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Essex County

Hoy vamos a hablar de Jeff Lemire, uno de los autores canadienses de mayor reconocimiento a nivel mundial, y de su obra Essex County. Probablemente este nombre llegó al público menos afín a los tebeos gracias a que, Netflix adaptó Sweet tooth, un cómic escrito y dibujado por el autor hace trece años, que le otorgó aún más valor y reconocimiento a su trabajo. Además de que hace tan solo unos días se anunciaron las nominaciones a los premios Eisner y su obra, la cual creó junto con Jock, Snow Angels está nominada en la categoría de mejor comic digital, siendo Lemire el que crea el guión y Jock el que maneja los lápices. Por si eres una novata como yo en este mundillo y desconoces la carrera de Jock, a continuación dejo unos cuantos títulos suyos que han sido alabados por el público como: Batman: la muerte de la familia, El Batman que ríe, Green Arrow: Año uno y Savage Wolverine. Pero cabe destacar que su éxito se afianzó en la primera década de los 2000, con las innumerables portadas que hizo.

Cuando vi por primera vez este comic me llamó mucho la atención, primeramente su inmensa cantidad de páginas y después, cuando lo abrí, el tipo de dibujo que tenía. En aquel momento desconocía por completo al autor y hasta la fecha sigue siendo su única obra en mi biblioteca, aunque esto no significa que en un futuro no haya más pues quedé encantada con la historia y sobretodo, con el dibujo.

Antes de profundizar en Essex County debo aclarar que son varias historias independientes, que tienen sentido por sí mismas, pero que se entienden mejor en conjunto. Por ende no es de extrañar cuando, en esa primera toma de contacto, con la historia inicial, hay detalles que se tornan confusos pero que terminan siendo elementos de conexión con el resto de relatos.

Es difícil no conectar al menos con alguna de ellas, todas son un verdadero drama, dicho sea de paso, pero eso no impide ni dificulta el disfrute de la lectura. En lo personal destacaría la historia del niño y la de la mujer que es cuidadora de un anciano. La primera por ser una historia tan traumática para un personaje que no sabe muy bien cómo afrontar el problema, algo que en la vida real es tan común. Y la segunda, porqué a mi entender, es una gran viaje de superación, de anteponerse a las adversidades y no caer en la pena de lo vivido, sino decidir continuar con su vida como buenamente puede.

La calidad del dibujo destaca por esas transiciones tan características del cine cuando, para pasar de un plano a otro, se utilizan dos formas similares  y se hace un degradado o un corte de plano. La elección de los mismos parece haber sido escogida minuciosamente, destacando notablemente, esos planos generales de situación en la granja.

Lemire demuestra cómo no hace falta realizar un dibujo anatómicamente correcto, para que el dibujo resulte atractivo o para que pueda transmitir las emociones requeridas en cada momento. El trabajo está hecho con tinta negra sobre blanco, pero el autor no se molestó en eliminar esos primeros trazos que le sirvieron de guía para hacer las tintas, una decisión bastante certera en mi opinión, ya que ver los entresijos me ayuda a entender como un creador llegó a su propio resultado final.

De igual forma que tampoco nos encontramos con un entintado minucioso, las líneas son toscas y están muy bien colocadas para que se comprendan bien las figuras. A menudo nos encontraremos con los rastros del pincel, pero esto no enrarece el dibujo, al igual que hay veces que no solo hay una línea definitoria sino, que hay varios trazos poco certeros que pretendían ser la línea correcta y no lo consiguieron. Lejos de disgustarme, este aspecto me parece enriquecedor, una característica del creador que no siempre queda bien, pero en este caso, impregna el dibujo y le dota de una personalidad concorde la historia.

Al finalizar Essex County me quedaron dos cosas claras: la primera sería la importancia de saber narrar bien una historia, pues a veces, es complicado tratar de contar un relato de estas características y no caer en una espiral de detalles irrelevantes o alargarlo en exceso sin necesidad alguna. Lemire sabe jugar con los tiempos, la tensión y cuando dar esos detalles que se te quedan en la cabeza para la siguiente historia.

En segundo lugar, la sensación que me dio fue la de la añoranza por su tierra natal, el condado de Essex en Canadá. A pesar del dramatismo, sí que hay ciertos tintes de como el recuerda su vida allí, el tren, la granja, el deporte oficial de su país… Si aún no ha caído en tus manos, no puedo no recomendarte esta lectura, la sensibilidad del autor traspasa las páginas, engancha y sobrecoge a partes iguales.

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