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SLAM DUNK – EL PODER DEL BALONCESTO

“Creo que alguien debería explicarles a los niños que es normal cometer errores. Así es como aprendemos. Incluso nosotros cuando competimos, cometemos errores”.

(Kareem Abdul-Jabbar)

 

Cometer errores y aprender de ellos es sin duda, una de las enseñanzas que más dejan huella en nosotros, que nos puede brindar la vida, quizá de esas que no se aprenden en la escuela, pero que todos hemos podido experimentar en primera persona, estoy plenamente seguro de ello. Y también estoy seguro, que todos hemos aprendido algo errando. De eso se trata en esta vida.  De aprender. De equivocarse, y de levantarse.

Aventurándome en el género Spokon, palabra de origen nipona, uniendo los vocablos Sport y Kondo, que en japonés significa espíritu, vendría a ser en nuestro idioma algo así como espíritu deportivo.  Antes de llegar a la obra que voy a reseñar, había podido tener el placer de disfrutar de algún manga deportivo, tenía pues en mente, más o menos lo que me iba a encontrar, pero esto superó totalmente mis expectativas, convirtiéndose por pleno derecho no sólo en mi obra favorita del género deportivo, si no, rivalizando con los pesos pesados del género Shonen.

¿Y qué es el espíritu deportivo? Pensaréis, ya que es una definición un poco ambigua, ¿no? aplicado a la cultura japonesa y me atrevería a decir que no tan japonesa, no es otra cosa que la rivalidad y el honor en la competición. El valor de la amistad, el trabajo en equipo, y los límites de la superación. Todo eso combinado en un cóctel de estudiantes, en plena edad del pavo, dónde las emociones y conflictos están a flor de piel. ¿Y si os dijera, que además de todo esto, Takehiko Inoue le mete una capa de realismo pocas veces visto en un manga de este estilo? Yo fui el primer sorprendido. Me enamoré de Slam Dunk al instante.

¿Tienes listo tu equipaje? ¿Zapatillas, muñequeras y cinta para el pelo? Vale, perfecto. ¿Escuchas eso, el clamor de la gente? Sé que puedes sentirlo.

¡Que empiece el espectáculo del baloncesto! Let’s get ready to rumble!

Empecemos por el principio de todo. ¿Qué es Slam Dunk? Pues es uno de los estandartes del manga japonés por excelencia, una obra atemporal, inspiradora y cautivadora a partes iguales, siendo el propio baloncesto un deporte que a los nipones no les apasionaba demasiado, consiguió ganarse el corazón de numerosos lectores a lo largo del país del sol naciente. Inspirando a toda una generación, tal y como lo hicieron Captain Tsubasa, o Hajime no Ippo en su día. A día de hoy, sigue apareciendo en las listas de los mangas más vendidos del país. Sólo superado por obras como One Piece, Naruto, Dragon Ball, Jojo’s Bizarre Adventure o Detective Conan. ¡Todo un hito!

Slam Dunk 02

SLAM DUNK (スラム ダン,) escrito e ilustrado por el mangaka Takehiko Inoue fue publicado en la revista de manga semanal, Weekly Shonen Jump entre los años 1990-1996, sus capítulos fueron recopilados en 31 volúmenes tankobon, por Shueshia, y más tarde, en 24 tomos formato kanzenban, los cuáles tiene un servidor. También, debido a su popularidad, tuvo adaptación al anime, por medio de Toei Animation, la cuál no adapta toda la obra original, tan sólo ciertos arcos, y cuentan también con cuatro OVAS, más una película a estrenarse en verano de 2022. ¡Qué ganas!

A día de hoy, ha vendido más de 120 millones de copias en Japón, lo que la convierte en uno de los mangas más exitosos de toda la historia.

Pero… ¿qué es lo que hace tan especial a Slam Dunk? La respuesta se podría resumir en un nombre, Takehiko Inoue. Sus obras, tales como la propia Slam Dunk, Vagabond, o Real, se ponen al servicio de una gran claridad a nivel de detalles y trazos, realismo puro plasmado en dibujo, que sabe captar como nadie las proporciones del cuerpo. Esté dibujando un Ronin (Samurái sin señor) o un Ás del basket, el resultado es excepcional.

Inoue San, es de esos mangakas que emplean todo su corazón, experiencia y vivencias, para crear una obra inolvidable. Un artista completo, amante y referente en el mundo del arte. Confesó en una entrevista, que sus vivencias de juventud le inspiraron para crear Slam Dunk, pues él formó parte de un club de baloncesto.

Como dato interesante, en España es un viejo conocido, siendo el autor de Pepita: Tras los Pasos de Antonio Gaudí, e invitado de honor al Salón del Manga de Barcelona.

Cuando comencé a leer Slam Dunk, no estaba del todo seguro con qué me iba a encontrar. Más allá, evidentemente, de conocer que todo giraría en torno al basket, y en cierto modo, mi opinión en aquel momento era correcta, pero no del todo acertada

Sí, evidentemente, Slam Dunk trata sobre baloncesto, pero lo fascinante de esta historia, es que el deporte de cancha, aquí se convierte en el motor precursor de algo mucho más grande, en el pretexto para contar una emotiva historia acerca de un grupo de chavales de instituto con problemas (muchos problemas) propios, que buscan por todos los medios, encontrar su lugar en el mundo, y lo más importante, encontrarse a ellos mismos.  Es una historia preciosa, llena de matices y momentos que fácilmente dibujan una sonrisa en el rostro, o te hacen derramar una lágrima. O dos.

Sin duda, la clave de todo está en uno de esos chavales, Hanamichi Sakuragi, recordad bien este nombre, pues una vez aparezca en escena, no querréis perderlo de vista. ¡Cómo para perder de vista un chavalín de casi metro noventa con un tupé rojo!

A grandes rasgos, Sakuragi es un malote. Sí, un pandillero japonés típico de los años 80. Es de esos chicos que estudian más bien poco, y que tienen un imán para atraer todos los problemas habidos y por haber. Lo reconoceréis enseguida, pues además de su explosiva personalidad, destaca su tupé rojo al más puro estilo James Dean.

Hanamichi ostenta, nada más y nada menos, el récord de haber sido rechazado por más de 50 chicas. ¡Todo un logro! Objeto de burlas y mofas por parte de su pandilla de amigos, las palabras de su último rechazo resuenan en él con dureza demoledora: “Estoy enamorada de un jugador del equipo de baloncesto” desarrollando así un extremo odio hacia ese deporte. Ni se lo mentéis. Se enfadará mucho.

Hasta que, por cosas de la vida, del destino, conoce a Haruko Akagi en la escuela de preparatoria Shohoku. Dulce, y con una personalidad arrolladora, pronto Hanamichi quedaría prendado de ella, pero lo más importante de esto, es que Haruko no es sólo un interés romántico como tal, su función en esta historia es muy importante, quizá es el evento detonante de todo. Será la precursora de que Hanamichi entre en órbita con el baloncesto, pues ella ama con locura ese deporte.

Única y exclusivamente, nuestro pelirrojo malote favorito se apuntará al club de basket del Shohoku en busca de impresionarla. Todo un reto. ¿Lo conseguirá?

Slam Dunk es una obra un tanto especial. Parte del género Spokon, como mencionamos al principio de esta reseña, pero se desentiende totalmente de seguir los mismos pasos que muchos del mismo género a los primeros compases.  Aquí no hay una motivación tal y como puede llegar a ser el sueño de un chiquillo de jugar al fútbol en Brasil, o de ser el mejor jugador del país y representar a su país. No hay grandes sueños inalcanzables. No hay jugadas o técnicas especiales, aquí hay ‘realismo’, en el sentido más puro de la palabra. Asistiréis al fragor de estar metido de lleno en un partido de baloncesto, observaréis la frustración, y admiración a partes iguales cuando eres superado por tu contrincante, y el estallido de euforia cuando consigues encestar una canasta y pones a toda tu gente en pie.

Pero, en mi más humilde opinión, lo que hace grande a Slam Dunk son las relaciones entre sus personajes, los cuáles quedan perfectamente reflejados en la obra, movidos como hilo conductor por el deporte de cancha. No se trata solo de jugar al baloncesto, se trata de buscar dónde encajar. De encontrar una motivación en la vida. Verlos relacionarse, siendo polos totalmente opuestos, es fascinante. Una vez los tienes delante, con todo el plantel de protagonistas presentado, ni en broma puedes pensar que estas cabezas huecas pueden formar equipo, pero el resultado sorprenderá.

Hanamichi el pelirrojo, es un bueno en nada, busca pleitos profesionales. Un tipo que, si me lo permiten, no tiene ni idea de cómo tirar a canasta, por no saber no sabe ni dar un pase correctamente ¡no hablemos ya de botar la pelota! Es fascinante cómo el lector, aprenderá las reglas del basket junto a Hanamichi, en un acto realmente inteligente por parte de Takehiko Inoue, sabiendo que el baloncesto es un deporte complejo, muy estratégico y que, por lógica, muchos de sus lectores no tendrán ni idea de cómo jugarlo.

Te presentará al talento innato y más puro, por medio del guaperas Kaede Rukawa, un chico no demasiado social, al que Hanamichi considerará su “rival” desde el minuto 1.

A la entrega, sabiduría y temple del capitán del equipo, Takenori Akagi. Al aspecto más divertido, creativo y rebelde, por medio de mi ojito derecho, Ryota Miyagi y al más desgarrador y pasional por medio de Michi…ay MichiHisashi ‘Michi’ Mitsui, su arco narrativo evoca en mí, más de una lagrima al escribir estas líneas.  Os enamoraréis perdidamente de él.

 Y muchos más personajes que tienen historias por descubrir, como los ALLSTAR Sendou o Maki, principales rivales del Shohoku. Y por supuesto, qué sería de nuestros 5 jovencitos sin su manager Ayako y el amable entrenador Anzai. Todos y cada uno de ellos, aportarán su granito de arena a esta fantástica historia.

En un ejercicio de contar una historia realista, veremos la evolución de nuestro pelirrojo. No os quiero desvelar nada, pero el viaje que compartiréis con el autodenominado “Genio del Basketball” estará lleno de risas por doquier, momentos de absoluta euforia e impotencia. Y ver a Hanamichi, a pesar de sus numerosos problemas, de no ser bueno en nada, un cero a la izquierda, evolucionar con el lector y encontrar su propia pasión, es una de las experiencias más bonitas que he podido sentir en un manga.  Una historia preciosa que siempre guardaré en mi corazón, con uno de mis finales favoritos de cualquier obra que haya leído.

Slam Dunk, editada por Norma Comics, 24 tomos completos en su edición kanzenban a un precio recomendado de 12 €.

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