6 de Agosto de 1945, Hiroshima, Japón. 80.000 personas murieron en el instante en que explotó la bomba atómica y estimaciones elevan hasta 200.000 las víctimas derivadas de la explosión trascurridos 5 años. Datos, números que te sobrecogen un instante. Sin rostros, deshumanizados. Sin historias. Datos que olvidas. Datos, solo datos.

A fin de cuentas, ¿qué sabemos? Que cayó una bomba. Que murió mucha gente. Que el emperador era como tú y como yo. Que Japón se rindió. Datos. De lo que ocurrió después tan apenas conocemos nada. ¿Cómo vas a contar algo si miras hacia otro lado? La vida prosiguió en Hiroshima. Y este es su homenaje.

En La ciudad al atardecer. El país de los cerezos Fumiyo Kouno nos presenta personajes corrientes, de los que se cruzan contigo por las aceras o en las colas de los supermercados sin prestarles atención. Aquí esos personajes son dueños de historias cotidianas, de las historias de cualquiera, de las historias de Hiroshima.

Ten cuidado si eres de esos que cuando visitas a tu librero sientes como te susurra la portada de un cómic. Kodai Ediciones te ha tendido una trampa. Una chica feliz, andando descalza sobre la hierba con los zapatos en su mano. Es una promesa de una lectura plácida, y no sé si es correcto decirlo: de cierto “cuquismo”. Promesas que crecen cuando ojeas el interior y encuentras el dibujo bonito y la línea clara de Fumiyo Kouno. Ojalá todas las “trampas” fueran así. Lo que vas a ver no es lo que vas a sentir. La obra es tan sencilla, tan sincera, tan directa y dura que se necesita de la ayuda de una apariencia hermosa para poder digerirla.

portada la ciudad al atardecer. el pais de los cerezos

Fumiyo Kouno nació en 1968 y comenzó a dibujar en su adolescencia puesto que sus padres no le compraban tantos mangas como a ella le gustaría. Natal de Hiroshima, Fumiyo nunca había escrito acerca de su ciudad y sentía la necesidad de solucionarlo. De esa necesidad surgió La ciudad al atardecer. El país de los cerezos obra que obtuvo el premio Japan Media Arts Festival en 2004, y el Osamu Tezuka Cultural Creative Award en 2005.

Tenemos dos relatos. Cortitos y al pie. Así que vamos a por ellos.

El primero de los dos, y el más corto, es La ciudad al atardecer. En las apenas treinta páginas que lo componen Fumiyo Kouno nos traslada al Hiroshima de después de la bomba. Han pasado 10 años y parece que nadie quisiera recordar lo sucedido. Nuestra protagonista es Minami Hirano, una joven adolescente que cuida de su madre enferma. Su padre y su hermana murieron a consecuencia de la explosión, y tiene otra hermana a la que enviaron fuera de la ciudad con su tía. Minami estudia, trabaja y vive muy humildemente a las afueras de Hiroshima.

la ciudad al atardecer pelo

La autora crea a una Minami amable, trabajadora, positiva – la nueva cara de Japón – y sin embargo, en su foro interno, Minami carga con la culpabilidad de ser una superviviente, con la pesadumbre de los que no están. Ese Japón invisible, sin cicatrizar, es el que la autora quiere visibilizar. Un Japón que no desapareció por mucho que mirasen hacía otro lado. Junto a Minami vamos a encontrarnos a Uchikoshi que pertenece a una esfera social algo más pudiente. Uchikoshi es educado, atento, ingenuo y vive en secreto enamorado de Minami.

Como os he dicho es una historia cortita, son apenas 30 páginas, y la autora va a lo que va, directa a contarnos un puñado de días en la vida de Minami. Pese a su sencillez la forma de narrar de Fumiyo es magnífica. Hay una viñeta en concreto que me heló la sangre. Vemos desde arriba a Minami y Uchiloshi besándose junto a un puente, y a sus pies, cubriéndolo todo, los cadáveres de aquél 6 de agosto. Y es que leí un poema Polaco, ¿o era checo?…disculpad  mi memoria, en el que una campesina tras la segunda gran guerra advertía al chico que quería besarla que sus labios sabían a ceniza. A sus penas. En una sola viñeta, en un solo beso, Fumiyo Kouno nos cuenta todos sus versos.

la ciudad al atardecer beso

No creo que la resignación sea hermosa. No creo que la culpa sea hermosa, y sin embargo Fumiyo Kouno logra contarnos una historia crepuscular cargada de resignación y culpa de una forma tierna y hermosa. Me quito el sombrero Miss Fumiyo Kouno.

Vamos con la segunda historia.

Mientras en La ciudad al atardecer el objetivo principal de Fumiyo Kouno es el de visibilizar, en El país de los cerezos es el de no olvidar.

El país de los cerezos se divide en dos partes con un intervalo de tiempo de 17 años. La primera transcurre en 1987, en un distrito a las afueras de Tokio. Y tenemos a una jovencita llamada Nanami Ishikawa que se desvive por el béisbol. Nanami pasa prácticamente todo el día sola puesto que su padre trabaja y su abuela cuida de su hermano enfermo en el hospital. Un día Nanami se escapa a visitar a su hermano Nagio. En la estación de tren se encuentra con su vecina Toko que se suma al trayecto. Y poquito más en esta primera parte de la obra. Nos cuentan que a la abuela le han hecho unas analíticas que no dan buenos resultados y que obligarán a la familia a mudarse más cerca del hospital. Una mera presentación de personajes.

la ciudad al atardecer

En la segunda parte ya es 2004. Han pasado 17 años. La abuela de Nanami y Nagio falleció. Su padre está jubilado. Nagio es enfermero. El béisbol sigue siendo importante en casa de los Ishikawa. Nanami ha empezado a estar intranquila con el comportamiento de su padre Asahi. Teme que por la edad esté perdiendo la cabeza. Un día Asahi, el padre,  se va de casa y Nanami decide seguirle. Esta vez el trayecto les llevará a Hiroshima. Nuevamente Nanami va a encontrarse en el tren con su antigua vecina Toko con la cual había perdido el contacto.

Es aquí cuando la historia toma otro rumbo y se impone en el papel de protagonista principal al padre Asahi. La vuelta a su casa, Hiroshima, le hace recordar su niñez. Sabremos cómo se libró de la bomba, cómo conoció a su mujer. Anhela fortalecer esos recuerdos con el contacto de lugares y personas. Del mismo modo la autora a través de los ojos de Toko hace una crítica al Japón joven que desconoce casi por completo el horror de lo que ocurrió en esa ciudad.

Ahondar en la identidad, no perder la perspectiva por mucho dolor que implique. Seguir adelante sin olvidar. Eso es El país de los cerezos. De un modo muy superficial también expone la presión de los hijos por no defraudar a sus padres, o como Asahi se muestra preocupado porque Nanami tiene cierta edad y no concibe que  pueda ser feliz sin una pareja.

Voy a comprarme otro sombrero para podérmelo quitar de nuevo Miss Fumiyo.

Es complicado no acordarse con esta obra de Pies descalzos de Keiji Nakazawa. Es más, yo te aconsejaría que entrases por la obra de Fumiyo Kouno que es más amable y si te interesa fueses de cabeza a por Pies descalzos.

el pais de los cerezos

Personalmente La ciudad al atardecer. El país de los cerezos me ha gustado. Es de esas obras que puedes dejar, incluso a alguien que no haya leído cómic, y sabes que le va a tocar el corazoncito. No te voy a decir que es una obra que hay que tener sí o sí en tu colección, pero si la tienes vas a pasar una horita muy agradable. Y por ese precio… y vas a aprender… y son las historias de Hiroshima. Las que no te contaron. Las que no debemos olvidar.

La editorial Kodai nos trajo en marzo de 2020 La ciudad al atardecer. El país de los cerezos obra de la mangaka Fumiyo Kouno. Este tomo rústico ya había sido publicado en noviembre del 2007  por Glenat. Es un tomo único de 112 páginas de las cuales 4 son a color, a un precio de 7.5€. Voy a ponerle un pero, la rotulación. Mis cansados y miopes ojos lo pasaron canutas para leer la obra.

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La ciudad al atardecer. El país de los cerezos

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