost girls.

Entonces, ¿por qué digo que no las necesitamos?

Pues, como todo, por varias razones.

La primera y quizá más importante, para detener la competición en el arte. A poco que hayáis buceado por internet, habréis visto listas, tops, críticas y un sinfín de debates para encontrar El Cómic™ definitivo, al mejor guionista o dibujante. Necesitamos cambiar esto pronto. Aquellos que hayáis leído Mr Milagro de Tom King y Mitch Gerards, quizá recordaréis que en el número 10 se expone la historia de un maestro pintor y su aprendiz que realizan un concurso de pintura. Esta es la leyenda de Zeuxis y Parrasio, donde se valoraba la habilidad para imitar la naturaleza a través de un concurso. Llevamos compitiendo desde entonces, creo que es hora de parar.

Ahora paraos a pensar en qué cómics (ampliable al resto de las artes) se valoran más actualmente. Los más inteligentes. Los watchmenes, los mauses, los jodorowskyes, los urasawas, etc.  Todos destacan por su madurez creativa, un carácter intelectual y una voz autoral. Esto es la consecuencia de un proceso que se ha venido gestando desde unas décadas antes del Renacimiento, por el cual se valora, al igual que en la música y las matemáticas, la inteligencia individual – para evitar pagar impuestos y poder subir de clase social.

Porque esto, al fin y al cabo, es una cuestión de lucha de clases. La Alta Cultura vs La Baja Cultura… Otra vez. Sí, parece que todavía hay gente que se resiste a salirse de ese antiguo paradigma. Curiosamente suelen estar cortados por el mismo patrón: hombres blancos cisheteros, de clase media acomodada (cuando no, alta directamente) y dedicados en exclusiva, de una manera u otra, al arte que les gusta – Nunca, jamás, dicen lo que se atreven a afirmar de sus artes en otras artes. Siempre hay excepciones, claro; pero son las menos.

Todos tenemos contextos distintos. La clase social solo es uno de ellos. Todas las experiencias vitales condicionan; el lugar y la fecha de nacimiento también, así como las películas, las series, los cómics y los libros que leemos durante nuestra infancia y, sobre todo, nuestra adolescencia. Nuestras mentes son únicas y nuestra relación con los cómics, con el cine, con el arte es única. Por eso se suele hablar de consensos y actualmente tenemos (impuesto; hay que preguntarse por quién) el concepto de arte del que hemos hablado unos párrafos más arriba.

Y ahora os pregunto: ¿qué sería mejor, que se valore solo lo inteligente porque es un constructo social que hemos aceptado a lo largo de varios siglos o que se valore todo en función de lo que pretende ser (y no de lo que nosotros queramos que sea) y nos dejamos de elitismos de mierda?

Arturo Gónzalez-Campos tiene la respuesta, aplicada al cine.

Y sí, tener ideas preconcebidas de qué es bueno y qué es malo son expectativas personales que los guionistas, editores y dibujantes no tienen en cuenta, especialmente si no pretende ser aquello que le pides. Y al decir que un cómic es “objetivamente malo” estás despreciando el trabajo de mucha gente en base a tus gustos y expectativas. No se puede juzgar de la misma manera a la ya mencionada Mr Milagro, una obra ambiciosa que busca dejar una marca emocional e intelectual tanto en el espectador como en la historia, que al número de este mes de cualquiera de las series de Spiderman, que simplemente busca entretener (y vender). El mismo sentido tiene comparar los apartados gráficos europeos con los japoneses o los estadounidenses: tienen objetivos distintos y planteamientos distintos. Los álbumes europeos están más cerca del mercado editorial literario mientras que Japón y Estados Unidos a una industria muy peculiar, más cercana a la de los periódicos y las revistas.

Lo dicho, la comparación y la competición tiene que parar. No tiene sentido colocar una experiencia por encima de otra cuando las dos son iguales. Por suerte, en el mundillo del cómic sí es cierto que no tenemos un ambiente tan tóxico como otros.

Otra cuestión es que no sabemos qué va a pasar a la Historia. Hay un dicho bastante común entre los historiadores: “No se puede hacer la Historia desde el presente”. Hay que esperar que pasen los años. ¿Por qué? Volviendo a los contextos, el paso de los años elimina a muchos de ellos y hace más fácil el destacar algunas obras. Es cierto que hay algunas que obras que son más proclives a sobrevivir el paso de los tiempos, por su universalidad o por su carácter único; sin embargo, todo es susceptible de pasar a la historia, a veces por motivos triviales. Y seguramente muchas obras que fuesen proclives a pasar a la historia no lo hayan hecho por alguna razón desconocida, a veces trivial.

De todas formas, ¿por qué tiene que interesarnos los cómics en función de si van a pasar a la historia o no? O peor aún, ¿tenemos que dejar de disfrutar de muchos tebeos por eso mismo? Eso es: a) una soberana estupidez porque no se puede predecir el futuro a ciencia cierta; y b) una pérdida de tiempo porque, si de verdad se pudiese predecir el futuro ¿para qué leer en el momento de su salida un tebeo que sabes que va a perdurar? Te estarías perdiendo muchas viñetas, muchos dibujantes, muchas guionistas, muchos personajes. Hay obras que te pueden divertir, entretener y emocionar tanto o más que una obra maestra, pero que se olvidarán ¿por qué despreciarlas?

Y la última razón por la que no necesitamos obras maestras es una cuestión hedónica, casi de sentido común. ¿Por qué tendríamos que dejar de disfrutar de muchos cómics simplemente porque no son “obras maestras” o directamente “malos”? Incluso Dark Nights: Metal tenía a un excelente Greg Capullo a los lápices. Siempre, incluso en la noche más oscura, se puede aprovechar algo, se puede encontrar algo de luz.

Para concluir, disfrutad de todos los cómics que podáis y en vuestras propias condiciones. Leed y no dejéis de leer. Y pensad en lo que leéis, que esa reflexión hace mil veces más valiosa a la obra; que estas respuestas son mis respuestas a mis preguntas, jamás las vuestras.

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¡No necesitamos obras maestras!

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