Según la RAE polifacético es aquel que ofrece varias facetas o aspectos, referido normalmente a una persona de variada condición o de múltiples aptitudes. Es el primer adjetivo que se me pasó por la cabeza después de una lectura ininterrumpida debajo del nórdico de Una temporada en el desierto de Chema García. No sé si llamar a este autor culo inquieto (espero que no le importe la familiaridad), pero después de echar un ojo a todos los proyectos en los que ha participado creo que se lo merece un poco, envidio en gran medida lo activo que parece siendo yo un ser incapaz de funcionar hasta después de las diez de la mañana. ¿Cómo lo haces? Cuéntame tu secreto, Chema.

Tal y como explicó en el momento de la publicación de esta obra, Chema García tiene la intención nada más y nada menos que hacer una pequeña selección sobre su trabajo y diversos proyectos en el mundo gráfico para los lectores neófitos de su obra, pero también la orquestó como esbozo o guía de lo que supone ser un ilustrador en el panorama nacional configurando de esta manera, y a partir de pellizcos de varias historias, este recopilatorio tan fresquito.

Como ya he dicho, Chema García parece que se reinvente cada año o sea un adicto a la cafeína. Se trata de un autor muy prolífico que ha trabajado en el mundo de la publicidad (campo que dice que le ha curtido y obligado a adaptar su estilo en un ejercicio constante cual camaleón), ha ilustrado tebeos, participado en proyectos de animación que se llevarían nada más y nada menos que el premio (me encanta que se le llame cabezón a esta estatuilla) a mejor película de animación en los pasados premios Goya con Buñuel en el laberinto de las tortugas y hasta ha sido regente de una tienda en la que vendía parte de su obra o librero durante un breve lapso de tiempo (esto último me deja un poco triste a la par que me da envidia).

Es fascinante, y más dado que la mayoría de sus obras tienen una pequeña anotación del año en que fueron dibujadas o publicadas, situar el trabajo de Chema García en un eje de tiempo para ver así las fluctuaciones de su estilo y evolución personal desde historietas donde hay claras referencias a los grandes maestros del cómic como el caso de Moebius por citar un ejemplo, a otras más mamarrachas con zombies o vampiros, o mis favoritas: las que hacen referencia al oficio de dibujante que los retrata como unos seres un poco losers y perseguidos por la mala suerte. Especial atención a la trama de Guerreros del futuro que muestra una posible distopia donde el protagonista sueña con mudarse a la costa y tener su casita, me sentí muy identificada posiblemente por la situación actual y por haberlo pasado fatal esta tarde al salir de casa (muy distraída y pensando en mis cosas) que había olvidado el complemento de moda; la mascarilla.

Un gran acierto de esta edición, felicito al artífice, es incluir una extensa entrevista en la que el autor nos cuenta gran parte de su vida tanto laboral como personal. De esta manera somos testigos de los distintos caminos, oportunidades y callejones sin salida en los que ha participado a lo largo de 25 años (madre mía, me siento muy mayor al escribir esa cifra), acercándonos así a esquinitas de cosas que no sé suelen contar, curiosidades y demás cosas que los amantes del tebeo valoramos y nos gusta leer.

Una temporada en el desierto, de Chema Garcia ; tapa dura bien maja a 18 lereles publicada por la gente bonita de Karras.

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Una temporada en el desierto

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