Mascotas, espíritus y otros prodigios del Inframundo es un completo descenso a los infiernos. Pep Brocal, que ya nos había sorprendido con Cosmonauta hace un par de años, regresa a primera plana con este comicazo (306 páginas, ni más ni menos) con el que reafirma que, hechas con cariño, las cosas siempre salen mejor.

Una historia a medio camino entre la comedia y el drama que utiliza elementos fantásticos y de terror para que acompañemos a nuestra protagonista en su viaje, como igualmente haría Dante Alighieri en el siglo XIV, para descubrir los secretos que se ocultan debajo de nuestro propio mundo y que, por suerte, todavía no conocemos con certeza.

La obra nos llega de las manos de Astiberri dentro de su colección Sillón Orejero, al igual que ya ocurría con las dos obras anteriores de Brocal (tanto Cosmonauta como Alter y Walter o la verdad invisible). Echando un rápido vistazo a los créditos del cómic nos daremos cuenta de que el autor también ha formado parte del proceso de maquetación, un apartado que pocas veces se suele tener en cuenta a la hora de analizar una obra pero que finalmente forma tanto parte de la misma como el dibujo o el texto, por lo que se agradece que este tenga su propia voz y voto en las decisiones que se vayan a tomar al respecto.

El argumento

¿De qué trata Mascotas, espíritus y otros prodigios del Inframundo? Amalia es una chica joven sin rumbo en la vida que de repente se encuentra trabajando en la portería que regentaba su madre cuando esta fallece. Sin ningún tipo de  motivación en su vida, Amalia quedará atrapada en su propio mundo hasta que un día Dudu, su gato, se mete donde no debía y, para rescatarlo, se verá obligada a llegar hasta lo más profundo…

Dividido en 10 capítulos y un epílogo, el cómic nos irá relatando no solo el viaje físico que ha de realizar Amalia hacia el mismísimo infierno, sino también un proceso psicológico a partir del cual salir a flote de nuevo. Los temas con los que Brocal inunda su obra son evidentes desde que arranca la misma: no solamente nos habla de una persona incapaz de seguir avanzando con su vida, atascada tras una ruptura emocional, sino que también explora la soledad y (evidentemente) los viajes redentores, ese purgatorio necesario para saltar el bache.

El color

Al hojear las páginas nos damos cuenta de la increíble importancia que tiene el uso del color para contar la historia. No solo determina el espacio en el que nos encontramos (tanto real como onírico), sino que además sirve de elemento revelador: llegará un momento en el que el resto de colores se apaguen, y solamente uno de ellos, dominante, inundará las páginas. Además, no solo existe el rojo para representar el mal; incluso un infierno azul puede ser terrorífico.

Brocal, además, utiliza elementos narrativos muy diversos con los que engancha al lector con insultante facilidad. No solo mediante bocadillos enlazados, o con la situación de figuras en diferentes puntos de la página para recrear su movimiento, sino también con el uso de las splash pages o de las enseñanzas del pequeño dragón, que sirven perfectamente de alivio cómico al drama personal que sufre Amalia y que se esfuerza por ocultar.

Conclusión

Alicia caía a través de la madriguera hasta aterrizar en el País de las Maravillas, donde todo le parecía fascinante, y aunque Inframundo utiliza un ascensor viejo y sucio, las sensaciones al leerlo son las mismas; hay una necesidad de pasar la página para descubrir que más existe en el camino, tanto de Amalia como de la pequeña Alicia, haciendo que, irremediablemente, nosotros nos convirtamos en los protagonistas.

Inframundo ha sido, sin ninguna duda, uno de los grandes cómics del 2019, no solo por su estética, o por su encuadernación (que también tiene mucho que ver); sino por el esfuerzo del autor en hacernos llegar un mensaje que, al mismo tiempo que entretiene, sirve para reflexionar. Es algo que no se ve todos los días. Una roca gigante en el camino no es un obstáculo que te impide el paso; es una piedra que se debe saltar.

Y si no, que se lo pregunten a Bruce Lee.

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Mascotas, espíritus y otros prodigios del inframundo

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