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Cómics cuquis para San Valentín vol. 2

Pido perdón de antemano. Este artículo estará lleno de clichés, purpurina y cierta redactora suspirando por lo bajini.

(La cara que pones cuando nadie te regala uno de los tebeos cuquis que menciono en el articulo que estás a punto de leer)

Parece mentira que haya pasado ya un año desde que toqué techo en mi carrera de escritora novata. Sí, estoy hablando del artículo que escribí el año pasado, donde os desvelaba uno de mis más oscuros secretos y que forma parte de mi ser: la partícula cuqui. La molécula primigenia de todo espécimen cursi, la piedra angular de aquellos que lloramos viendo pelis románticas y los anuncios de vuelve a casa por Navidad. El secreto peor guardado del universo, exacto. Una vez más al iniciar el mes más corto del año (que largo se hace el maldito mes de enero)  me veo con la obligación de sacar las armas que mejor domino: el arco y las flechas. Espera, espera, espera. Cualquier persona que me conozca y goce del privilegio de haberme visto tropezar con cualquier obstáculo en la vía pública sabrá que estoy mintiendo. No, mis armas, queridos corazones, son los tebeos bonicos. (Imaginad que aquí suena un violín de manera dramática, por favor)


(Imaginadme así repartiendo tebeos y amor siendo la prescriptora más chula de la península) 

 Pese a que vivimos en una nueva normalidad (venga esa tercera dosis de la vacuna) hay algunas cosas que no cambian. Nada más terminar la noche de Reyes las tiendas se afanaron en ofrecernos el cambio de escaparate que todos esperábamos. Las estanterías se han llenado de corazones, osos polares (¡¿me podéis explicar el motivo de esta elección?! Los osos polares, pese a que me parecen preciosos, son unos depredadores majestuosos y no veo la relación con lo romántico a no ser que sea algo así como una declaración de intenciones del palo podría matarte pero escojo… darte besitos…) y decenas de cosas que en principio no necesito pero que una voz en mi interior me dice que compre, que compre, a poder ser cosas que no volveré a usar jamás. De las tartas en forma de corazón este año mejor no hablo. Tengo el presentimiento de que ofendí a alguien de ese famoso supermercado con mis coñas y este año no pude ni comer roscón la noche de Reyes, pero eso es harina de otro costal. Has hecho click en el enlace, caíste en mi trampa y has entrado aquí buscando algo y es que mis listas (y mi turra) deberían ser materias obligatorias para la selectividad. Sacad las libretas, vamos a empezar la segunda clase magistral sobre lo cuqui.

  1. Carta blanca, de Jordi Lafebre.

Andarse con chiquitas es una tontería, aquí lo tenéis, lo mejor, lo más bonito, lo más romántico, lo que más os hará llorar. Tiro la casa por la ventana con mi primera recomendación, muchachos. Este es sin duda, el tebeo más bonito que me leí durante el año 2021, y no, no fueron pocos. Como es habitual en mis descubrimientos, se trata de una historia de amor entre dos personas que no encuentran el momento adecuado (bien de drama como me gusta, en otras palabras). Un librero con pinta de robarme el corazón (e ir al Viñarock) a la primera de cambio y una alcaldesa que me recuerda en muchas páginas a Leslie Knope son los protagonistas de una historia que nos debe sonar ya a la mayoría y cuya gracia radica en que empieza por su final, así que somos testigos de cómo se desgrana la trama durante casi cuarenta años. Además de un dibujo excepcional como nos tiene habituados Jordi Lafebre, se trata de una lectura que calentará al más frío de los corazones. Empezando desde el final, algo que tiene su gracia, vemos las idas y venidas de un par de iaios que se reencuentran, pero también de los jóvenes que fueron y de los puntos de encuentro y llamadas que duran horas desde una cabina o un despacho del ayuntamiento. Invoco a todos los fans de Before Sunrise, metedlo en vuestra wish list a la de ya, tenéis mi reseña llena de azúcar aquí.

  1. Just Friends, de Ana Oncina. 

¡Uno de los últimos mangas que me he comprado! Desde siempre me han fascinado los campamentos de verano. Probablemente sea por la imagen que llegaba a partir de películas o que la joven Maria se pasaba los veranos en casa y aburrida leyendo todo lo que caía en las manos. Para la protagonista del primer josei de Oncina, una adolescente que no tiene muchos amigos, el verano no tiene muy buena pinta. Su madre, imagino que con las mejores intenciones, apunta a Erika un campamento de verano para que se despeje y pueda disfrutar de la costa con otros adolescentes. Evidentemente, ella no está muy contenta con esta decisión pero aún así preparará la mochila, cogerá la libreta que la acompaña a todos los lugares y se subirá a ese autobús cargado de hormonas. Mi experiencia más cercana a una acampada es el camping del Viña, así que imagino cualquier otro tipo de actividad relacionada con tiendas de campaña como algo exótico y divertido (por favor, llevadme de acampada o algo). Suerte que me he hecho ya mayor. Un coming of age donde una adolescente se enfrenta a un montón de cosas que acojonan, como no encajar, el miedo al rechazo, las primeras mariposillas en el estómago… Aunque hayan pasado ya un par de años desde que pisé por última vez el instituto es fácil sentirse identificado con una protagonista perdida, que busca su lugar en el mundo y quien eres. 

3. Mi querido policía, de Niyama.

Las novelas románticas de bomberos, policías, curas que dejan los hábitos por amor… son algo así como mi placer culpable. No me avergüenzo de leer determinadas cosas, al final es lectura ligera, algo así como las pelis de sobremesa que te cascas durante una siesta en el sofá de casa de tus padres. Parad de mirarme así, peor es fumar. Este manga ha sido un rayito de sol durante las primeras semanas del año donde era un elfo asalariado del capitalismo envolviendo regalos al ritmo de los latigazos de los consumidores (gracias Tania por surtirme de lecturas tan bonitas como esta). El dúo de protagonistas, Seiji Tajima y Shin Nakamoto, tienen algo en común: los dos han formado parte del cuerpo de policía de su ciudad. El primero, rozando ya los cuarenta está retirado y se dedica a llevar el negocio familiar con la ayuda de su inseparable gata que no le deja ni a sol ni sombra. Shin, cuyo nombre nos hartaremos de leer en mil maneras diferentes adaptándolo a motes cariñosos, es asignado al mismo barrio del vecindario de Seiji, a quien conoce desde que era un adolescente problemático y del que lleva enamorado desde entonces. Y bueno, ya sabéis como van estas cosas. La relación entre Shin(chito) y Seiji será algo que se vaya cociendo poco a poco, y es que una de las cosas que enamoran de este manga es la cantidad de humor costumbrista, juegos de palabras y complicidad que existe entre la pareja protagonista. Solo por poner la guinda sobre el pastelito que este manga BL, se agradece que determinadas escenas subiditas de tono se abarquen desde la normalidad de una pareja cualquiera y no la de unos acróbatas del Cirque du Soleil.

  1. Sex Criminals 1: Un truco sucio , de Matt Fraction y Chip Zdarsky.

Tengo la sensación de perderme muchas cosas. Trabajo mucho, duermo menos de lo que me gustaría y a veces, voy corriendo de un lado a otro. Estoy cansada la mayor parte del tiempo. Siento, y sé que es algo común y que todo el mundo se ve así, que no llego a todo y acabo frustrada. Evidentemente eso también se refleja en mis lecturas. Es más fácil leer más y variado cuando cuentas con una estabilidad económica que te permite desembolsar cierta cantidad cada mes en tebeos. Cuando no eres Victoria Federica (patín piti) a veces pasa que no puedes permitirte comprar todo lo que lees y bueno, llegas años tarde a lo que es un tebeo bueno como la copa de un pino. En el primer tomo (y con un subtitulo magistral), y el único que he tenido la suerte de leer, se nos presenta a los dos personajes principales: Suzie, una bibliotecaria, y Jon, un banquero que comparten algo que creían que poseían de manera exclusiva: detienen el tiempo justo en el momento de tener un orgasmo. ¿Y en que decidirán invertir ese don? Evidentemente, en robar bancos. Pero para salvar la biblioteca donde trabaja Suzie, no seáis duros con ellos. Sin embargo, Sex Criminals habla de muchas cosas más, se aborda el tema de las relaciones, de como se consolidan y forman, mantienen, del sexo, del deseo… Es una pena que la biblioteca de mi ciudad solo tenga el primer volumen, solo digo eso.  ¿Alguien los tiene? ¿Me los presta?

  1. Restart After Come Back Home, de Cocomi.

Tras prácticamente una década viviendo en Tokio, Misuomi Kozuka vuelve con el rabo entre las piernas a la casa de sus padres en el mismo pueblo en el que nació, creció y después juraría jamás volver. Pero las cosas cambian al ser despedido de su trabajo en la capital. Aunque todo sigue como siempre, es decir, aburrido, rural, y sin demasiadas cosas que hacer hay una excepción: Yamato, otro chico de su edad que fue adoptado en su ausencia por uno de los vecinos de su barrio. Mientras nuestro protagonista, un ratón de ciudad, trata de encontrar y lo más importante, mantener un trabajo en su pueblo se establece un vínculo entre los dos jóvenes. Mitsumei es más cinico, más apático, siempre se pone en lo peor pero es bastante directo cuando se le mete algo entre ceja y ceja (vaya, me suena bastante). Y Yamato… Un ser de luz, un golden retriever humano, un extrovertido de manual, siempre esperando la bondad en el resto del mundo y con una sonrisa en la cara aunque lleve una pesada carga sobre sus hombros. Este manga, también suministrado por mi compañera y amiga en el campo de los BL Tania y a quien he mencionado ya pero es que es genial tener una amiga con la que pasarse tebeos y no sabéis lo contenta que me pone eso, es como ponerse un jersey calentito en una fría tarde de invierno.  El tiempo pasa para todos, y Mitsoumi acabará aceptando que igual su regreso a casa no es lo peor que le podría ocurrir, incluso puede llegar a hacer las paces con su yo del pasado… y todo gracias a Yamato. Hacerse mayor a veces implica también este tipo de cosas. Por suerte, la segunda parte acaba de salir y podemos leer más sobre esta parejita tan tierna.

  1. La mala leche, de Henar Álvarez y Ana Müshell.

Es de sobra conocido que me paso los trayectos al curro y similares con los auriculares puestos. Por mis oídos pasan todo tipo de programas radiofónicos y podcasts pero siento especial debilidad por los que me hacen reír y quedar como una gilipollas por la calle. La mala leche, ilustrada por Ana Müshell , es un tebeo que cayó en mi regazo en Sant Jordi y donde se entremezclan temas como la maternidad, el sexo, el deseo femenino, el feminismo… siempre en clave de humor y desde el macarrismo. Nani, un posible alter ego de la cómica Henar Álvarez, es un joven madre primeriza que se ve desbordada y se siente en una montaña rusa emocional. Entre cabreos, sueños húmedos, insatisfacción y convenciones sociales a cada cual más machirula que la anterior se orquesta una obra que, permitidme que me salga del esquema de lo cuqui, reflexiona a su manera sobre el deseo femenino una vez pasada la adolescencia y sobre la presión que se recibe al ser madre, jamás alcanzando ese grado de perfección al que parece que tenemos que aspirar las mujeres. 

7. Haikyû!! Vol. 1, Haruichi Furudate.

Esto no te lo esperabas. Y yo tampoco. No me han interesado los deportes en mi vida (tiene pinta de seguir así) y ahora podría contarte tantas cosas sobre el volley que ganaría todos los quesitos de deportes en una noche de trivial. Llego tarde (sí, otra vez) a este manga que ya tiene un par de tomos publicados en castellano (madre mía van a ser 45, los que os habéis subido contáis con todo mi apoyo) y en el que me inicie con su serie de anime. En este primer tomo Hinata, quien mide prácticamente lo mismo que yo, lia a un par de amigos para formar un equipo de volley y participar en la competición interescolar. Es el único miembro del club de volley de su centro escolar, entrena con el equipo femenino, con unas señoras del barrio y si pudiese lo haría hasta con su propia sombra, su meta es convertirse en uno de los mejores jugadores y así ser tan grande como su ídolo deportivo (parece un fifas del volley pero es majo, de verdad). El pobre Hinata recibe una paliza en la pista en el primer partido del campeonato a manos del equipo de Kageyama, un colocador prodigioso pero un poco déspota y que da la casualidad que es mi personaje favorito. Con el cambio de centro de estudios, Hinata decide apuntarse al equipo de volley de su nuevo instituto con claras intenciones de mejorar y volver a enfrentarse al que ya considera su rival. Pero la vida es eso, casualidades, y acaban formando equipo y pareja mortífera como colocador y rematador. Si bien es cierto que no soy muy dada a los mangas que hablen sobre deportes, vale la pena destacar el mimo que se ha tomado a la hora de orquestar este coming of age de unos adolescentes que solo quieren jugar y cumplir sus metas deportivas. Es agradable leer sobre un grupo de amigos que se esfuerzan, son felices a su manera y un poco mamarrachos haciendo bromas.

  1. Oso, de Ben Queen y Joe Todd Stanton.

No sé como llegué a este tebeo bicheando por Whakoom, pero … ¡GUAU! Perdonadme el chascarrillo pero es que el protagonista es un perrete guía llamado Oso. ¿Qué podría ocurrir  si un perro guía perdiese la vista? Oso se siente desamparado, cree que ha fallado a la persona que más quiere, su humano Patrick así que se embarca en un viaje con el fin de protegerlo a toda costa desarrollando otras habilidades y viendo el mundo desde otras perspectivas. Es la única obra que me atrevo a mencionar sin que forme parte de mi librería o haberlo leído de prestado, pero es físicamente imposible resistirme a una historia que sé que va a ser tan tierna que voy a estar horas llorando. Si mi caballero de poblado bigote tiene alguna duda sobre que tebeo regalarme, esta es una pista muy buena. 

BONUS: He reflexionado mucho sobre si debía incluir o no este título en mi recopilación de este año ya que lo he mencionado en infinidad de ocasiones pero… Tiempos precarios (sigo triste con la traducción del titulo en castellano) me sigue pareciendo una de las mejores compras y lecturas que he hecho en los últimos años. Jóvenes, precarios, con una formación artística y humanística y encadenando contratos de mierda uno tras otro. Nos podemos ver fácilmente identificados en la pareja que intenta sobrevivir al hastío de la vida cuando compartes piso con treinta años y llegas justo a fin de mes. ¿El amor es eterno? ¿Voy a tener estabilidad económica algún día? ¿Existen diferentes formas de querer con el tiempo a la misma persona? Son preguntas que se responden durante la trama en un tebeo que apuesta por la cotidianidad, por la tranquilidad y por apoyarnos los unos en los otros, que falta nos hace. Podéis leer lo que dije sobre el tebeo nada más comprarlo aquí o en el artículo del año pasado.

Se acabó lo que se daba, espero no haber sido muy intensa pero cuando me pongo en modo prescriptora no hay quien me pare. Corazones, acordaos de que la partícula cuqui es algo que está dentro de cada uno de vosotros. No dejéis que esa parte que se alegra al leer algo bonito se esconda, sonreíd a los perros por la calle, sed amables con los cajeros y camareras y por dios, comprad en vuestras librerías de barrio. Os quiero, nos vemos el año que viene.

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