Miaka es como nosotras hace un par de años, prefiere procrastinar y dejar lo que puede para mañana mientras hace maratones del equivalente a Netflix de la época y piensa en sus cosas (la mayor parte del tiempo en comida al estilo de la protagonista de Sailor moon, vaya). Yuu Watase, autora de este shojo, es la maestra del drama y del romance en este tipo de historias como también habíamos podido comprobar en Ayashi No Ceres: La leyenda Celestial, donde el tono era más serio por el argumento y la presencia de personajes (mafiosos un poco turbios). Con esta obra, un híbrido entre el drama histórico y la fantasía nos adentramos en la vida de Miaka, una estudiante de secundaria cuyo mayor problema es querer acceder al mismo instituto que su mejor amiga, Yui, más aplicada y con mejores notas, quien probablemente tenga una plaza asegurada en un instituto de prestigio incluso antes de pasar los exámenes.

Durante una sesión de estudio (entre muchas por lo que se intuye) nuestras dos amigas creen ser víctimas de un terremoto, encontrando en ese momento de caos un libro de aspecto antiguo titulado El universo de los cuatro dioses en una parte restringida de la biblioteca. Al abrirlo para curiosear las dos son absorbidas por este y acaban en un lugar desconocido que no será otra cosa que un universo paralelo al de nuestra Tierra. Las chicas, desorientadas y sin tener ni idea de lo que ocurre serán asaltadas  por una banda de traficantes de esclavos que pretenderán añadirlas a su propio botín. Al momento (estas cosas solo pasan en los mangas y en las películas), serán rescatadas por un misterioso (y guapísimo) joven, para al momento siguiente volver a aparecer en su mundo como si nada hubiese ocurrido. Pese a que vuelven a su vida normal Miaka no se puede sacar ese mundo (ni a ese chico) de la cabeza, y cuando discute con su madre como buena teen acaba huyendo hacia la biblioteca donde el libro descansa para adentrarse otra vez en ese mundo. Sin comerlo ni beberlo se convertirá en una pieza fundamental en el país; la sacerdotisa de Suzaku, aquella que debe reunir a las siete estrellas (al estilo de Dragón Ball pero con un príncipe, un monje, un niño, un flautista…) para obtener el poder necesario para invocar al dios y pedir un deseo que no será otro que la paz en ese desconocido continente.

A Miaka, nuestra desafortunada heroína la cual parece más un imán para los problemas, le pesa más el corazón que la cabeza y acabará metida en un sinfín de líos algunos más graciosos que otros, pero las peleas, los enredos amorosos (triángulos incluidos), los momentos tiernos y las bromas están aseguradas. Si hablamos del apartado artístico es evidente que está dibujado en los noventa, con personajes bien cuidados (fácilmente reconocibles si coincidimos con otras obras de Watase y su sello; esos enormes ojos) y bastante rigor a la hora de introducir determinados elementos en las prendas de vestir como nos explica la autora en las anotaciones, ese tipo de detalles me tienen ganada, que va colando a lo largo de los paneles, como la ausencia de botones en la ropa tradicional.

Pase lo que pase y por mucho que diversifique mis lecturas este shojo tendrá un lugar especial en mi estantería, podría jurar (y no me quemaría) que fue el primer tomo que cayó en mis manos después de ver de casualidad el anime en K3 un verano y con el que aprendí a leer manga. Creo que no vi el anime entero (después sí, incluidos los OVA’s) por eso cada vez que mi hermana llegaba a casa con un tomo (de los 18 que había en esa primera edición que es la que guardo) automáticamente ese día se transformaba en el mejor de la semana. Fushigi Yugi, esta especie de La historia interminable japonesa, es un buen manga introductorio a este tipo de universo, con unos personajes que (si eres un poquito cursi como yo) recordarás con cariño con el paso de los años, incluso los secundarios a los que la autora trata con especial cariño (y con los que vas a soltar más de una lagrimilla), apto para todos aquellos que tenemos debilidad por lo cursi y las historias de instituto/otros mundos paralelos.

Fushigi Yugi: Rústica en blanco y negro, 9 números a 12 € en la última edición de Glénat España.

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Fushigi Yugi

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