Ritsuka Uenoyama solo quiere dormir un poco entre sus clases, ser estudiante de secundaria puede llegar a ser un aburrimiento a veces. Cuando se dirige a su rincón favorito para dormir, encuentra que el chico extraño de la otra clase ha invadido su espacio mientras sostiene una Gibson entre las manos con las cuerdas hechas polvo.

Cuando Ritsuka acepta cambiar y arreglar las cuerdas de la Gibson que parece ser propiedad de su compañero de clase, Mafuyu, su vida entera dará un vuelvo aunque no sea consciente.

Después de ese encuentro en el sitio que utiliza para echarse siestas (genio, figura, me voy a buscar uno en la universidad) donde resucita la guitarra de Mafuyu, este empieza a seguirle con el propósito de que acceda a darle clases de guitarra. Aunque en un principio Ritsuka se niega… el resto de su banda nota que toca con más energía y fuerza desde que Mayufu entra en la ecuación. Y es que Ritsuka ve un reflejo de sí mismo en Mafuyu en sus primeros días aprendiendo a tocar, recordando cómo llegó una guitarra a sus manos y cuándo le escucha cantar… le pregunta directamente si quiere unirse a su banda. ¿Por qué Mafuyu, quién muestra tanto interés por aprender a tocar, declina la oferta?

Natsuki Kizu no pretende crear (por suerte) una historia de amor y obsesión incontrolable; el punto fuerte de este manga es la conexión que surge y sienten los dos protagonistas. Dos personas que pueden comprenderse y ayudarse mutuamente, lo sepan o no, siendo una ráfaga de viento fresco respecto al género BL donde se tiende a las situaciones forzadas. Es fácil observar ya en este primer número (serán cinco los que conformen la serie) la conexión que existe entre Ritsuka y Mafuyu. Given se convierte en un manga más que apto para todos los que tenéis el corazón blandito como yo.

Solo diré que el segundo tomo acaba de salir… 194 páginas, Milky Way Ediciones, 8’5€.

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Given #1

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