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SEMILLAS

Semillas de Ann Nocenti y David Aja,  la idea de un futuro distópico cercano.

Desde siempre, en el mundo del entretenimiento, ya sea literatura, cine o cómic, el género de la distopía ha estado muy presente. Parece que nos gusta imaginarnos futuros en los que, por algún motivo, la vida en nuestro planeta se ha degradado hasta hacerse prácticamente inviable. En ocasiones, estos futuros ocurren en tiempos muy alejados de nuestro presente. Sin embargo, poco a poco nos vamos dando cuenta que, en realidad, esos futuros podrían no estar tan lejos de lo que pensamos. Prácticamente todos los días escuchamos en las noticias o leemos en la prensa artículos sobre catástrofes debidas a fenómenos climáticos extremos. Es un hecho innegable que los casquetes polares se están fundiendo. Hay sequias, inundaciones, contaminación…  Sin duda el calentamiento global y el cambio climático que estamos viviendo podrían haber sido teloneros de lujo para alguno de los escenarios distópicos planteados en la ficción. Y esto nos lleva a la lectura de hoy: Semillas.

Allá por marzo de 2021 (por casualidad en el contexto de una pandemia global) llega a las librerías esta obra guionizada por Ann Nocenti (Daredevil, Rubby Falls) y dibujada por David Aja (Ojo de Halcón), cuyo título y portada, que parecen haber sido extraídos de un libro de biología o dosier, llaman la atención por sí mismos pero que no son más que un teaser de lo que nos vamos a encontrar en el interior.

Como he mencionado antes, la historia de esta obra la podemos clasificar dentro del género de la distopía. En este caso no estamos ante un futuro lejano, sino que la acción se desarrolla en un presente alternativo o futuro cercano. Nada mas comenzar, se nos presenta un mundo en el que las cosas claramente han ido mal. Un muro separa dos partes de lo que parece una ciudad con edificios en ruinas, vemos tanques patrullando las calles y hay gente con máscaras anti-gas por las calles. Pronto descubrimos que ese muro realmente separa dos tipos de sociedad: una que utiliza y abraza la tecnología, y otra que reniega de ella.

En esta obra no nos encontramos con una historia lineal y con un protagonista principal, sino que la narración se va a ir desarrollando en distintos escenarios a ambos lados del muro y con personajes que a priori no parecen tener relación alguna entre ellos. El primer escenario que se nos plantea es el de una periodista, Astra, que trabaja para una redacción con una jefa un poco peculiar, la cual únicamente quiere noticias llamativas, independientemente de su veracidad. Justo después saltamos a conocer a Lola y Race, siendo este último un personaje enigmático cuyo papel y misión fundamental es la recolectar semillas. Estos son los escenarios que podríamos identificar como principales y son los raíles por los que se desarrolla la trama principal, la cual bebe mucho del género periodístico y del thriller. No obstante, van apareciendo nuevos personajes y localizaciones, como unos granjeros que cuidan de sus abejas y sus cerdos, las amigas de Lola o dos trabajadores de una empresa medioambiental que pretende solucionar los problemas del mundo, aunque más adelante descubrimos si esas son sus verdaderas intenciones. Todas estas historias inconexas realmente son las piezas de un puzle mayor que es esta obra al completo, y solo al final del tebeo ataremos cabos y comprenderemos el mensaje al completo que nos quiere contar.

Respecto al apartado artístico, poco hay criticable en esta obra. David Aja trabaja de forma sublime en este tebeo, creando este mundo distópico con un dibujo basado en formas sencillas, sin aparentemente mucho detalle pero que consigue transmitir esa sensación de incomodidad y en ocasiones, de confusión, que la obra persigue. De hecho, la confusión y la duda tienen un peso fundamental en la historia que se nos cuenta y Aja sabe desarrollar una narrativa y unas composiciones de página (generalmente de 3×3 viñetas) de manera que este mensaje se traslade directamente al lector de forma visual, generando una corriente de retroalimentación entre el guion y el dibujo. En cuanto al color, en esta ocasión simplemente contamos con un dibujo en blanco y negro junto con una capa de color verde oliva haciendo de grises.

Como he mencionado, en primera instancia, esta obra podemos identificarla como un thriller distópico con un claro mensaje ecologista – ¿podemos acuñarlo como eco-trhiller? La obra hace especial hincapié en el peligro, por desgracia más que presente, de las fake news. La jefa de la redacción en la que trabaja Astra no se asusta a la hora de inventar historias con tal de sacar provecho personal, y de hecho se regodea en ello. Se nos plantea también el dilema de la tecnología, la cual necesitamos desesperadamente para nuestro día a día pero que consumimos de forma desmedida dañando al planeta y al medio ambiente. ¿Realmente necesitamos toda esa tecnología? ¿Podríamos usarla para solucionar los problemas que su propio uso genera? En la obra se tratan todos estos temas e incluso ahonda en el propio existencialismo de la humanidad y su presencia en el Universo.¿Estamos solos ahí fuera? Sin duda Ann Nocenti ha desarrollado una obra compleja, que requiere de una lectura atenta e invita a una segunda (o incluso tercera) relectura para poder extraer todos los detalles y entresijos que nos presenta. Con un final inesperado jugando de nuevo a la confusión y creando duda en el lector, consigue transmitir un mensaje de alerta, pero a la vez, dando un pequeño atisbo de esperanza.

Semillas es una obra redonda, bien construida y que al menos a mí, me ha dejado con ganas de conocer más sobre el mundo que nos presenta. Por último, quería mencionar también la edición que ha publicado Astiberri. El libro tiene un aspecto sublime, con un acabado rugoso y que parece haber sido sacado de algún archivo secreto escrito a máquina en los años 90, lo cual queda muy adecuado para la historia que contiene.
Cómic muy recomendable y que seguro no dejará indiferente a nadie.

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