El cine de vaqueros siempre ha sido una cosa de mayores. Cuando, de niño, me sentaba con mis abuelos a ver la “novela” de la tarde y nuestros héroes empezaban a cabalgar, con sus uniformes azul oscuro y su aspecto impecable, contra los pobres indios que caían uno tras otro sosteniendo su primitiva hacha de guerra, inútil ante el avance de la tecnología… Estaba más que claro que ni aquellos eran héroes, ni ese tipo de películas estaban hechas para mi. Sin embargo, aprovechando los meses del confinamiento, me dediqué a saldar una antigua deuda pendiente que no dejaba de atosigarme: la trilogía del dólar. Así, durante tres tardes, Clint Eastwood me acompañó en Por un puñado de dólaresLa muerte tenía un precio El bueno, el feo y el malo. Y ahí fue cuando todo cambió.

Porque sí, seguían siendo unas películas de vaqueros con esos estúpidos duelos a muerte entre dos hombres despechados, pero carecía de algo de lo que se encargaban de reforzar una y otra vez los films americanos: honor. Sin honor, sin una oportunidad de batirse en condiciones dignas, sin inverosímiles conversaciones sobre la ética, la moral, o el papel conquistador del salvaje oeste. Tan solo era gente, luchando por sobrevivir otro día en un mundo que se desmorona a su alrededor.

Enamorado de esa nueva vertiente vaquera del cine, me decidí a probar con alguna obra del noveno arte que me transportase de nuevo a ese mundo que tanto me había gustado. El teniente Blueberry, Undertaker, Lucky Luke… Grandes obras, sin duda, pero con demasiados números como para ir catando de uno en uno sin seguir la colección. Hablando por Instagram con mi librero, me hizo varias recomendaciones que no llegaron a buen puerto, hasta que mencionó un cómic, de tomo único, que había salido a finales de febrero y que podía adaptarse a lo que andaba buscando. Un vistazo del interior me despejó cualquier tipo de duda: ese iba a ser mi primer cómic de vaqueros.

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Hasta el último nos cuenta la historia de Russell, un vaquero de caravanas que ve como su estilo de vida empieza a peligrar con la llegada del tren al lejano oeste. Parece que no va a tener más remedio que adaptarse a los nuevos tiempos, comprándose una parcela donde dejarse caer hasta morir, o siguiendo luchando contra algo con lo que no se puede pelear.

En medio de este caos, el vaquero se encuentra con Bennett, un huérfano muy despistado que t0davía no es consciente del mundo en el que le ha tocado vivir. Junto a Kirby, otro joven vaquero, recorrerán las tierras del salvaje oeste en un convoy de transporte de mercancías, hasta un pequeño pueblo en las montañas donde la desgracia les espera a la vuelta de la esquina.

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La historia de Hasta el último no es nada novedoso, pero está lo suficientemente bien contada como para que haya que leerla del tirón. Tropos y tópicos del mundo del oeste, no sorprende ni en sus personajes, ni en el desarrollo, ni en su conclusión. No obstante, el guion de Félix consigue transmitir toda la tensión alrededor de ese pueblo perdido entre las montañas.

Destaca también, además, el personaje de Tom, un niño de la edad de Bennet que vive con un padre amargado, y aquí voy a introducir un pequeño SPOILER: el sentimiento de culpa es complemente genuino, y su evolución, más allá de las páginas del propio tebeo.

Eso sí, el final puede parecer algo precipitado, y quizás la evolución del resto de protagonistas (e, incluso, de algún secundario esporádico) parece más enfocada a alcanzar la resolución programada que ha establecer un final lógico a toda la trama.

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En cuanto al dibujo de Paul Gastine, poco hay que decir más que no resuman las imágenes que podéis ver en este post. El estilo de cómic europeo le va muy bien a los westerns, y Gastine consigue un trazo (pero, especialmente, una iluminación) que se convierte en un auténtico deleite página a página. Además, no solo la narración es fluida, sino que consigue componer pequeñas viñetas que se quedan grabadas en la retina, a pesar de no utilizar nunca la splash-page.

Mención aparte la portada, primer elemento que debería entrar por los ojos en un cómic y que constituye un ejemplo perfecto de lo que encontraremos en el interior. Y como para no llamar la atención esa silueta de Russel, medio iluminada en tonos rojizos bajo la lluvia aplastante…

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Hasta el último, un álbum BD en formato europeo con 80 paginazas para chuparse los dedos, publicado por Yermo Ediciones a 25 euros.

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Hasta el último

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