No busques más, lo he encontrado. Podéis coronarme como la mejor buscadora de tebeos cuquis, la paladina de lo bonito, la princesa de las novelas gráficas que te dejan el corazón calentito y es que creo que tengo entre mis manos el que probablemente se convierta en mi tebeo favorito de este año. Quizás pueda parecer un poco precipitado pero cuando estás curtida en este tipo de historias que pretenden marcarte a fuego eso que tenemos escondido en el pecho y dejarte blandita durante días desarrollas un sexto sentido y créeme, Carta blanca lo consigue con creces.

Como todas las cosas buenas en la vida, este tebeo llegó de casualidad a mi radar. Lo confieso, a excepción de las alertas que me van saltando en Whakoom soy animal de costumbres y casi nunca compruebo las newsletters ni los avances que van sacando las editoriales nacionales. Sí, soy un desastre, un caos y un poco despistada, pero como todas las protagonistas fantásticas cuento con un maravilloso escudero, Pablo, que me va chivando todo lo que cree que puede llevar mi sello de aprobación. Pese a que ejerce su noble cometido con presteza a veces resulta portador de un arma de doble filo, atentando por un lado contra mi pila de lecturas pendientes (escasa en estos momentos) y mi cuenta bancaria, que es apuñalada con ahínco por mi tarjeta de crédito cada vez que me paso a ver a mis libreros favoritos.

En este caso, y nada más darle un ojo a la portada  en la que una pareja al estilo del corto de Pixar de los paraguas (os lo dejo por aquí) caminan bien juntos mientras cruzan un puente que resultará un elemento clave en la trama sabía que la partida estaba perdida. Quiero advertir al lector tierno, como es habitual y mi caso particular, que este tebeo es un bálsamo sanador para todos aquellos que somos románticos y que creemos en algo más allá que el amor bonito, pero más importante aún creo que también es una tirita (las que llevo en el bolso son de gatitos) que podemos poner sobre el recuerdo, o cicatriz si me permitís ser dramática, de una de estas historias que vivimos y que por causas del destino, de la distancia o del momento… no pudo ser. Y no niegues con la cabeza, todos tenemos un Y sí… que nos va a perseguir durante toda la vida, estás pensando en esa persona ahora mismo como me pasa a mi así que permitidme que disfrute viendo como el bien triunfa.

Carta blanca es el primer tebeo que firma en solitario mi muy querido Jordi Lafebre, conocido tanto en el panorama del tebeo nacional como en el mundillo franco-belga, aquí es donde orquesta una historia de amor contada al contrario de lo que estamos acostumbrados, es decir, empieza su obra con el desenlace. Como ya he dicho, nuestros protagonistas, un librero con un doctorado casi acabado y una alcaldesa de una ciudad llena de gaviotas, nos acercan su crónica de amor desde el capitulo número veinte. Es decir, vamos a ser espectadores de como se desgrana su historia a través de los casi cuarenta años en los que se teje su relación que pese a ser muy bonita, y como todo va a tener sus altos y sus bajos pero durante los cuales contacto tanto por carta como por llamadas telefónicas en la que el limite será caer dormido siendo una constante permanente en la vida del otro a veces más nítida y otras más suave.

Zeno recorrerá medio mundo a lomos de un barco convertido en una especie de marino mercante que pretende demostrar sus hipótesis científicas mientras que Ana echará raíces en su ciudad, tomará las riendas del ayuntamiento con una fuerza y entusiasmo que a ratos me llegaba a recordar a mi alcaldesa favorita (Leslie Knope, por favor) y formará una familia. Definir su relación con una sola palabra sería complicado, es evidente el componente romántico y la forma en la que los dos parecen encajar, pero también lo es la paciencia, el mimo y el tiempo que invierten en lo que se va gestando como una relación platónica ya que cada uno tiene una vida separada pero que inevitablemente parecen unidos por este hilo rojo del que todos hemos oído hablar sin ser victima de los clichés románticos o tópicos.

Gran parte de la gracia al ir leyendo y viajando en el tiempo hacia atrás, es observar como los encuentros entre Ana y Zeno en persona son escasos pese a que orbitan y están en constante contacto. Su historia estará llena de llamadas telefónicas a altas horas intempestivas, cartas que a veces llegan sin remitente para no causar ningún tipo de molestia y vinilos de música clásica de fondo pero en definitiva esto da la posibilidad para que el autor cree una conversación desde diferentes partes del mundo, trenzando las dos vidas y situaciones geográficas de ambos protagonistas así como de la gente que les rodea mostrando que pese a lo que puedan sentir tienen otras partes de su vida que les reclaman.  Lafebre continua con su estilo habitual a la hora de dibujar, con unos trazos que consiguen captar a la perfección el movimiento dotando de mayor realismo a sus personajes y a mi parecer, captando y cuidando con muchísimo mimo las expresiones faciales de la pareja protagonista en una paleta que navega suavemente por los tonos pasteles y calentitos. No me escondo, creo que yo también me habría enamorado perdidamente de Zeno si me lo hubiese cruzado en la facultad con ese aire de canallita.

Puede que a muchos la premisa de Carta blanca, una historia de amor a través del tiempo, no os llame la atención, pero el giro de saberlo todo desde el principio es una perspectiva diferente, es algo así como tener un botón que nos permitiera rebobinar si me permitís el ejemplo, y que te hace leer el tebeo con una sonrisita en la boca que dura horas. En definitiva, Ana y Zeno son las dos caras de una misma moneda que tienen la buena puntería de coincidir en el tiempo aunque sus caminos los alejen y acerquen por capricho hasta bien entrada su vida adulta. He sentido esta lectura desde todos los recovecos de mi corazón, y también he llorado más de lo que me gustaría admitir mientras pasaba sus páginas… como dije en el primer párrafo, se convierte de cabeza en una de esas lecturas que voy a atesorar durante años. Hacedme caso, vale la pena leer cosas bonitas.

Carta blanca, un cartón de 152 páginas a todo color por 25€ escrito y dibujado por el fantástico Jordi Lafebre. Publica la gente bonita de Norma Editorial.

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Carta blanca

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