Siempre he sido fan de las mafias, que le vamos a hacer. Desde aquel padrino que clamaba por que habían interrumpido la boda de su hija, aquel italiano corpulento que sufría por ver los patos marcharse de su piscina, o el cubano encandilado con la cocaína y las semi-automáticas. No es que soñase con pertenecer a una, ni mucho menos. Eso, mejor, se lo dejo a otro de los nuestros. Sin embargo, hay algo en el ambiente que te atrae. Quizás sea el poder (probablemente sea el poder, para que vamos a mentir), pero quizás también es el hecho de que la gente se lo toma muy a pecho. No importa si existen lazos de sangre o no entre tú y los tuyos: ahora sois familia, para lo bueno y para lo malo.

Hot Lunch Special llegó por primera vez a mis oídos cuando le hicimos una entrevista a Jorge Fornés en el pasado Salón del Cómic de Valencia. Un cómic sobre la mafia, autoconclusivo, de la recién estrenada editorial norteamericana Aftershock, de tan solo cinco grapas, en las que Fornés no se había encargado solo del dibujo, sino que le habían dado control absoluto también sobre el color. No necesitaba saber más.

Ilustración Jorge Fornés

La historia nos lleva hasta el Medio Oeste americano, donde los Khoury, una familia de libaneses, consiguen convertirse en el mayor distribuidor de sándwiches para máquinas expendedoras. Sin embargo, su éxito no se debe solamente a un triunfo ocasional, sino que las malas artes han sido los cimientos sobre los que se ha construido su negocio. En Dakota del Sur, durante el turno de noche, un oficial se dirige a una máquina expendedora y se saca un sándwich. Cuando le da un bocado, encuentra algo crujiente en su interior; un dedo.

No mucho más tarde, en Minnesota, la agente Olson investiga el camión de la compañía sándwichera, en el que el conductor ha sufrido un robo. Aparte de su cartera, solo se han llevado otra cosa: un dedo. Jordan Khoury, el patriarca actual de la familia, habla con Jim Moran, el encargado de los transportes, cuando descubre que ha sido él quien lo ha organizado todo. Al parecer, ha llegado a sus oídos que la empresa va a seguir expandiéndose a otros condados y que no van a seguir con el acuerdo que hicieron, en su día, sus padres, en relación al transporte de la mercancía por Estados Unidos. Y eso es algo que ninguno de los dos quiere, ¿verdad?

Viñetas Hot Lunch Special

El guion de Eliot Rahal, aunque sencillo, es una auténtica delicia para fans del género. No solo utiliza tópicos, que se agradecen, sino que consigue crear escenas de auténtica tensión y grandes momentos de acción. Importante además alejarnos un poco de la típica mafia siciliana o japonesa. En esta historia se nos presentan personajes de otras etnias que también son capaces de afincarse en el crimen organizado. Porque, seamos sinceros, ser un cabrón no va adjunto a la nacionalidad.

El problema, aunque tampoco sea tan importante, es la gran cantidad de personajes. Esto hace que tardes un par de grapas en acostumbrarte al quien es quien, y donde va ubicado. Al final del tomo, no obstante, no solo sabes reconocer a los personajes, sino que admites que cada uno de ellos tiene algo especial. Dorothy es dura, pero solo porque la han roto por dentro; Danny será un idiota inconsciente, pero también incondicional; Jordan quiere a su familia, quiere su negocio, y esta dispuesto a lo que sea por protegerlo. Y así, con pequeños detalles, Rahal nos muestra por qué cada uno de los miembros de esta familia son personajes que nos importan.

Interior Hot Lunch

Y que vamos a decir de Jorge Fornés que no hayamos dicho ya. No es solo su estilo de dibujo, con ese trazo grueso que tanto le caracteriza en el cómic actual. Es la forma que tiene de contarnos la historia. El pasar la página y descubrir composiciones de viñetas que realmente impactan. No es fácil conseguir una narrativa perfecta, pero, además, se permite el lujo a innovar y a moldear las páginas a su gusto.

Como hemos dicho antes, Fornés se ha encargado también del color, un elemento indispensable del cómic. Ha optado por tonos poco vivos que reflejan no solo la estética noir, sino también la distorsión de todos los personajes. Y es que en el fondo, aunque cada uno tenga sus propios motivos, todos son iguales.

Página completa Jorge Fornés

Ah, la familia. Aquellas personas con las que no hemos elegido convivir, pero que son un elemento tan indispensable en nuestras historias. Hot Lunch Special, como la gran parte de las historias mafiosas, gira en torno al tema de la lealtad y el cariño hacia los miembros de nuestra propia sangre. Esta hecho para molar, como cualquier comic del estilo que se precie, y a través de sus páginas no encontraremos nada más allá.

El cómic de Eliot Rahal y Jorge Fornés es una auténtica montaña rusa que sabe subir poco a poco hasta la cima para lanzarte en un último número final hacia el vacío. Emoción pura, y al mismo tiempo, emoción hueca, como la de un blockbouster al que sabes que vas a ir a ver al cine porque quieres entretenimiento, explosiones y complots en la gran pantalla, y porque, que demonios, porque mola.

Hot Lunch Special, americano, 128 páginas, Eliot Rahal y Jorge Fornés, del sello Aftershock, Planeta Comic, a 14,95€.

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Hot Lunch Special

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