Creo que siempre me han gustado las historias de fantasmas. Las de Bécquer, las románticas, las del espíritu trágico en busca de una salida de esa prisión que debió abandonar hace tiempo. Las de los vestidos largos y pomposos, la escritura en prosa y los peinados del XIX. Las que el protagonista tiene unicamente dos opciones: salir airoso de la situación comprometida, o caer en espiral en ese agujero negro que le envuelva por completo.

‘The Black Holes’ no es una historia de fantasmas. Al menos, no una corriente, en la que los espectros aparecen y se desvanecen. Hay unos ecos del pasado que indudablemente marcan el presente, una extraña conexión entre dos personas de tiempos distintos que de alguna forma luchan por encontrarse a sí mismas y que, por el camino, han terminado tropezando.

Uno de los aciertos de Borja González a la hora de contarnos esta historia es, sin ninguna duda, la narración, no solo de las secuencias de viñetas, sino también a la hora de abordar las situaciones. Los personajes son reales, personas como tú y yo, cada uno con sus problemas, pero con un uso de los diálogos que irremediablemente crea una empatía difícil de controlar.

Borja González además es capaz de mostrar emociones con muy pocas líneas, obviando las principales formas de expresión del ser humano (ojos, cejas, boca…). Prestad atención al uso del color; nos está indicando más de lo que a simple vista parece.

En resumen, una historia romántica, de las de antes (que no de amor), para optimistas, melancólicos, aventureros o cantantes de una banda de punk. Tapa dura, color, 160 páginas, 16’90€

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The Black Holes

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