Rokudenashiko es el pseudónimo que Megumi Igarashi adoptó como su nombre artístico, si lo traducimos significa algo así como buena para nada, master of none o inútil (una pena que lo escogiera ella antes porqué me vendría perfecto, nunca llego la primera a este tipo de cosas). Esta especie de memorias de tapas azules brillantes publicadas en el año 2018 por Astiberri de una artista japonesa llevaba tiempo tentándome desde las estanterías de mi tienda de confianza y fue cuando una profesora nos lo mencionara en una clase de arte actual cuando me decidí a sumergirme en su lectura: Obscenidad.

Todo empezó como suelen empezar estas cosas, con una campaña de crowfunding, plataforma de micromecenazgo ya conocida por todo el mundo, donde el goal de la artista era recaudar dinero suficiente para realizar una impresión de su manko (coño, chichi, almeja… como prefieras en castellano) y así poder fabricar un kayak con la forma de sus genitales y dar un pequeño paseo.

Rokudenashiko es una pionera en lo que conocemos como arte manko (pensad en objetos, fotografías, fundas de iPhone… y mucho más) que decora, vende y expone a partir de su propia experiencia tras someterse a un rejuvenecimiento vaginal aunque también ha realizado talleres junto a otras mujerespara romper con el tabú que implica esta zona del cuerpo en la sociedad japonesa, convirtiéndose en una palabra fea y que no debe ser pronunciada (no me escondo, he resoplado varias veces al leer las acusaciones de ciertos señores ante el arte manko).

Tras sus pinitos en el arte manko y como ya he adelantado un par de frases atrás la artista se sumergió en esa campaña pensando en las posibilidades que una impresora 3D implicaría ya que se sentía un poco limitada por el tamaño de los moldes que ella misma (con la misma técnica que los dentistas y con el recuerdo horrible que me trajo de recordar el molde que me hicieron cuando llevé ortodoncia) realizaba. El crowfunding fue un éxito e incluso se superó la cantidad propuesta en un primer problema pero… las autoridades locales acusaron a Rokudenashiko de obscenidad y por ende, de infringir la ley. Sería detenida por primera vez el mes de julio del año 2014 (has leído bien el año), enfrentándose a una pena de aproximadamente dos años de cárcel más una suntuosa multa económica.  La artista se plantaría y decidiría no retirar su obra y formalizar una defensa contra todo aquello de lo que había sido acusada y de la violación de su derecho de libertad de expresión tras pasar unos días en la cárcel y con el contacto de una serie de abogados que se ofrecieron voluntariamente a prestarle ayuda legal. Pero la cosa no termina aquí y es que a finales del mismo año volvería a ser arrestada por el mismo motivo.

Obscenidad se convierte en algo a caballo entre un ensayo y un relato de aquello vivido durante los días que pasó en la cárcel, donde no solo aparecen viñetas sino también reflexiones, artículos e información del caso que llegaría y tendría eco en países fuera de la frontera japonesa. Pero también es una radiografia del sistema penal japonés y de la sociedad nipona (siempre desde una clave feminista e incluso comica). Rokudenashiko pone sobre la mesa hechos contundentes referidos a la realidad de las mujeres en la sociedad japonesa (probablemente sea complicado deshacernos de nuestros prejuicios y privilegios pero debemos hacer un esfuerzo) que puede resumirse perfectamente en misoginia e hipocresía.Y es que sigue resultando chocante que alguien pueda acabar con el culo en la cárcel por reivindicar un concepto y acabar con una serie de prejuicios que giran alrededor de una parte del cuerpo de las mujeres, abogando por la normalidad y la desmitificación del sexo o del fetichismo (y es que en España tenemos casos igual de rocambolescos de gente que se caga en la virgen y llega a los tribunales por ejemplo) frente a un tribunal de moral que siempre da la casualidad que está formado por una serie de señores que determina que, como y cuando podemos hacer las mujeres además de opinar y dictar unas normas ridículas sobre como debemos vernos o actuar (siempre para resultar agradables bajo sus criterios y siendo un mero objeto, claro).

Un manga muy divertido que pese a todo no se aleja de un tema candente sobre ese silencio que impone la sociedad japonesa sobre las mujeres desde el punto de vista de un feminismo militante y no europeo.

Obscenidad, 184 páginas donde se alterna el blanco y negro con el color de una rústica bien brillante por 16 euros de la mano de Astiberri.

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Obscenidad

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