Cada vez que anuncian un nuevo trabajo de Zidrou se me ponen las orejas tiesas. Al belga ya lo conocemos, el muy canalla te sobresalta o encoge el corazón a su antojo, te hace soltar una lágrima, que personalmente yo no trato de disimular, o pinta una sonrisa que dura lo que duran las viñetas y más allá. Su currículo contempla “hacedor de emociones y empatías”. Unas veces lo consigue y otras no. Pero al belga ya lo conocemos…

En este caso el anuncio venía de la mano de SaludArte, ¡y qué edición tan bonita se han marcado! Formato grande, tapa dura, precio razonable, una portada preciosa y unos bocetos extra al final de la historia. En cuanto tuve en las manos el cómic mandé “a cascarla” todas las dudas que pudieron surgirme de una editorial desconocida para mí. El cariño con el que la editorial ha tratado el trabajo es algo que puedes sentir más allá de las viñetas.

Bien SaludArte, bien.

Al tajo. Lo que aquí vamos a encontrarnos es la primera parte de dos.

Un terremoto en la otra cara de nuestro mundo hace que nos estremezcamos ese rato que empleamos en estremecernos todos los días mientras comemos. Casi siempre esos charcos quedan demasiado lejos como para que nos salpiquen, pero en esta ocasión para Rysette y Gabriel no va a ser así. Un avestruz, que no viene de París sino de Perú, volará para hacerles abuelos de una linda niña de 4 años.

Zidrou desarrolla una historia que ya hemos visto en muchas ocasiones, la del paso de la indiferencia al amor. La del padre que nunca estuvo para sus hijos al del abuelo que sí está para su nieta recién zarandeada por un terremoto. Pero lo cuenta tan bien, desarrolla a Gabriel de tal modo… Para ello se apoya en los personajes secundarios  como sus amigos, en Rysette, su mujer, o en su hijo , y forja a golpe de diálogos ágiles un abuelete creíble con el cual nos sentaríamos a tomar una cervecita en su jardín.

Porque en realidad aunque todos los personajes pongan el foco en la pequeña Qinaya, había olvidado deciros que así se llama la preciosa recién llegada, en quién Zidrou lo pone es en Gabriel.

Gabriel, que regentaba una carnicería, es un tipo como muchos de nosotros que pasamos la semana pensando en preparar el momento perfecto para leer el fin de semana. Él lo que ha deseado es una jubilación idílica, con sus pequeños caprichos, con su banda de amigos, con sus momentos íntimos. Y resulta que todo eso va a saltar por los aires. Un tipo imperfecto, un tipo con problemas en casa, con desilusiones, un tipo como cualquiera.

El cómic nos va conduciendo por un camino de luz desde la portada hasta las últimas páginas donde nos van a pellizcar el corazoncito. Uno piensa “joder Gabi, ¿y ahora qué?. Con lo bien que estabas…. .pero ¡y lo bien que te ha sentado todo esto!….¿ahora qué?”

Yo adivino no soy, pero la segunda parte ya está publicada en el país vecino, y solo con ver la portada adivinamos la decisión que toma nuestro amigo bajo unos colores que dejan de lado la luz y auguran tormenta. ¡Ay Zidrou, Zidrou!, y es que al belga ya lo conocemos.

En cuanto al dibujo corre a cargo de Arno Monin. Ambos autores ya trabajaron antes en Merci, la adolescente rebelde que como castigo entra a formar parte del ayuntamiento de su pequeñas localidad. Aquí Monin hace un trabajo notable, con páginas en las que su narración es impecable. Me encanta como sin un bocadillo presentan a Qinaya a sus compañeros de guardería. Pero lo que realmente me parece esplendido es el uso del color. En una entrevista Monin hablaba de un cambio en su forma de afrontar este trabajo, intentando simplificar el proceso y disfrutar más de él. Un cambio que le ha permitido lograr el color que podemos disfrutar.

La adopción es poesía y magia sin adornos, de la que de vez en cuando te encuentras en tu día a día. Es un pasar de páginas que calientan el alma. Es ver como poco a poco la pequeña Qinaya pone patas arriba la vida de su abuelo Gabriel. Es un final que te pellizca el corazón y al que le gritas “no te pares, no te vengas abajo”. Es el mejor Zidrou y un gran Monin. Es una delicia.

La adopción: Qinaya de Zidrou y Monin, edita SaludArte. 72 páginas en tapa dura a un precio de 17,95 . Uno de esos pequeños placeres.

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La adopción: Qinaya

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