Me da casi hasta vergüenza admitir que no tenía ninguna obra en mi estantería dibujada por la fantástica Maria Llovet. La tengo más que fichada y es victima de mis likes en redes sociales, me encanta como dibuja con ese estilo inconfundible y creo que la mayoría de sus obras (las cuales probablemente termine comprando, dadme tiempo y un contrato laboral indefinido) por temática y tras haber disfrutado de un Heartbeat de prestado podrían encajar en el espectro de mis lecturas y pila de la vergüenza lectura, como ha sido el caso de Faithless, escrita por Azzarello y dibujada por esta titán cuyo ejemplar he rescatado de la estantería hace un par de días ante mi inminente cambio de hogar.

No sé quien fue el imbécil que dijo que el saber no ocupa lugar, pero definitivamente no tenía que hacer una mudanza viviendo en un tercero muy empinado y sin ascensor. Esta semana me mudo. Por fin voy a experimentar las mieles del capitalismo para así poder disfrutar de espacio suficiente para tener mis libros bien puestos y leer con el sol que entra por la ventana desde la cual me acechará un gato vecino al que ya le hemos dado una albóndiga. Se supone que los cambios siempre van bien, yo soy bastante cuadriculada o animal de rutina para algunas cosas y tener que ir llevando cosas poco a poco es algo que me está matando. Necesito verlo todo ya allí para poder imaginarme como va quedar, como me las ingeniaré para ir moviendo los muebles según me vayan llegando los bajones y lo que más ilusión me hace ahora que se, colgar y poner todas las láminas y prints que he ido acumulando en una pared. Como no conduzco (ni tengo intención de hacer si todo me va bonito en la vida), me toca adelantar con viajes a pie (y con una maleta, sí) así que las primeras cajas que me he llevado estaban repletas de los tebeos de mi colección. Los libros y cómics primero por si acaso me pasaba algo esta semana, yo que sé, y me mataba subiendo y bajando escaleras (cosa que probablemente acabe pasando conociendo mi historial), así que terminé llevándome ya el primer tomo Faithless a la que ya puedo llamar mi casa y de la que aún no tengo las llaves.

Esta obra daría sus primeros pasos de la mano de Boom! Studios, quien también recopilaría el primer arco de la historia  (seis números, para los curiosos) escrita por Brian Azarello (no hacen falta más presentaciones) y dibujada por Maria Llovet, probablemente una de las artistas más polifacéticas del panorama artístico actual. A nosotros nos tocaría esperar un poco hasta que Panini Cómics trajera la primera parte de este díptico el pasado mes de diciembre en una tapa dura con una portada que más que bonita es hipnótica, y ha valido la pena la espera. La trama de Faithless especialmente en esta primera parte y sin entrar en detalles ya que su sinopsis es bastante ambigua y la mayoría no sabíamos a qué atenernos al comprar el tebeo es… complicada de explicar. Nos enfrentamos a una historia que mezcla un montón de temas como los celos, el amor, la manipulación, el arte y la mercantilización de este, las relaciones de poder, el sexo y en definitiva, mucho drama y, a mi parecer, una notable influencia de los trhillers y pelis de serie B más sensuales.

Nuestra protagonista, Faith (haced vosotras mismas la traducción al castellano), entra en la orbita de Poppy, más mayor y rica que ella y con un padre artista al que todo el mundo parece conocer y reverenciar en esta especie de interpretación y homenaje a determinados autores clásicos orquestada por Azzarello. La muchacha es una artista, o aspirante a ello, que se verá involucrada en lo que parece ser el mundo de los vips, influencers y gente con tarjetas black en fiestas privadas con algo similar a las drogas de diseño y un portero que no me dejaría pasar ni en un millón de años como nos ocurriría a la mayoría de personas de intentar pisar Berghain. En el momento en el que Faith se zambulle en este mundo nocturno recibirá diversas advertencias en forma de muertes de allegados a su alrededor, pero al fin y al cabo ella no ha matado a nadie así que hará lo que mejor hace: dejarse llevar. Hay algo casi obsesivo, puede que hipnótico, en observar como Faith deja atrás su mundo de loser, de persona corriente y moliente y va descendiendo en este nuevo, donde lo mágico y lo demoniaco parecen coexistir y un orgasmo está a la vuelta de la esquina.

Es imposible no reconocer el trabajo de Llovet, su estilo único parece que se adapte a la perfección ya sea en una de sus obras en solitario o con otras donde comparta autoría como en el caso de Faithless. Después de leer este tomo no concibo imaginar la trama, los personajes, en otro estilo que no sea el suyo donde coexisten los colores pasteles con explosiones de color (como con el rojo sangre, por poner un ejemplo) con trazos a veces caóticos pero muy buen puestos en un continuo alarde de sensualidad y macarrismo con un montón de referencias o guiños cinematográficos. Siento debilidad cada vez que veo que los colores se desparraman por las lineas marcadas de la viñeta, dejadme con mis pequeñas manias.  No sé que pensar al haber leído que se trataba de una historia pensada para una franja de edad más adolescente pero casi que prefiero el camino que los autores han tomado aunque eso escandalice a alguna Karen que otra

Puedo entender algunas quejas que he leído o incluso comentado con otras personas que se han sumergido en este sueño de súcubo que parece dirigido por Gaspar Noé, pero… en mi caso ha logrado atraparme, probablemente por el dibujo o porque tengo debilidad por determinadas sensaciones así que hago de tripas corazón por lo que respecta al guion que es cierto, plantea mucho y da poco a cambio. Voy a ser un poco como Faith, me dejaré llevar por los meandros de esta historia. Por suerte para mi, Panini saca el segundo volumen de Faithless este próximo jueves así que podré cerrar el circulo y volver a bucear en el abismo que a veces es la mente humana buscando las respuestas.

Faithless (primera parte), Brian Azzarello y Maria Llovet. Una tapa dura bien bellacosa de 160 páginas por 19 €, de la mano de nuestros queridos amigos Panini Cómics traducida por Raúl Sastre.

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Faithless

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