[SPOILER: Reseña no imparcial de Los nuevos mutantes. Adoro a esta muchachada]

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TNM #4 (1983, Chris Claremont/Bob McLeod)

 

Los nuevos mutantes, el más singular spin-off del Universo Cinemático Muti (que alcanzó la gran pantalla, por fin, el pasado 26 de Agosto en España) es una película maldita donde las haya. En primer lugar, su estreno se retrasó tantas veces que ya parecía un chiste recurrente (la primera fecha de lanzamiento fue… ¡el 13 de Abril de 2018!). Adición de nuevas tomas, compra de Fox por Disney, ceda el paso a X-Men: Fénix Oscura, COVID-19… Como si de la típica película de terror con mal de ojo se tratara, todo se conjuró en contra de esta adaptación que en un principio fue publicitada como un cruce entre la tragicomedia adolescente de John Hughes y el horror de Stephen King. De hecho, una de las razones de la demora fue el intento de suavizar el tono, demasiado oscuro (y quizá menos comercial) del metraje inicial, aunque poco después se decidió justamente lo contrario.

Por otro lado, desde los primeros teasers se vio lanzada al ojo del huracán mediático por polémicas sobre el reparto, concretamente sobre la etnia de ciertos componentes del mismo. Es bien sabido que el Multiverso-X se distingue por su multiculturalidad desde aquel lejano Giant-Size X-Men #1 (1975), en el que Marvel quiso abrirse a nuevos mercados mediante la inclusión de personajes de razas y nacionalidades distintas a la omnipresente blanca anglosajona. No fue distinto en el caso de The New Mutants, serie derivada que se inauguró con un chico y una chica blancos, una nativa cheyenne, un mestizo brasileño y una asiática vietnamita.

La caja de los truenos de TNM: The Movie se abrió por la elección de Blu Hunt (USA) y Henry Zaga (Brasil). Ambos tienen ascendientes nativos, por lo que su nacionalidad y etnia serían “correctas”, pero su piel se consideraba “demasiado blanca” para reflejar la de sus personajes; Zaga, en concreto, apenas es moreno, mientras que Roberto “Mancha Solar” DaCosta es prácticamente negro. También el casting de Alice Braga (Brasil) como Cecelia/Cecilia Reyes (portorriqueña negra en el cómic) fue discutido por el mismo motivo, con mayor o menor nivel de toxicidad entre el fandom. ¿Qué debería primar, pues: el origen familiar o el parecido físico de los intérpretes? Por mi parte, sólo puedo decir que su caracterización y actuación fueron suficientes para que a los pocos minutos me sumergiera en la historia sin mayor problema.

Ayuda mucho el hecho de que el director, Josh Boone, sea fan del cómic. Ello se evidencia en un enorme cariño hacia el material original, en detalles como el cartel (homenaje directo al famoso anuncio diseñado por el dibujante Bill Sienkiewicz), los títulos de crédito finales (ilustrados para la ocasión asimismo por el propio Sienkiewicz), el respeto a los diseños clásicos y a la idiosincrasia propia de cada personaje… Por cierto que los femeninos se comen a los masculinos, lo que tampoco resulta sorprendente tratándose de creaciones del “patriarca mutante”, el guionista Chris Claremont. Y, sinceramente, no me preocupa que por una vez sea así tratándose de películas de superhéroes Marvel en general y de mutantes en particular, ya que las anteriores entregas han sido casi insultantemente androcéntricas.

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Anuncio publicitario (1983, Bill Sienkiewicz)

 

Uno de estos guiños para fans que ha entusiasmado especialmente es la aparición de Lockheed, el dragón mascota (perdón: amigo) de la mujer-X Kitty “Gatasombra” Pryde, en forma del títere de guante que todo el mundo querría tener. Su inclusión se ha llevado a cabo de una manera inteligente, presentándolo como un muñeco de trapo que Illyana “Magik” Rasputin conserva desde que era niña y que en su juventud se convierte en “confidente” y talismán ante el trauma infantil que aún pesa sobre ella. Podría pensarse que la presencia de Lockheed es caprichosa, pero el hecho es que, al ser Kitty e Illyana compañeras de cuarto y amigas íntimas en el cómic, no era raro que el dragón compartiera viñetas junto a la segunda.

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TNM #18 (1984, Chris Claremont/Bill Sienkiewicz)

 

Entrando ya en la versión cinematográfica, el grupo de jóvenes mutantes protagonista respeta el número de la formación original de 1982 (cinco: Espejismo, Loba Venenosa, Bala de Cañón, Mancha Solar y Karma), pero basándose en la que es probablemente la más clásica, allá por 1984 (seis: igual que en la anterior, pero sin Karma y con la incorporación de Magma y Magik). La película ha prescindido de Magma, a mi parecer con buen tino, pues es un personaje que (a pesar de lo espectacular e interesante de su poder de controlar la lava subterránea) apenas aporta nada al conjunto. Por el contrario, con el paso de las décadas Magik se ha convertido probablemente en la más popular de su generación (y por extensión en una de las más populares mutantes en general), de modo que su intervención era casi ineludible.

Con este reparto, se plantea una historia sencilla que tiene un importante punto a favor: no es necesario conocer previamente nada del MCU ni de las anteriores adaptaciones del Multiverso-X de Fox, aunque sí existan conexiones con el mismo. Concretamente, se menciona de pasada a La Patrulla-X (aka X-Men) como si estuviera en activo, y también se descubre (a través de un flashback que consiste en una toma cogida directamente de Logan) que Illyana fue entrenada a la fuerza por Essex Corp., la oscura empresa de Mr. Siniestro que aparece en la escena post-créditos de X-Men: Apocalipsis. De hecho, la verdadera razón por la que esta pandilla de menores con problemas para controlarse se encuentra internada en esta cárcel-hospital es su posterior conversión en asesinos mutantes de élite (cosa que, por supuesto, no averiguan hasta el final). Sin embargo, insisto, esta es una pieza que perfectamente se puede ver aislada del resto de la franquicia cinematográfica mutante sin perder su valor, pues ni proviene de una trama anterior ni va a tener continuación (estuvo planeada como trilogía, pero la absorción de Disney truncó las expectativas de Boone).

El argumento se inspira abiertamente en el más famoso y aclamado arco de la serie: La saga del Oso Místico (#18-20, 1984), que supuso la entrada en el apartado gráfico del portentoso Bill Sienkiewicz. Esto provocó un auténtico terremoto entre el público lector, que en buena parte mostró incomprensión ante el brusco cambio de un estilo de dibujo hasta entonces muy tradicional por otro que, por aquel entonces, hubiera resultado sorprendente y audaz incluso fuera del mainstream. He de decir que, por lo que a mí respecta, tuvo el efecto contrario: mi entusiasmo por esta explosión de sucia locura expresionista fue total.

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TNM #20 (1984, Chris Claremont/Bill Sienkiewicz)

 

Pero volviendo a la versión cinematográfica, creo que se sustenta también (aunque en menor medida) en otros dos puntos argumentales que se sitúan asimismo entre los primeros tres años de vida del cómic (y dentro, por supuesto, de la etapa de Chris Claremont como guionista). Uno es, precisamente, el que abarca los capítulos fundacionales #1-3 (1983), cuya subtrama se enfoca en Danielle “Espejismo” Moonstar, quien también funciona como POV e hilo conductor en la película.

Dani, como recién llegada (y en contra de su voluntad) al hospital, se muestra inquieta, confusa e incluso atemorizada, lo que paradójicamente es lo que desata su poder mutante de “materializar” los peores y más profundos miedos: los suyos y los de los demás. Así, de forma inconsciente, se convierte en su propia enemiga y en la de sus camaradas, haciendo surgir de la nada amenazas ad hoc que acaban por poner en peligro a todo el grupo. Sólo la conciencia de que éstas proceden de su interior, y su consiguiente confrontación con sus miedos personales, consiguen vencerlos a base de fuerza de voluntad (y del apoyo moral de sus colegas). Toda película para público juvenil tiene, en fin, una enseñanza en pro de la madurez.

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TNM #3 (1983, Chris Claremont/Bob McLeod/Mike Gustovich)

 

La otra inspiración proviene de The New Mutants #39 (1986), inmediatamente posterior al crossover Secret Wars II, en el que todos los componentes del grupo eran asesinados e inmediatamente resucitados por la entidad cósmica conocida como El Todopoderoso. Su consiguiente estado de shock era aprovechado por Emma Frost, Reina Blanca del Club Fuego Infernal, para reclutarlos en su Escuela de Massachussetts con la excusa de que sus habilidades telepáticas podrían ayudarles a superar el trauma.

En esencia, se trata del mismo pseudo-secuestro y terapia de grupo (con fin perverso) que pone en marcha la Dra. Reyes. De hecho, te hace preguntarte si no hubiese sido posible utilizar en su lugar a la Reina Blanca (ya presentada en X-Men: First Class), y resolver el tema del campo de fuerza que rodea el hospital de otra manera, habida cuenta de que la pobre Cecilia es la única que se aparta radicalmente de su papel en el cómic (en absoluto negativo). Pero supongo que una mujer tan sumamente llamativa y sofisticada como Emma hubiese quedado retratada como falsa doctora y villana desde el minuto uno de la película, por lo que aplaudo la elección aunque redunde en una injusta mancha en el expediente de Cecilia. Quizá el personaje de la Dra. Kavita Rao, con más sombras en su historial científico, hubiese sido otra buena opción… pero aquí ya entraríamos en el eterno debate de “purismo vs. libertad de traslación a otro medio artístico”.

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TNM #39 (1986, Chris Claremont/Keith Pollard/Dell Barras)

 

Aparte de algún que otro detalle algo inverosímil (¿por qué Dani se toma con tanta naturalidad que una doctora que supuestamente se preocupa por ella la encadene a la cama mientras su salud es crítica?), sorprende lo coherente del resultado final, teniendo en cuenta los sucesivos retoques en el montaje y el rodaje de escenas nuevas que venían anunciando. Es probable que Boone haya tenido más peso en la versión definitiva de lo que cabría suponer.

Así, ni parafernalia superheroica, ni uniformes, ni nombres en clave, ni tan siquiera demasiada exposición de sus poderes mutantes: la clásica estructura de “fabricación seminal del héroe” está ausente aquí con unos protagonistas que son civiles en todo momento, lo que puede ser una de las razones por las que esta película gusta tan poco a algunas personas y tanto a algunas otras (como yo).

La puesta en escena es prácticamente teatral, confiriendo un especial atractivo y singularidad a esta realización tan distinta de las de su género: un solo escenario principal (el hospital), un reparto coral pero muy reducido (apenas 6 personas protagonistas), y una acción concentrada en un breve lapso de tiempo (¿un par de días?) y en un espacio delimitado. Una trama donde lo esencial es la interacción entre los personajes, pues su resolución (sea en un sentido o en otro) no va a afectar de manera decisiva al planeta Tierra. Estamos, en fin, ante la primera película de superhéroes (o de terror superheroico) de situación. Aunque espero que no la última: sinceramente deseo que esta rara avis haya abierto un nuevo camino en el género, en el que las historias pequeñas e íntimas, de dimensiones humanas (tanto en el sentido literal como en el figurado), equilibren un poco la absoluta hegemonía, tan cansina, del bigger than life y “el fin del mundo tal como lo conocemos”.

El ambiente de camaradería y juerga de la escena en el sótano es muy revelador en este sentido: estas chicas y chicos no son superhéroes, no han sido reunidos para salvar el mundo. Son (literalmente) como estudiantes de un internado que no tienen más remedio que convivir y que en los recreos aprenden a pasarlo bien juntos, a apreciarse, a intimar, a cogerse cariño incluso, porque comparten la misma situación. Otro guiño, esta vez al clásico episodio titulado “Slumber party” (“Fiesta de pijamas”, aunque sólo para chicas), pero también a cualquiera de los muchos momentos de distensión en los que el grupo se dedica a hacer lo que mejor haces cuando eres adolescente: el tonto.

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TNM #37 (1986, Chris Claremont/Mary Wilshire/Bill Sienkiewicz)

 

Al hilo de lo anterior, puedo entender que quizá a alguna gente no le haya gustado la deriva de la relación BFF de Dani y Rahne a una amorosa (que, por cierto, es tratada con una naturalidad y ternura maravillosas). Pero no se puede negar la mayor: el subtexto en los cómics es aplastante, y cualquier fan-X sabe que Claremont tiene debilidad por los romances lésbicos.

Dani y Rahne, desde el inaugural The New Mutants Special Edition (1982) que dio a conocer al grupo, comparten un “enlace especial” cuando la segunda está en su forma lupina, con la excusa de que Dani posee una sensibilidad telepática hacia todos los animales (poder que es rápidamente olvidado). En los sucesivos capítulos y años su amistad se va estrechando, a pesar de tener personalidades diametralmente opuestas, y son innumerables las escenas y subtramas que ambas protagonizan con sus sentimientos de mutuo afecto como nudo. Por otro lado, no veo qué tiene de extraño que una amistad adolescente cruce la delgadísima línea hacia el amor, y quizá vuelva a su estado original más adelante. O no.

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TNM #44 (1986, Chris Claremont/Jackson Guice/Kyle Baker)

 

En la última escena vemos a nuestra pandilla, mochilas al hombro y con el hospital a sus espaldas, encarando con miradas expectantes el camino a lo desconocido. Final abierto y a la vez perfectamente cerrado, pues el inicio de un viaje, dejando atrás una etapa superada, no precisa necesariamente de una secuela (aunque sí la admite). Pero, como diría el maestro Michael Ende, “esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión”.

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  • Autor de la entrada:
“Los Nuevos Mutantes”: Malditos bebés-X

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