¡Larga vida al rosa flúor!

Travesuras (actos vandálicos o terroristas, depende del chivato que te lo cuente) de la mano de las que se van a convertir en tus peores mejores amigas. El club de las chicas malas es la primera novela gráfica de Ryan Heshka, un apasionado del cine negro, las revistas pulp, la ciencia ficción y las pin-ups, que cae en mis manos y probablemente en las vuestras también. Las obras y trabajos de Heshka, quien alterna su actividad artística con la docencia, suelen tener una gran carga surrealista u onírica, centrando la acción protagonista en sujetos encarnados por mujeres por lo que esta no será una excepción, convirtiéndose en un juego satírico y campechano donde, sin dejar de ser una novela gráfica al más puro estilo noir, se destila diversión y mamarrachez por los cuatro costados. Pese a la (clara) parodia es evidente que se trata de un tributo a clichés como los de la delincuencia juvenil en los años del rock’n’roll.

¿Pero quienes son estás chicas?

Nuestras seis protagonistas (Sweets, Wanda, Wendy, Pinky, Blackie y McQualude), creo que estaréis de acuerdo conmigo después de ver el fabuloso y macarra booktrailer, no son lo que se espera de una señorita de bien de su época… Maldicen como presidiarios, beben como marineros y son de gatillo (o navaja de Albacete) fácil. El club está enfrentado al machirulo misógino de Schlomo, alcalde y símbolo de la autoridad de su ciudad, quien junto a su séquito de  compinches tan variados como un juez que pretende freír niñas o el tándem de una monja y un cura que tienen intenciones más relacionadas con el BDSM campan a sus anchas por el lugar.

Roxy, una de las pocas almas buenas en la ciudad, será coaccionada por el alcalde para infiltrarse entre las filas del club y así poder destruirlo desde su propio centro siendo el eje que catapultara a nuestras chicas a un montón de situaciones donde una pistola será el complemento adecuado, mostrando así una exhibición de disparos e insultos que deben escandalizar a más de uno. Nuestras macarras utilizaran todo tipo de métodos violentos para defenderse e imponerse a partir de métodos tan curiosos como atar a policías corruptos y dejar que hormigas canibales o mosquitos asesinos acaben con sus miserables vidas. A Heshka (aun no somos tan amigos como para tutearnos)  le han caído bastantes palos por la brevedad respecto a las páginas y la simpleza en su trama algo que no llego a entender del todo, ya que a mi lo que me sugiere es que su intención es reinterpretar y renovar el arquetipo clásico de la mujer pin-up y la historia de esta manera queda en un segundo plano (cosa que puedo llegar a perdonarle y celebrar), siempre en clave satírica a partir de este tono macarra demostrando además su conocimiento en la jerga de los años 50.

El club de las chicas malas
En el apartado artístico El club de las chicas malas parte de su gracia se encuentra en el diseño: el ceño de cada personaje permanece fruncido en todo momento, los paneles parecen que tiemblan y se sacuden diagonalmente en cada página, el humo de (los muchos) cigarrillos que se fuman se arremolina pareciendo en ocasiones un halo venenoso y mortal… La energía que desprende es eléctrica, anclándose en un estilo que nos recuerda a lo más vintage, rockabilly y pin-up mientras que en las páginas donde se desarrolla esta historia de venganza solo veremos negro, blanco y mi nuevo tono favorito de rosa.

Sucio, violento y muy divertido. Pin-ups que patean culos y luchan contra el patriarcado. ¿Qué más se puede pedir?

104 páginas por 20 euros. Negro, blanco y rosa flúor en tapa dura por los macarras de Autsaider Cómics.

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El club de las chicas malas

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