Tengo debilidad por muchas cosas pero creo que aun no había hablado de mi obsesión por los cómics (e historias) autobiográficos, así que entenderéis que no me pude resistir al ver Cecil y Jordan en Nueva York esperándome en mi librería de confianza.

Esta recopilación, escrita y dibujada por Grabielle Bell, se compone por historias cortas sobre como nos afecta la angustia siendo adolescentes ( también bajo la órbita de jóvenes-adultos, vaya otro comig-of-age que me leo) y las dificultades (o la mierda que es en muchas ocasiones) que implica crecer pero dando un giro sobre este tipo de experiencias que acaban siendo en algo muy parecido a lo que sería una fábula del siglo XXI. A partir de once historias que aparentemente no están conectadas nos introduce en capítulos donde los protagonistas son una serie de inadaptados en la secundaria de pueblos rurales o  jóvenes que se acaban de mudar a una gran ciudad y tienen problemas para llegar a final de mes, personajes que podríamos ser perfectamente uno de nosotros.

Cecil y Jordan en Nueva York viñetas

Y es que la primera historia de Cecil y Jordan en Nueva York empieza con una pareja mudándose a la gran ciudad por excelencia: Nueva York. Allí descubren que sus planes (perfectos sobre el papel) no están saliendo bien ni como se esperaban y que los colegas en los que confiaban por si acaso no tienen el tiempo (ni las ganas) para echar una mano. Cecil es la novia de Jordan, pero no tienen nada que ver, parece que sea un mueble más en la vida de este mientras le acompañaba en la desastrosa experiencia que implica la carrera  hacia éxito en la industria cinematográfica como director novel en cines de dudosa reputación. Mientras deambula por la calle después de un turno largo en un trabajo de mierda decide convertirse en una silla y abrazar la vida que esto implica. Cecil vivirá su nueva vida como mueble (de un color rojo precioso) cuando haya gente a su alrededor y retomará su cuerpo original cuando esté sola. El hecho de que se transforme en silla no es algo casual; es una vía de escape frente a una realidad que resulta hastiante y agotadora, pero también implica el deseo de ser necesitada (tal y como leemos en el último panel ‘nunca me he sentido tan útil’), un ejemplo más de la toxicidad en una relación de pareja que hace aguas. Bell capta a la perfección lo que es sentirse solo rodeado de personas sin perder esta vis cómica que nos deja esperando más, algo así como una patada que va seguida de una caricia y siendo sincera no estoy muy segura de si es algo que me gusta por el sabor amargo (o triste) que se te queda pegado al paladar después de cada capitulo.

Cecil y Jordan en Nueva York

Un par de las historietas tienen lugar en un pueblo pequeño donde la protagonista vive con sus padres en una casa sin electricidad. Si bien he repetido que el tono de Bell tiende a la comedia aquí vemos su lado más mordaz a costa de los hippies que trataron de vivir fuera del sistema y se dieron con un canto en los dientes tanto física como socialmente. La protagonista odia el estilo de vida escogido por sus padres y sueña con algo diferente. El deseo de escapar, algo que parece que predomina en la obra de Bell, es sutil y la forma de escape de la niña será convertirse en la no rarita, incluso si eso significa darle la espalda a su (único) amigo o a su personalidad real, mostrando que a veces las relaciones se disuelven de una manera abrupta e incluso cruel.

Cecil y Jordan en Nueva York diálogo

Cada historia de Cecil y Jordan en Nueva York es divertida y se podría leer de forma independiente pero aún así conforman una buena colección/recopilación de cuentos sobre la vida cotidiana de la gente más loser, entre la que me incluyo, con un toque de realismo mágico. Bell, voy a estar pendiente de tu próxima publicación.

Cecil y Jordan en Nueva York: 160 páginas en blanco y negro (a excepción de la primera historia), rústica con solapas por 15’50e. Como siempre, a manos de Ediciones la Cúpula.

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