Descubrí Livingstone de la misma forma que encuentro la mayoría de los cómics que me acabo por comprar: a través de Whakoom.

Se que no soy la única a la que le pasa, pero elegir un cómic y, especialmente, una nueva colección, me resulta súper difícil.

La verdad es que soy bastante especialita para encontrar algo que me guste y, antes de hacerlo, tengo en cuenta varias cuestiones:

1. Me tiene que entrar por los ojos (buena edición, portada bonita, dibujo que me guste…). Lo de “no juzgues a un libro por su portada” a mí no me vale.

2. El argumento tiene que llamar mí atención y cumplir uno de estos dos requisitos:

Blanco o negro. En este caso, nada de escala de grises.

3. Si es un colección y, ya está acabada, que no sea de muchos tomos. Si acaba de empezar y me apetece, la compro y que sea lo que Dios quiera.

A ver, estoy exagerando un poco, me gustan más cosas ¿vale? Pero por lo general siempre sigo ese patrón. Decidme que no soy la única a la que le pasa. Por favor.

Todo esto os lo vengo a contar porque Livingstone, cumple 3 de los 3 requisitos que os he comentado: buena edición, portada bonita (al menos la del primer tomo), argumento interesante (que os comentaré más adelante) y colección corta (solo tiene 4 tomos).

Y ahora es cuando empiezo hablaros de la obra y me pongo más seria.

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Livingstone, de Tomohiro Maekawa al guion y Jinsei Kataoka al dibujo, narra la historia de Sakurai y Amano, una extraña pareja de shinigamis (dioses o seres sobrenaturales que invitan a los seres humanos hacia la muerte) cuyo trabajo consiste en encontrar a los pobres desafortunados que están a punto de morir y recuperar las piedras de su alma (livingstone = piedra viva).

La premisa es la siguiente: Un 90% de nuestra trayectoria vital está decidida de antemano. Cómo viviremos, cómo moriremos… es el “plan” de nuestra alma. El plan determina lo que tiene que hacer una persona en este mundo para conseguir pasar al siguiente. Si completamos nuestra vida de acuerdo con el plan, el alma se perfecciona y pasa al más allá. Pero si nos desviamos del plan previsto, nuestra alma se rompe en pedazos y queda atrapada en este mundo.

Y entonces ¿qué ocurre? De vez en cuando las cosas se tuercen y el alma de aquellos que encuentran una muerte prematura permanece en el lugar de los hechos, contaminando los alrededores y atrayendo más almas atormentadas en un círculo vicioso de infortunios. Es decir, los trozos de alma crean áreas de energía negativa que hacen descarrilar el plan de otras personas que entran en contacto con ellas. Por ejemplo, túneles en los que muere gente con cierta frecuencia o determinadas carreteras con alta siniestralidad. Son lugares en los que el alma de alguien perece por un infortunio que no estaba en su plan original y, como consecuencia de ello, otras se ven arrastradas.

En este sentido, el trabajo de Sakurai y Amano consiste en detectar estos “puntos negros”, limpiar las “manchas” que dejaron los muertos prematuros e intentar salvar las almas de aquellos que han sido contaminados. Una muerte no planeada daña el alma y la rompe en pedazos. La misión de esta pareja consiste en salvar la vida de la persona contaminada o, si esta ya ha decidido que quiere morir, su alma.

No hay margen de error: si la persona no lo desea realmente, el alma no puede desprenderse del cuerpo.

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Pero ¿cuál es la tarea individual de cada personaje?

Amano, el más joven, es el compañero de Sakurai. En realidad, es su herramienta. Se trata de un cuerpo sin alma ni recuerdos que acompaña a Sakurai y se encarga de limpiar las manchas causadas por la muerte de una persona y recolectar los restos de su alma.

A través de estas porciones, Sakurai es capaz de detectar el origen de la contaminación. Es decir, puede ver lo que ocurrió en cada lugar (ya sea un accidente, asesinato, suicidio…) descubriendo así el motivo de estas manchas. Por eso, las piedras del alma que se quedan en nuestro mundo pueden ser consideradas “cápsulas del tiempo”. Porque las piedras del alma son una acumulación de los recuerdos de la vida de alguien.

Cuando es imposible corregir la trayectoria del plan, no queda otro remedio que extraer el alma y deshechar el cuerpo. En estos casos, Amano se encarga de la extracción y Sakurai de la ejecución. Una vez el alma ha sido separada del cuerpo, toca deshacerse del mismo.

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Junto a nuestros protagonistas, encontramos también otros personajes recurrentes como el señor Tokieda (su jefe), Kae (la hija del señor Tokieda), Arima (un detective con el que colaboran) y Azusa y Nagisa Ebina (recolectoras de almas especializadas en centros sanitarios). La gracia del manga son las distintas historias de vida y muerte, y el trabajo y la relación entre Sakurai y Amano y el resto de personajes.

El guion, como ya he comentado anteriormente, corre a mano de Tomohiro Maekawa, un escritor y guionista japonés de obras de teatro. A Maekawa le gusta explorar situaciones cotidianas enmarcadas en el mundo paranormal y, cómo no, Livingstone aborda estos temas. Para ello, la obra se divide en 4 tomos, cada uno de los cuales contiene varios casos autoconclusivos en los que Amano y Sakurai deberán salvar las almas de distintos personajes. A través de ellos, iremos conociendo a ambos protagonistas así como sus miedos y aspiraciones. En este aspecto, llama la atención que el personaje de Amano, un ser aparentemente sin alma, parece tener más ganas de vivir que el propio Sakurai.

En cuanto al dibujo, Jinsei Kataoka, conocida por su trabajo en Deadman Wonderland y Eureka Seven, es la encargada de dar forma a la historia y sus personajes. Según señala, la obra le atrajo no tanto por la idea de la muerte, sino por la búsqueda del significado de la vida. Para plasmarlo utiliza un estilo sencillo pero efectivo. Aunque lo que principalmente llama la atención son los personajes; con ojos grandes, ovalados y definidos, cuerpos proporcionados y estilizados, y rostros muy expresivos, a lo largo de la historia los escenarios son casi igual de importantes que los personajes. Esto se ve reflejado en la obra, ya que los fondos tienen muchísimo detalle. Al fin y al cabo, estos son los puntos negros, en ellos se encuentra la contaminación.

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La verdad, es que la combinación de Maekawa al guion y Takaoka al dibujo me ha gustado mucho. Además, me parecen súper interesantes las aportaciones que hacen entre capítulos. En pocos párrafos Tomohiro y Jinsei son capaces de explicar el por qué de la historia, de dónde surgen sus ideas, y sus propias reflexiones sobre la vida y la muerte. Por ejemplo, ¿qué significa para Maekawa el hecho de ver unas flores en un guardarraíl? De eso trata Livingstone. De emociones, de sentimientos, de la vida y, finalmente, de la muerte.

En definitiva, la historia me ha gustado mucho porque trata temas que siempre me han interesado: la libertad y el destino, el bien y el mal, la vida y la muerte, el alma… Y además, la narración incluye datos reales y relacionados con estos temas como: el experimento del doctor Duncan MacDougall según el cual el alma pesa 21 gramos; estudios que demuestran la relación entre los videojuegos y la mente humana; la posibilidad de que un transplante de órganos sea más que eso, etc. Por eso, si os interesan estos temas y queréis un manga no muy largo que os haga reflexionar, os recomiendo haceros con esta colección.

Livingstone, tapa blanda, 4 tomos de unas 200 páginas cada uno, de Tomohito Maekawa al guion y Jinsei Kataoka al dibujo. Publica Milky Way Ediciones a 8€ el tomo.

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Livingstone

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