Es superior a mi. Lo intento, de verdad. No sé que es pasar un mono por dejar de consumir nicotina (por decir alguna substancia legal), pero estoy segura casi al cien por cien de que esto debe ser algo parecido. Os prometo que intento ser fuerte y evitar a toda costa leer las novedades que va a publicar La Cúpula pero es que siempre termino con los ojitos brillantes añadiendo un cómic más a mi lista de deseos en Whakoom, lista que me persigue en mi visita mensual a mi librera de confianza y que es la pesadilla de mi escaso espacio en mi piso actual para seguir añadiendo libros a unas estanterías que están a punto de decir basta ¿Es La Cúpula, y su inteligente equipo que vigila mis búsquedas de nuevas lecturas y conoce al dedillo mis más secretos gustos, la causante de mi falta de liquidez a consecuencia de sus cómics que son el paradigma de lo cuqui? Lo dejaré a vuestra elección.

Aún recuerdo el anuncio de la publicación de Pepino Héroe de leyenda: El Reino de la Rosquilla en la península, era uno de esos días en los que todo apestaba (estoy casi segura de que mi tren llevaría media hora parado en la vía o alguna cosa así) y de repente un rayito de sol, una cosa así muy celestial que nos puede pasar a las personas que llevamos gafas solamente, iluminó un tweet y leí lo que nos esperaba en un par de imágenes llenas de colorinchis y de las que ya podía imaginar el buen rollo y diversión que me esperaban.

Para los que viváis debajo de una piedra os contaré que Pepino Héroe de leyenda es un fantástico y divertido cómic que surgió en forma de webcomic allá por el año 2011 a manos de la autora californiana Gigi D. G. , la cual ha dibujado y guionizado cerca de mil páginas después de participar en diferentes campañas de crowdfunding que finalmente serían recopiladas en cuatro (¿he dicho ya fantásticos y coloridos?) tomos por la editorial First Comics.

Que este comic llevaba escrito mi nombre completo y acabaría en mi tote bag no le sorprende a nadie que haga un repaso por las publicaciones y reseñas por las que suelo decantarme, pero es que además al tratarse de una reinterpretación de los RPG (role -playing-game o juegos de rol) y de las situaciones y escenarios comunes que se le derivan desde el humor, la sátira y un poco el cachondeo era imposible decirle que no.

¿Qué ocurre cuando una villana (y además reina) llamada Cordelia planea despertar al Señor de las Pesadillas y sembrar el pánico y destrucción en este mundo? Básicamente que el reino de Onirolandia necesita a un salvador, una especie de mesías, un clásico héroe como los de las leyendas que restablezca el equilibrio. Por suerte -o por desgracia-, el reino tendrá que contar con la ayuda de Pepino, un niño conejo (¿o un conejo niño? No tengo muy claro el orden) que está pletórico después de haber sido aceptado en la Academia Puffington para jóvenes con dotes mágicas y/o con grandes cantidades de dinero (el nepotismo llega hasta los colegios de magia, vergonzoso) y que se da con un canto en los dientes (de conejo) al recibir una carta urgente del consejero real, su padre, solicitando sus servicios como héroe. Me puedo imaginar después de haber estado años esperando la llegada de la carta de admisión a cierta escuela de magia y hechicería como debe sentirse nuestro protagonista, Pepino parece vivir en un eterno 2020 con unos padres que no le escuchan (y son un poco boomers)  y una misión que le viene grande.

Como ya he dicho, la reina Cordelia y su sequito de malvados seguidores (una especie equipo del mal meets los Fruitis) han tomado el control del Reino de la Rosquilla (de donde es oriundo nuestro querido conejo) y tienen la intención de conseguir un conjunto de siete (vaya, esto me recuerdo a algo…) piedras mágicas para poder despertar al Mal (sí, con mayúscula) y así dominar el mundo que conocemos. Lo que nadie parece notar es que a Pepino la misión de héroe y salvar al mundo le apetece menos que a mi madrugar en día festivo mientras que su hermana menor, Almendra, se muere de la emoción por la posibilidad de convertirse en un autentico caballero andante. Esto confirma mi teoría de que las hermanas menores siempre tenemos razón y somos mejores.

Si como yo te dejas llevar por esta corriente de lo dulce y tierno déjame hablarte además del estilo cartoon y kawaii que utiliza Gigi D. G. para dar vida a esta historia donde es más que evidente la influencia de elementos de la cultura pop como son los videojuegos y el manga. La autora utiliza una paleta de colores muy vivos que varían depende de la carga dramática pero sin utilizar una línea negra que marque los contornos, algo que se puede entender dado el origen digital de la historia y de su estilo personal, pero que se adapta a las mil maravillas al pasar al formato físico. Todos los personajes vestirán colores que hagan referencia a sus nombres como el caso de Almendra, que va vestida en una amplia gama de colores parduzcos o tostados. La edición de La Cúpula, además, cuenta con un par de extras con preguntas de los lectores para esclarecer dudas, un par de fichas sobre los personajes, historias añadidas y un montón de material extra referente al diseño de personajes.

Pepino y Almendra no tardaron en ganarse un pedacito en mi corazón en esta disparata aventura contra las fuerzas del mal en esta conjunción entre un arte muy bonito, gags que se van encadenando a la perfección y unos personajes a los que vas conociendo y cogiendo cariño. Agradezco que la historia se aleje de los arcos tradicionales relacionados con lo heroico y tire más hacia la broma, los chascarrillos y desmitificar determinadas actitudes toxicas como la misoginia, los estereotipos de género… Me da igual si tienes diez, treinta o setenta años, Pepino y Almendra te esperan en el siguiente tomo (apto también para diabéticos tipo 1 y 2) para combatir la maldad que asola su reino y descubrir más magia, personajes carismáticos y situaciones desternillantes.

198 páginas de tierno color en una rústica con solapas bien mona, como siempre de la mano de mis amigos La Cúpula por 17’90€

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Pepino Héroe de Leyenda: El Reino de la Rosquilla

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