Termino de leer el cómic y decido ponerme a escribir. Ya “semiviejuno”, hago que suene en bucle el “I wish you were here” de los Pink Floyd. No sé, es una canción que hace que se pelee mi yo anterior con el actual. Con los años vamos rompiendo las promesas que nos hicimos, y cuando aún te resistes a romper alguna que   fundamenta tu día a día… viene bien una ayuda para ganar esas peleas. Y el cómic del que os voy a hablar es un crochet de derechas seco, para ir ganando aunque solo sea tiempo.

Si hay dos series de comic europeo que salgo corriendo a comprar en cuanto tocan las estanterías son Los buenos veranos de Zidrou y Jordi Lafebre, y Los viejos hornos, de Wilfrid Lupano y Paul Cauuet. Luego no las consumo de inmediato, las guardo para dar calorcito al corazón. Y en esas estoy, con la sonrisa aún entre mis labios al terminar de leer el quinto tomo de Los viejos hornos cuando me dije – “esto debo contarlo, pero desde el principio, poco a poco”. Así que aquí me tienes, listo para reseñar el primer tomo de Los viejos hornos: Los que quedan.

En 2015 Norma editorial  comenzó con la serie que hoy nos ocupa. En la actualidad lleva publicados 5 tomos tanto  en Francia como en España. Ya había disfrutado con Lupano y su El hombre al que no le gustaban las armas de fuego (que, por cierto, si algún editor de Norma lee esto muchos le estaríamos agradecidos si continuasen con la historia).

¿Y esto de qué va? Viajad a la Francia de los 80′, estáis en medio de esas revueltas sindicales en las que no se repartieron margaritas . Y ahora regresad a nuestros días y pensad, ¿Qué habrá sido de esos  tipos?, ¿de esos sindicalistas?, ¿el tiempo habrá aplacado sus férreos ideales? Ya os adelanto que no. Sus viejos hornos siguen ardiendo. Aquí lo que nos ofrece el guionista con mucho humor es la idea de seguir en la brecha. Sin rendirnos, ”sin reblar” como decimos por estas tierras altoaragonesas.

El primer número, como no podía ser de otro modo, es un número de presentación de los personajes. Lupano nos coloca en el funeral de Lucette en una pequeña villa francesa, y en el vamos a conocer a nuestros compañeros de viñetas.  Allí se van a reencontrar tres viejos amigos de niñez, y de peleas contra la propiedad de los laboratorios Garan Servier, afincados en la localidad. Ellos son Antoine , esposo de Lucette. Él era el enlace sindical. Todas las horas de su día estaban dedicadas a mejorar las condiciones de sus compañeros. Pierrot, que vive en Paris, siempre fue más de acción que de palabras, y aún cercano a los 80 años sigue en la lucha junto con su grupo revolucionario “ni ojos ni patrón”. Y Emile que vive interno en una residencia. Es el  ingenuo, el bonachón, el que engaña en apariencia. Fue jugador de rugby y eso le dio la oportunidad de conocer mundo. Todo el mundo.

Para terminar os hablare de Sophie, nieta de Antoine y vivo retrato de Lucette. Está embarazada, y había llegado  pocos meses antes  a la localidad para retomar el teatrillo ambulante “el lobo en calzoncillos” que Lucette fundó tras dejar los laboratorios Garan Servier.

Y así vas pasando páginas amables, entre los recuerdos de una vieja amistad, festejando la vida de Lucette, encariñándote con los humores y artritis de nuestros ya amigos.

Pero la historia va de seguir peleando y no de viejos días de gloria. Así que llega un notario. ¡Notarios!, esos señores que se pasan media vida estudiando para la otra media darnos disgustos. Lucette había dejado una carta póstuma para Antoine. Un secreto que hace que Antoine salga rifle en mano de su despacho rumbo a la Toscana.

Desde aquí toda la obra coge velocidad. Se convierte en una road movie con conductores suicidas que no ven muy allá. En una venganza de manos temblorosas. Durante el viaje Lupano va a desarrollar poco a poco a los personajes  e incluso tiene cabida el conflicto generacional entre Sophie y los septuagenarios.

¿El final?, no te voy a contar todo ¿no?. El final es el principio de una gran serie en la que vas  a  encontrar mala leche, crítica social, mucho humor, ternura, un dibujo caricaturesco que le va como anillo al dedo, y que va mejorando con cada número.

La serie es entretenimiento puro y duro, pero además también es leña al fuego de tu corazón. Por ejemplo al mío. Hoy es 7 de septiembre, y comienza mi 30 temporada entrenando con la pelota naranja de baloncesto. El puñetero virus ha estado a un chasquido de dedos a decidirme por no empezar. Pero es que este viejo horno aún arde… seguro que todos vosotros os resistís a abandonar cosas que amáis a pesar de que todo vaya en vuestra contra.

Los viejos hornos: Los que quedan, está escrita por Wilfrid Lupano y dibujada por Paul Cauuet, y contiene 56 páginas en edición cartoné a un precio de 16 euros. Norma editorial ha sacado 5 tomos. ¿Quieres reírte con abueletes que se dedican a boicotear a la autoridad? Entonces sigue  esta serie, me lo vas a agradecer.

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Los viejos hornos: Los que quedan

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