Se me da muy bien hacer regalos, es uno de mis muchos superpoderes, y si soy sincera… no hay nada comparable a ver la cara de la otra persona cuando acierto. Es una satisfacción que llevo en secreto, algo así como una medalla de oro (un placer culpable) que me cuelgo a mí misma cuando nadie me ve, una sensación que me gusta mucho pero que jamás admitiría en público sin sonrojarme. Y cada vez que fallo… estoy días triste, le doy siete mil vueltas a todas mis acciones y me mortifico por no haber encontrado algo con lo que habría dado en el clavo (el drama se palpa en esta última afirmación). Se que regalar a alguien que tiene una biblioteca más grande que la tuya tiene sus riesgos, y yo me lancé de cabeza a un cómic que el destinatario ya tenía. Pum, kamikaze, el golpe de mi vida. Tocada y hundida. Muerta. Deshonra para toda mi familia. Mi librera, que un poco familia si es, siempre me dice que si ocurre algo ella me los cambia por otras cosas y así arreglamos el enredo (y un poco el mundo) y que no me agobie, que regalar libros siempre es un acierto y desde aquí os animo a seguir haciéndolo. A veces necesitas equivocarte para que caiga en tus manos la obra de Sole Otero, galardonada ni más ni menos con el XIII Premio Internacional de Novela Gráfica Fnac-Salamandra Graphic de este año, así que no me voy a quejar por esta casualidad y voy a disfrutar del viaje que es Naftalina.

Intensa se ha convertido en uno de los cómics que más he prestado a mis amigos para convertirles en neófitos de este tipo de arte en este año y pico desde su publicación. Era imposible que yo esquivara la bala en esta ocasión. Sabía que Naftalina salía a mediados de noviembre, lo había leído en la entrevista que publicamos durante el #YoLeoAutoras, lo había visto en Twitter y … bueno, se alinearon los astros y pese a ser el cumpleaños de mi hermana fue ella quien decidió hacerme un regalo y animarme a ir a la librería a por un ejemplar. Gracias.

Naftalina nos sitúa a principios de los 2000 en plena crisis financiera, no olvidemos que también será social, en el territorio argentino. Nuestra protagonista es una joven llamada Rocío, con la que fácilmente nos podemos identificar todas, que decide mudarse a la casa que ocupaba su abuela Vilma después de su muerte y funeral. Este tándem de abuela y nieta, eje central de la trama, no es el mejor avenido, somos testigos de un par de episodios donde la abuela le recriminará a Rocío su actitud laxa frente a los estudios, intentando imbuir en el cerebro de la joven unos valores un poco chapados a la antigua que en definitiva la conviertan en un ser productivo y estable para evitarle, según su criterio, de sufrimientos innecesarios como las penurias que ella ha sufrido durante su vida orquestando así una historia de amor y cariño entre personas que se quieren, pero que no se llevan bien o no encuentran la manera de que funcione.

En este ejercicio de autodescubrimiento personal y familiar escrito y dibujado por Otero, Rocío se adentrará en los recuerdos de su abuela desde prácticamente el principio de su existencia en la Italia de Mussolini y el exilio de su familia hacia Argentina por el auge del fascismo y las represalias que el régimen totalitario tomaría contra aquellos contrarios a su doctrina. De esta manera conoceremos la historia de la joven Vilma, y entenderemos el porqué de su actitud y soledad. Hija de un matrimonio que se ve forzado a exiliarse de su país por causas políticas, Vilma desearía tener una vida normal como cualquier otra mujer. Es decir, poder tener la posibilidad de estudiar (su sueño es ser maestra) para así poder tener una vida independiente sin tener que depender de nadie y no convertirse en aquello que más detesta: ser la típica ama de casa del montón, sin voz ni  propósito en la vida. A pesar de sus ganas por continuar con sus estudios verá su futuro truncado por tener que empezar a trabajar siendo prácticamente una adolescente y así poder ayudar a la economía familiar parque su hermano si tenga esta posibilidad. Obligada a seguir un camino que sus padres le imponen, la mayoría de los sucesos de su vida estarán marcados por la tragedia, acabando por convertirse en todo aquello que no quería.

Y es aquí cuando volvemos a Rocío, esta no sabe qué hacer con su vida en ese momento, se siente presionada por sus padres para que siga un camino determinado, de la misma manera que le pasaría a su abuela aunque esto no la hace feliz, no quiere repetir el patrón de las mujeres de su familia y se enfrenta a una serie de cambios para evitar este final. Es evidente que sus padres se preocupan por ella, ven en una carrera universitaria y un posible futuro empleo mayor estabilidad pero es algo que ella ni quiere, ni ha escogido. Decir que no a tus padres, romper con las expectativas que llevan construyendo a tu alrededor no es algo fácil, y Rocío demuestra su madurez y amor por ellos explicándoles la situación, huyendo de las mentiras y de la soledad que podría desembocar vivir una vida que no siente ni es suya.

Respecto al apartado artístico debo decir que el hecho de utilizar la propia letra de la autora me genera un sentimiento como de voyeur, como si estuviera leyendo algo demasiado intimo como es la historia de una saga familiar. Sole Otero se desmarca un poco de aquello con lo que la relacionábamos en anteriores obras aquí, experimenta con diferentes medios como lo digital y pantones según el momento en el tiempo, los personajes o la localización además de utilizar colores intensos y sin sombreado donde  las mejillas sonrosadas y pecosas  aparecen en cada rostro dentro de la composición de cada página.

No voy a mentir, me sentí triste después de leer Naftalina (que titulo tan adecuado para hablar de recuerdos), casi igual de triste que cuando leí La casa de Paco Roca. Las familias son complicadas, y más cuando vas creciendo y entendiendo los engranajes de la tuya en particular. A veces echo de menos ser una niña y no tener este tipo de pensamientos, pero de la misma manera que le ocurre a la protagonista me ocurre a mí, crecer es inevitable. Solo me queda darle las gracias a la autora por compartir algo tan intimo y desgarrador con el mundo. Como siempre, cuidado a todas las almas tiernas que posen sus manos en este cómic.

Naftalina, escrito y dibujado por Sole Otero. Una rústica  de 336 páginas con solapas bien bonita de la mano de Salamandra Graphic por un poco menos de 25 €.

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Naftalina

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