¿Sabéis lo que es tener un día de mierda? Ya, yo también. No está siendo mi semana, ni mi mes ni mi año y lo digo cuando casi ni hemos acabado el segundo mes del calendario, pero razón no me falta. Con las distintas restricciones (a las que no me opongo y considero que son necesarias) y mi horario de trabajo me es imposible hacer otra cosa. Mi vida se ha puesto en una especie de stand by en la que solo leo, trabajo, hago la compra (ahora soy ese tipo de persona que compra cosas a granel) y duermo mal. Atrás han quedado mis propósitos de ir a clases de yoga, regular mi horario de sueño y convertirme en una morning person (creo que jamás rozaré ni algo que se le parezca), comer más brócoli o hacer planes con mis amigas. C’est fini. Game over. No puc més.

La única parte positiva (os juro que no es una pun sobre cierto virus) es que estoy leyendo incluso más de lo que es habitual en mi, que ya es decir. Tengo medio mueble del salón secuestrado en el que tengo separaditas mis lecturas divididas en pila propia, pila prestada, pila de la biblio… pero todas conforman algo que todo amante del tebeo conoce: la famosa pila de la vergüenza que te mira justo antes de salir cuando sabe que vas a ver a tus libreros de confianza y sumarás algo nuevo a sus filas. En mi caso, y se que mucha gente me considera una afortunada por ello, dispongo muchas veces de ratos muertos en mi turno así que siempre aprovecho para llevarme un libro, un tebeo, un tupper con piña a trocitos… para sobrellevar la soledad que implica trabajar en mi sector (para los que me tengáis envidia pensad que curro todos los festivos y que me paso el día lidiando con gente que no sabe usar un cajero).

(La chica del centro me recuerda a la vez que tuve un moretón durante días justo encima del culo y creía que me quedaría postrada de por vida pero al final no, solo me riñó mi fisio que pese a ser más maja que las pesetas me destroza una vez al mes)

Esta semana han viajado conmigo los dos tomos que conforman SLAM!, publicados por la gente guapa de Fandogamia (que ya nos habían conquistado con alevosía y premeditación con cosas tan bonicas como Giant Days o Heavy Vinyl y por las que jamás estaremos lo suficientemente agradecidos) y que no sé porqué no había leído antes si tenía todo lo que le pido a un tebeo para que me guste: chicas que lo parten (vaya, es este otro tebeo donde se habla de mi cosa favorita, LA SORORIDAD???), medias de red y una paleta de color que sería capaz de captar mi atención en una lectura antes de las ocho de la mañana (como ha sido el caso) a manos de Brittany Peer y Laura Langston.

Pese a que en principio se rumoreaba que podría tratarse de una serie más larga, este tebeo se publicaría en inglés bajo el sello de Boom! Studios, al final se ha quedado en cuatro números (o issues) que la editorial ha decidido publicar en dos volúmenes de esta historia autoconclusiva. Soñar es gratis, así que nunca se sabe si sus autoras las cuales forman un tándem perfecto complementándose mutuamente, Pamela Ribon y Veronica Fish, decidirán hacer un spin off sobre alguno de los personajes en el futuro. Voy a seguir cruzando los dedos y encendiendo velitas.

(Cierto nadador olimpico puso de moda lo que se conoce como cupping, una especie de terapia para mejorar la musculatura que deja unas marcas bien curiosas y que me muero por probar)

Pero me he adelantado mucho a los acontecimientos, y es que no quiero dejar pasar la ocasión para hablar de algo que me fascina y que solamente he visto en directo una vez: el roller derby. Sinceramente nunca he sido ni muy deportista, ni muy fan de los deportes. Mi relación con las clases de Educación Física no era muy allá (jamás olvidaré lo cruel que pueden ser algunos profesores y creo que no soy la única) y ahora más de mayor he centrado mis esfuerzos en dejar de tener la espalda más tiesa del país, pero nada, el deporte y yo nos toleramos sin más.

Imaginad la cara que se me quedó al ver la típica tarde tonta una peli protagonizada por Elliot Page en la que un montón de chicas bien de fuertas y con unas pintas bastante punks corrían en círculos en esta especie de competición de contacto que cuenta con prácticamente un siglo de historia a sus espaldas.

(Ahora siento la necesidad de poseer una colección de medias nuevas acorde a la personalidad que he desarrollado tras la lectura de este tebeo)

En SLAM! seguiremos la pista a dos freshies, novatas, carne fresca… como prefieras llamar a la gente que se inicia en algo nuevo: Jennifer y Maisie. Y no, no voy a decir que nombre de guerra escogen, algo tradicional entre las patinadoras es utilizar un pseudónimo dentro de la pista, lo que sí me gustaría saber es cual escogeríais vosotros (yo lo tengo clarísimo y empieza por Michi). Estas dos chicas cruzan sus caminos en el inicio de su etapa en el roller derby. Las dos tienen mochilas emocionales que van cargaditas de cosas (can relate, amiga) y encuentran algo que pasado los 20 años es muy complicado: conocer y establecer nuevos vínculos una vez dejas de ser adolescente. Es un acierto incluir un par de páginas donde se explica que es el roller derby y lo más importante: cuales son sus reglas.

Lo sé, a nadie le supone una sorpresa que se trate de otro slice of life pero me interesa en gran medida observar el nacimiento de esta amistad cuando ya no es tan fácil hacer amigos, así como los altibajos que esta puede sufrir con los malabares que ser adulto implica. Sí, hablo de la conciliación en la veintena entre terminar la carrera, encontrar un trabajo que te permita pagar las clases y mantenerte y además conseguir una parcela de estabilidad mental que te permita ser un ser sociable y poder hacer planes con la gente que quieres (esto es súper complicado, detesto ser adulta y pagar facturas, nadie te cuenta esto cuando eres joven y menos mal). Pese a que no soy el adalid de la felicidad (¿sorprendidos?), encuentro reconfortante observar como las dos chicas encuentran su camino a través de caídas y moratones sobre los patines, siendo este su vía de escape y una especie de catalizador (normal, menuda adrenalina) de su vida tambaleante, precaria y un poco en ruinas.

SLAM! es claramente un canto a la superación y a la amistad utilizando el deporte de contacto como una herramienta para mostrar algo que no siempre abunda en la representaciones audiovisuales o gráficas: chicas que se llevan bien, se apoyan y se ayudan. Me gustaría destacar el apartado artístico, ya no por su innovación sino por la presencia de cuerpos no normativos como mujeres gordas que hacen ejercicio y están sanas y son ágiles (lo nunca visto) o la inmensa cantidad de mensajes, camisetas, pancartas y posters feministas que pueblan los fondos (especial atención a una pancarta cursi que un personaje lleva a una competición para animar a una de nuestras protagonistas).

Quiero formar parte de lo que parece ser un mundo vertiginoso, donde me pasaría (conociendo mi historial) semanas con golpes en las piernas y me rompería mi primer hueso. Si os gustó la serie de Netflix GLOW o simplemente quereis un tebeo disfrutón y con el que al leer la última página tengáis el corazón calentito, adelante, esta es vuestra oportunidad. Por mi parte voy a seguir mirando que patines y que casco me compro.

SLAM! y SLAM! The next jam, casi 150 páginas a todo color por 10 € cada tomo de la mano de nuestros partners in crime Fandogamia.

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SLAM!

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